El Espíritu Santo. Reflexiones.

El Espíritu Santo ha sido llamado por algunos autores “el gran desconocido”. Porque, realmente, sabemos que es la tercera persona de la Santísima Trinidad, pero apenas sí lo tratamos.

Hay una tradición en la antigüedad en la que se llama al Espíritu Santo “el Confortador”. Y, realmente, en la práctica, ese nombre y otros muchos pueden aplicarse al Espíritu Santo.

Porque él nos conforta y nos consuela, nos da fortaleza para resistir la tentación. Nos ayuda y nos guía en el camino hacia Dios.

También la palabra Paráclito se refiere al Abogado, el que nos defiende ante los tribunales. Es quien puede rogar e interceder por nosotros. Quien nos defiende en la lucha contra el enemigo; quien nos inspira y nos enseña en el camino de la vida interior.

Pero realmente la palabra Paráclito significa “el amigo en la necesidad”. Ya en los escritos de San Pablo vemos que no se limitaba a pensar que el Espíritu Santo ayudaría a defenderse ante los tribunales, sino que precisa: “El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables ” (Rom 8, 26).

Es algo maravilloso ser conscientes de esto: el Espíritu ayuda a nuestra debilidad:

Si ayuda, ¿por qué no nos confiamos a él?

Si ayuda, ¿por qué no le pedimos?

Si ayuda, ¿por qué no descansamos en él, en vez de querer sacar fuerzas de nuestros medios humanos?

Los medios humanos no son despreciables, sino imprescindibles para todo. Pero tienen una medida, un peso, un contenido.

No podemos creernos superpotentes; no podemos creer que somos capaces de resolver y entender todo, lo divino y lo humano. No podemos pensar que la oración, el trato con Dios se realiza sólo a base de esfuerzo personal: es preciso ponerlo, ¡claro que sí!, pero conscientes de que, sin la ayuda del Espíritu Santo, nada podemos.

Y, si lo invocamos, si creemos en él y en su ayuda, tenemos que pensar en el Espíritu Santo que reza “en nosotros”.

Es tan grande el misterio, que quizás nosotros sólo lo recordamos como algo extraordinario: las lenguas de fuego en el Cenáculo; los Apóstoles, entendiéndose en diversas lenguas; la frase evangélica en que se dice que no se preparen para defenderse, que ya el Espíritu pondrá palabras en sus labios…

Todo esto fue así, y es real. Pero también es real que ahora tenemos la atención directa del Espíritu Santo.

Cuando nos confirmamos nosotros, o cuando asistimos a la ceremonia de una confirmación, el Don que allí recibe quien se confirma es el mismo que recibieron los apóstoles en el cenáculo, en Pentecostés. Aunque no se vea ni se note nada, ¡es, existe, vive! Y nosotros hemos de recibirlo creyendo, valorando lo que es tener al Espíritu Santo a nuestro lado.

Somos templos del Espíritu Santo, se nos dice y al parecer, no nos enteramos. Y de esto debe deducirse nuestra dignidad de hijos de Dios, el respeto a nuestro cuerpo y al cuerpo de los demás, el valor inmenso de saber que no estamos solos.

Al Espíritu Santo debemos invocarlo, rezarle, creer en él de una forma real y auténtica. No quiere decir esto que nos olvidemos de lo que tenemos que hacer como personas y seres racionales.

Rezar es lo primero. Esperarlo todo de él, también. Estar seguros, por fe, de su ayuda, también. Y luego…. no tirarnos por un precipicio, fiados del Espíritu Santo, ni acometer una empresa para la que no estamos humanamente preparados; ni “tentar a Dios ” o pecar de soberbia, esperando y exigiendo milagros.

Los milagros se dan, hoy como ayer. El Espíritu Santo actúa hoy, como ayer, aunque no oigamos “el viento impetuoso” ni veamos “lenguas de fuego”.

Pero nuestra fe, firme y segura, debe ir creciendo a base de pedirla, porque es un Don de Dios; y a base de acogerla y desarrollarla, con amor

Reflexión de Ángeles Linares

8 pensamientos sobre “El Espíritu Santo. Reflexiones.”

  1. ORACIÖN AL ESPÍRITU SANTO.
    Ven espíritu de Dios sobre mi.
    Me abro a tu presencia,
    cambiarás mi corazón.
    Toca mi debilidad,toma todo lo que soy.
    Pongo mi vida en tus manos.
    Poco a poco llegarás a inundarme de tu luz.
    Quiero ser digno de paz,quiero compartir mi ser.
    Necesito tu fuerza,tu valor.
    Quiero proclamarte a tí,ser testigo de tu amor.
    Entra y transforma mi vida,!Ven a mí!

  2. “La vida recta,alegre,pacífica procede del Espíritu Santo”(Rom 14,17)
    Una mujer soñó que entraba en una tienda recién inagurada en la plaza del mercado y, para su sorpresa,descubrió a Dios tras el mostrador.”¿Qué vendes aquí?Le preguntó.” Todo lo que tu corazón desee”,respondió Dios.Sin atreverse casi a creer lo que estaba oyendo,la mujer se decidió a pedir lo mejor que un ser humano puede desear:”Deseo paz de espíritu,amor,felicidad,ausencia de todo temor…” Y luego añadió “No sólo para mí sino para todo el mundo.Dios sonrió y dijo:”Aquí no vendemos frutos,.Únicamente vendemos semillas.”
    Esta historia nos recuerda que el esfuerzo del hombre nunca se puede suprimir,Dios actúa contando con el esfuerzo del hombre.
    El Espíritu no viene a hacer milagros,o mejor dicho:Su milagro consiste en sembrar en el corazón del hombre la semilla de la unidad,la paz,la justicia,la verdad…Lo cierto es que el hombre sin el espíritu actúa de un modo estéril,pero el espíritu sin el hombre no actúa,porque respeta nuestra libertad.(Cfr.Mt 7,21-23)

  3. Da tu espíritu,Señor al hombre que indaga su camino,
    al que se siente como juguete roto en la basura,
    al que flota ,inconsciente,atrapado en el consumo,
    al marginado,confinado al olvido,
    a los que amasan la duda como pan amargo,
    a los que emprenden senderos de ilusión cada mañana.

    Enciende ,Señor,tu fuego de amor y de entrega
    en el pecho de los hombres honrados,
    en la mirada atenta siempre hacia el hermano,
    en los pies que se apresuran a salir al encuentro,
    en las manos solícitas para la herida ajena.

    Envía el auxilio de tu Espíritu
    al hogar que intenta la convivencia de amor,
    a la sociedad que no acierta a construir la paz,
    al mundo que aún sabe tan poco de fraternidad.
    AMËN.

  4. ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO.

    Ven ,Espíritu divino,manda tu luz desde el cielo.
    Padre amoroso del pobre;don en tus dones espléndido;
    luz que penetra las almas,Fuente del mayor consuelo.
    Entra hasta el fondo del alma,divina luz y enriquécenos.
    Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro.
    Mira el poder del pecado,cuando no envías tu aliento.
    Reparte tus siete dones.Por tu bondad y tu gracia,dale al esfuerzo su mérito.
    Salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno.
    AMÉN.

  5. En vípera de Pentecostés.

    EL SEÑOR NOS DARÁ SU ESPIRITU SANTO
    YA NO TEMAIS,ABRID EL CORAZÓN.

    Él transformará hoy nuestra vida
    nos dará la fuerza para amar,
    no perdamos la esperanza,Él nos salvará.
    Foratlecerá todo cansancio,
    si al orar dejamos que nos dé su paz.
    Nos inundará de un nuevo gozo
    con el don de la fraternidad
    Abramos nuestros corazones a la verdadera libertad.

    Que el Espíritu Santo venga sobre nosotros como lo esperamos de Él.
    FELIZ FIESTA DE PENTECOSTÉS.

  6. Querido lector, tras leer tu comentario, he publicado un nuevo artículo “El Espíritu Santo y sus clases particulares” en el que encontrarás muchas explicaciones de cómo y cuándo podemos sentir que realmente estamos caminando en la fe. A mi modesto entender, no se trata de demostrar nada. Solo hemos de caminar junto a El, no hemos de medir nuestra fe ni pensar que es un defecto no estar “a la altura de las circunstancias”. Ser cristiano es una forma de vida y nuestros hechos serán el mejor testimonio de nuestra fe.
    Gracias por seguir el blog.

  7. Yo también te digo Dámaso que no tenemos que demostrar nada,yo no me empeño en demostrar,entre otras cosas porque no puedo.También tengo días de oscuridad,como tú y como cualquiera,hasta los santos.Dios está ahí para todos,unos lo quieren ver y otros no,es una opción de vida,y cuando tu decides seguirlo es muy exigente,y cada día es un reto.Los primeros cristianos no convencían por la palabrería,o por las clases magistrales sobre la fe,sino por su estilo de vida,de ellos decían “Mirad cómo se aman”.Ésa es nuestra manera de convencer.

Deja un comentario