UN CRISTIANO DORMIDO

La cafetera

Una mañana, observando cómo se hacía el café que tomo antes de salir de casa, reparé en que mi vida de cristiano es como ¡una cafetera!

Para poder explicártelo, he buscado este gráfico que muestra el simple funcionamiento de una cafetera clásica.

Esta será mi guía para explicarte mi vida de cristiano. La de un cristiano dormido…, que hoy está despierto.

En mi ejemplo, yo soy la cafetera.

Cuando era un recién nacido, me bautizaron y, a través de este Sacramento, recibí la gracia. Esto lo podemos comparar a echar el agua, no podía ser un gesto más similar, al depósito que está en la parte más baja de la cafetera.

Luego, hay que poner el café. Va en el siguiente depósito. Para mí, esto fue la educación “en un colegio de curas”. ( Ni yo mismo era consciente de lo que estaba recibiendo, eso ha tenido su efecto, después) La educación religiosa para nuestros hijos es tan importante para su futuro, como lo es el café para este metafórico proceso. Aunque a esas edades, en el peor de los casos, no se contemple más que un apego forzado a la religión, un comportamiento más o menos respetuoso con el ideario del colegio donde estudies y a los religiosos/as que lo dirigen. Sin embargo, esto es fundamental para resultado final en el desarrollo humano de esa persona. Por tanto, es importante que el café sea de calidad. No quiero decir con esto que si una persona no recibe una docencia religiosa no se pueda desarrollar como cristiano, pues de Dios, solo nos separa una oración; pero contando con una educación cristiana, el café de esta cafetera tiene más probabilidades de fluir a poco que se produzca una pequeña chispa como contaré más adelante.

Una vez que tenemos los dos ingredientes principales para el cristiano: la gracia y la fe,  el agua y el café, tiene que ocurrir algo para que se precipite el proceso de dar frutos personales en la vida de cada uno: la cafetera tiene que entrar en contacto con el calor.

Si no hay nada que inicie el hervor del agua que a su vez la haga subir por el conducto que lo mezcla con el café, no se generará la mezcla adecuada, el cristiano permanecerá dormido.

En mi caso, la cafetera sentía el calor, pero a medio gas, no era suficiente. Estaba dormido porque pensaba que con contactos esporádicos con Dios, muchos de ellos “por cumplir” y otros espontáneos, era lo suficientemente cristiano como para hacer café.

Pues no, el agua hervía pero no con la fuerza necesaria para superar el nivel.

Así se pueden estar muchos años, podemos ser muchos los cristianos que si no avivamos ese fuego con la oración, viviendo la fe en comunidad, acercándonos con amor a los demás, leyendo e interpretando la que debe ser nuestra guía, el Evangelio, … en definitiva, con algo que avive nuestro desarrollo cristiano interior, no creceremos por mucho que externamente queramos sustituir los verdaderos valores católicos con manifestaciones que colmen nuestra consciencia en procesiones de Semana Santa, peregrinaciones o rezos esporádicos cuando nos encontramos mal. Gestos que son necesarios, y loables, pero insuficientes para disfrutar del buen resultado final que se genera cuando el agua fluye.

En mi caso, y no era nada más que un cristiano dormido, el agua comienza a subir súbitamente por un acontecimiento. Por un encuentro con Dios, por una llamada. Y te aseguro que este encuentro se produce cuando y donde menos te los esperas. Personalmente, puedo afirmar que yo sería el líder en un ranking de escépticos, pero cuando la gracia de Dios dice a llenarte de su agua, abre la cafetera, que eso no te pide mucha razón… y te olvidarás del ranking y de muchas cosas más.

Tu agua interior está hirviendo y fluyendo ahora y a lo mejor no sabes lo que Dios está haciendo en ti. Por experiencia, te diría que solo te dejes llenar y que no te de miedo acercarte al fuego.

Retomando el proceso de la cafetera, solo queda señalar que una vez que sube ese agua hasta el final del conducto, mezclada con la fe, acaba saliendo a borbotones esa aromática, estimulante, atrayente y sabrosa mezcla que, ojo, se queda dentro de tí y ahora tú debes ir dosificando, taza a taza, a los demás para que disfruten del aroma y del sabor de Cristo.

No dejo de llenar nunca el agua, por eso voy a misa a diario, no por obligación ni para cumplir ninguna promesa, sino para llenarme interiormente de Su contenido.

Busca fe, café, de calidad. Apóyate en los numerosas fuentes de aporte del preciado ingrediente que la Iglesia te provee a través de religiosos formados, laicos comprometidos, fraternidades de hermanos sinceros con la fe en “carne viva”, incluso acude a las nuevas tecnologías que a través de la red nos unen a cristianos de todo el mundo.

Todo esto me hizo sentir que una vez que desperté, disfrutar del café es una buena fórmula para no volver a quedarse dormido.

Espero no haberte adormecido con mis palabras.

Lázaro Hades.

2 pensamientos en “UN CRISTIANO DORMIDO”

  1. Muy bonita la sucesión de metáforas.Tu café es bueno y sin duda desprendes aroma a Cristo,por eso ,entre otras cosas esta página tiene tanto atractivo para mi porque parte de una experiencia de vida,no de pura teoría.Gracias.

  2. Increíble, parece mentira con un utensilio de cocina que tenemos en la mayoría de las casas, por no decir en todas, que la vemos a diario una, dos e incluso más veces y que símil nos acabas de hacer, Lázaro. Cada día a partir de hoy, cada día que mire en mi cocina y tope con la cafetera me acordaré de esto Lázaro. Muchas gracias.

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