Experiencias del Espíritu Santo en la vida concreta

  • Cuando alcanzamos una esperanza general que prevalece sobre todas las demás esperanzas particulares, que abarca con su suavidad y con su silenciosa promesa todos los cimientos y todas las caídas en las que incurrimos día a día.
  • Cuando se acepta y se lleva libremente una responsabilidad donde no se tienen claras perspectivas de éxito y de utilidad.
  • Cuando se da como buena la suma de todas lo que nos devuelve la vida y que uno mismo no puede razonar porque Otro las ha dado por buenas, aunque no se puedan probar.
  • Cuando la experiencia fragmentada del amor, la belleza y la alegría se viven con naturalidad y sencillez, y se asimilan como un anticipo que se no da de amor, de belleza y de alegría, sin caer en el desconsuelo ante la más mínima adversidad.
  • Cuando el vivir diario, amargo, decepcionante y aniquilador se vive con serenidad y perseverancia hasta el final, aceptado por una fuerza cuyo origen no podemos abarcar ni dominar.
  • Cuando se corre el riesgo de orar en medio de tinieblas silenciosas sabiendo que siempre somos escuchados, aunque no percibamos una respuesta a la que estamos acostumbrados.
  • Cuando uno se entrega sin condiciones y esta capitulación se vive como una victoria.
  • Cuando se experimenta la desesperación, y misteriosamente se siente uno consolado sin consuelo fácil: Allí está Dios y su gracia liberadora, allí conocemos a quien nosotros, cristianos, llamamos Espíritu Santo de Dios”.

Un pensamiento en “Experiencias del Espíritu Santo en la vida concreta”

Deja un comentario