CORPUS CHRISTI: la octava. Día 8: LO TENEMOS AHÍ AL LADO

En esta fiesta del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo proclamamos nuestra fe en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía.

Los ocho días que siguen a la fiesta del Corpus Christi, los dedicamos los cristianos a continuar la fiesta. Aquí tienes un texto para cada día de la octava y una serie de consejos y oraciones para cada día, antes y después de la oración. Te sugiero que los imprimas para poderlos rezar más cómodamente.

ANTES. CUATRO IDEAS PREVIAS

1. Si puedes, procura hacer este rato de oración delante de un Sagrario estos ocho días.

2. El texto de cada día está fragmentado en tres partes por letras capitulares. Están para que interrumpas la lectura y hables con Dios sobre lo que has leído. Y así cada vez.

3. No olvides que lo importante es que hables con Él. Y que le escuches.

4. Puedes empezar cada día con la oración inicial, y terminar rezando la oración final.

ORACIÓN INICIAL

Señor, espero en Ti; Te adoro, Te amo, auméntame la fe. Quiero que seas mi apoyo en todo: sin Ti no puedo nada. Tú te has quedado en la Eucaristía, indefenso.

Quiero que te sientas amado por mí: para eso intentaré cuidarte, acompañarte, tener detalles contigo, adorarte, agradecerte, valorar cada vez más esta locura tuya,...

Y quiero sentirme amado por Ti: que me alegre tenerte tan cerca, que me sienta acompañado, seguro, querido, fortalecido, comprendido, escuchado, alimentado, … ; hazme Tú ese regalo especialmente estos días y siempre que te coma.

ORACIÓN FINAL

Elige una de éstas:

1. Acuérdate de las palabras que dirigiste a tu siervo: Quien come mi Carne y bebe mi Sangre, en Mí permanece y Yo en él. ¡Tú en mí y yo en Ti! ¡cuánto amor!, ¡Tú en mí, que soy un pobre pecador, y yo en Ti, que eres mi Dios! Una sola cosa, y sólo esto busco: vivir en Ti, en Ti descansar y no separarme nunca de Ti. Inspirada en el Cardenal Bona

2. ¡Amor! Tú eres fortísimo pero a la vez yo te veo debilísimo. Fortísimo, pues nadie se te puede oponer; y debilísimo, puesto que una miserable criatura como yo te vence, te supera llamándote Amor. Sta, M. Magdalena

3. Señor que nos haces participar del milagro de la Eucaristía: te pedimos que no te escondas, que vivas con nosotros, que te veamos, que te toquemos, que te sintamos, que queramos estar siempre junto a Ti, que seas el Rey de nuestras vidas y de nuestros trabajos. Señor mío Jesús: haz que sienta, que secunde de tal modo tu gracia, que vacíe mi corazón…. para que lo llenes Tú, mi Amigo, mi Hermano, mi Rey, mi Dios, mi Amor!. San José María Escrivá

4. Dios mío yo creo, adoro, espero y os amo , os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman. Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, os adoro profundamente y os ofrezco el precioso Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, que se encuentra presente en todos los Sagrarios de la tierra, y os lo ofrezco, Dios mío en reparación por los abusos, sacrilegios e indiferencias con que Él es ofendido. Amén. Oración del Ángel a los pastores de Fátima

 

DÍA 8º LO TENEMOS AHÍ AL LADO

Cuenta el evangelio que un día de los que salió Jesús con algunos de sus discípulos en barca por el gran lago de Genesaret, Jesús se quedó dormido a bordo. Cambió el viento, y se levantó una violenta tempestad, tan grande que los discípulos se pusieron bastante nerviosos: aquellas olas amenazaban con volcar la pequeña embarcación. Tan cansado estaba Jesús que sigue dormido. Los discípulos hacen lo que pueden, pero al final, ya casi paralizados por el miedo, parece que se dan cuenta de que allí al lado tienen a Jesucristo, y le despiertan: ¡Jesús, despierta, qué morimos! Se levanta, ordena la calma, y les dice: ¡hombres de poca fe!

Todos los pasajes del evangelio se repiten hoy día. Cuántas veces nos ponemos nerviosos ante situaciones concretas, y nos cuesta darnos cuenta de que tenemos a Jesucristo a nuestro lado, realmente presente en los Sagrarios. Y nos cuesta acudir a Él llenos de fe. Aceptamos y creemos que está en la Eucaristía, pero a veces queda como una verdad teórica, y no influye en nuestras vidas: no sentimos su seguridad, su compañía, su presencia.

Auméntanos, Señor, la fe. Que te sepamos siempre a nuestro lado. Que recurramos a Ti espontáneamente. Sé siempre Tú nuestro refugio y nuestra fortaleza, nuestro apoyo, nuestro “paño de lágrimas”, nuestro Dios cercano, nuestro Amigo, nuestro Médico, nuestro Maestro, nuestra seguridad.

Gracias.

 

Texto extraído del libro “Corpus Christi”, cuyo autor es José Pedro Manglano Castellary. Editorial Desclée de Brouwer

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