¿ALGUIEN ME ESCUCHA?

¿Te ha ocurrido alguna vez que sin esperarlo te surgen preguntas profundas que asustan? Preguntas que dan vértigo. Parecen dudas de fe.

Acostumbrado a creer en Dios y a hablar con Él, dudas si tus plegarias llegan a algún lado; no sabes si alguien las escucha, si ese alguien te conoce y se interesa en verdad por ti.

Dios permite las dudas para que vayamos a preguntarle.

Algunos se quedan con la duda y Dios se queda esperando. Es como si alguien terriblemente sediento prefiriera quedarse con sed y con la pregunta de si el pozo estará vacío, en lugar de ir a tirar el cubo con la esperanza de hallar agua.

Seguramente en la historia de tu vida habrá habido episodios oscuros. Tal vez te encuentras ahora en uno de ellos y te cuestionas profundamente si en verdad existe alguien que le dé sentido a todo, si alguien escucha tu plegaria. Hablas a gritos y nadie responde.

Ve y pregúntale a Dios.

Cuando te vengan dudas así, no tengas miedo. Ve y pregúntale a Dios: ¿Quién eres? ¿Cómo eres? ¿Dónde te escondes? ¿Soy alguien para ti? ¿Me conoces? ¿Me amas como soy? ¿Algún día podré conocer tu rostro?

Háblale de eso que te impide hablar con Él. Precisamente de eso. No vayas a la oración sólo con tu mente, como a un club de debates. Ve todo tú; ve tal cual eres, tal y como te sientes ahora. No temas presentarte vulnerable. Ve con humildad y confianza. Guarda silencio y espera sin miedo la respuesta. Si Dios encuentra un corazón humilde en actitud de escucha, va a responder.

Verás que Dios no está ausente, que más bien era otro el ausente… y tal vez como mecanismo de defensa culpaste a Dios de no existir para ti. La pregunta al fin no es si Dios te escucha sino si tú le escuchas a Él. O vives aislado, desconectado, sin ponerle atención, o no te responde lo que tú esperabas, y entonces crees que está ausente

A veces parece que no responde a lo que le pides, pero no es que no responda, es que la respuesta es “no”. Tus oraciones no caen al vacío. Dios busca siempre tu bien, lo mejor para ti. El cuida de ti como del más pequeño de sus hijos. Sabe mejor que nadie lo que te conviene. Aunque no entiendas tantas cosas, fíate de Su inteligencia y de Su amor de Padre.

“¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra; o si le pide un pez, le dé una culebra? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!” (Mt 7, 9-11)

Mientras lo buscas ya lo has encontrado, pues Él te sale al paso.

Te sale al paso con su actitud paciente cuando te alejas de Él, te sale al paso cuando en momentos de fragilidad sientes que te abraza con bondad en tu miseria. Te sale al encuentro al darte la alegría verdadera, esa profunda paz que nada ni nadie ha sido capaz de darte como Él; ni las posesiones, ni los logros humanos, ni el placer, ni persona alguna. Te dice que te ama con el simple hecho de que existas, te lo dice a través de tus padres, tus hermanos, tu esposa o esposo, tus amigos, tu condición de bautizado, la educación recibida, tantos gestos de bondad a través de tantas personas que has conocido en la vida. Te dice que te ama también con ocasión de los golpes, reveses, traiciones y fracasos que tanto te hacen sufrir.

Con el tiempo ves que todo va adquiriendo sentido.

Sí, todo va adquiriendo sentido…, aún las cosas más indescifrables y aparentemente carentes de lógica y sentido. En las buenas y en las malas, cuando disfrutas de la vida y cuando más te duele, Dios te está diciendo que te ama. En los momentos difíciles, cuando sientes que la tempestad amenaza con hundirte, aprende a sentir la mano de Dios que te sostiene y te lleva a puerto seguro. Si Su mano te hace de barca ¿qué puedes temer? Dios es fiel, puedes confiar en Él. Mientras todo lo demás pasa y puede defraudar, Él no falla jamás. Mientras todos pueden ignorarte y pasar de ti, Dios es incapaz de hacerlo.

Ese es el Dios que te espera para que vayas y le preguntes lo que quieras o simplemente para estar un rato juntos.

Dios está siempre ahí, dentro de ti como en un Sagrario, escuchándote y cuidándote siempre.

Tus plegarias siempre son escuchadas. Puedes estar seguro.

Un pensamiento en “¿ALGUIEN ME ESCUCHA?”

  1. Siempre estoy convencida de que me escucha, y aunque existieron esos momentos de oscuridad, siempre está ahí, esperando que le vuelvas a encontrar, no desespera, es paciente, padre amado, misericordioso, tierno y fuerza de paz y alegría. Ahora que precisamente no estoy en un buen momento, siento que más que nunca está dándome fuerzas para afrontar el día a día, momentos complicados que se superan gracias a Él, estoy convencida que está ahí, porque lo siento aunque mientras escriba esto las lágrimas aparecen en mis ojos. Sé que incluso con estas letras es Él que las escribe desde mi corazón, no pienses que no te escucha siempre lo hace, y aunque pienses que tarda en contestar no es así, es que nos empeñamos taparnos los oídos, sin percatarnos que debemos escuchar con el corazón, donde Él siempre residirá.

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