FELIZ DE NO SER NADIE, NI SIQUIERA PARA DIOS

¿No te ha ocurrido alguna vez que tienes la sensación que sigues a Dios a ciegas?

Hay momentos de nuestra vida en los que nuestra fe permanece firme pero que creemos estar solos, sin Dios.

No me refiero a esos momentos en los que pedimos y pedimos y no encontramos la solución que nosotros queremos sin tener en cuenta lo que quiere Dios para nosotros. Me refiero a una sensación de caminar en soledad hacia Dios, atraído muy poderosamente por El, pero dándote la sensación que no lo sientes.

Hace unos días pude oír a alguien decir que una santa de nuestro tiempo, la Madre Teresa de Calcuta, pasó muchos momentos de su vida por situaciones parecidas. Todos hemos podido conocer la obra de esta mujer desprendida de sí misma a favor de los más necesitados.

Dios es tan sutil que aprovecha cualquier momento para sorprenderme nuevamente. Presto estaba a investigar y rebuscar sobre la experiencia de Teresa de Calcuta cuando en mis lecturas diarias de los Manglanitos, de Jose Pedro Manglano, coincide ¿? que hoy se hace referencia a lo que quería buscar y no sabía por dónde encontrar.

En una ocasión, la Madre escribía a Monseñor Périer lo que ocurría en su alma:

“…Hay tanta contradicción en mi alma. Un deseo tan profundo de Dios, tan profundo que es doloroso. Un sufrimiento continuo. Sin embargo, me siento no querida por Dios, rechazada, vacía. No fe, no amor, no fervor. El Cielo no significa nada, me parece como un lugar vacío. El pensamiento del Cielo no significa nada para mí y sin embargo siento este atormentador anhelo de Dios. Monseñor, rece por mí para que continúe sonriéndole a pesar de todo. Pues soy solo suya. Soy perfectamente feliz de no ser nadie ni siquiera para Dios.”

Madre Teresa confesó que era perfectamente feliz de no ser nadie ni siquiera para Dios”. Más tarde volvió a escribir: “Por naturaleza soy sensible, me gustan las cosas bonitas y agradables, la comodidad y todo lo que pueda dar la comodidad: ser amada y amar. Habitualmente ella guardaba silencio ante todas las faltas de amor aunque las sintiera profundamente. Su ansia de sentir los signos de amor de Dios hizo su oscuridad mucho más desgarradora, pero había alcanzado una madurez espiritual que la ayudaba a ocupar el último sitio con humildad y generosidad y ser alegremente “nadie ni siquiera para Dios”.

Comprometerse en llegar a ser un “apóstol de la Alegría” cuando humanamente hablando se sentía posiblemente al borde de la desesperación, era algo verdaderamente heroico.

¿Por qué pudo hacerlo? Porque su alegría estaba enraizada en la certeza de la bondad última del plan amoroso de Dios hacia ella, y aunque su fe en esta verdad no le proporcionaba ningún consuelo, se arriesgó a afrontar los retos de la vida con una sonrisa. SU ÚNICO PUNTO DE APOYO ERA LA CONFIANZA CIEGA EN DIOS.

El deseo magnánimo de esconder su dolor incluso a Jesús, era una expresión de su gran y delicado amor. Hacía todo lo posible para no cargar a otros con sus sufrimientos. Comparado con sus sufrimientos y los de sus pobres, su dolor no le parecía significativo.

BIENAVENTURADOS LOS QUE SUFREN, porque ellos serán consolados.

Madre Teresa sufre como tú puede que lo hayas hecho en alguna ocasión sintiendo que caminas a ciegas hacia Dios. Esta ejemplar mujer te muestra con su experiencia, cómo vencía sus sufrimientos con el deseo de parecerse a Jesús proponiéndose imitarlo en su mansedumbre.

También yo quiero Señor, ser apóstol de tu alegría. No quiero hacer demasiado caso a los sentimientos. Aunque no te sienta, tú estás ahí. Aunque no sienta tu calor, tú me quieres con ternura. Quiero saber sufrir lo que me toque y ser feliz porque sepa sufrir consolado por ti. Y como madre Teresa digo: “Quiero ser santa según Su Corazón manso y humilde, por eso me esforzaré lo más posible en estas dos virtudes de Jesús.

Lázaro Hades

7 pensamientos en “FELIZ DE NO SER NADIE, NI SIQUIERA PARA DIOS”

  1. Que fuerte te has levantado hoy.Ya quisiera yo para mi tener la mitad de esa fortaleza que DIOS te ha regalado,o solo un 0,1% de Madre Teresa de Calcuta y de esa forma la oscuridad de tantos momentos no seria tal.Tantos momentos hay en la vida en que uno se siente solo,que no sabes si vas por el camino que EL te marca ,si es que te desviaste hace ya algun tiempo…no se .Necesito creer que EL ESTA SIEMPRE,y abandonarme aunque los resultados sean tan dolorosos que las lagrimas me impidan seguir escribiendo.Besos.

    1. Bueno, aunque lo haya escrito hoy el razonamiento viene de varios días atrás. Insisto en la idea que para caminar ” a ciegas” es necesario tener una fe firme y una admirable fortaleza como se menciona en la oración a la Beata Madre Carmen del Niño Jesús.

  2. “Caminar atraída por Dios ,pero sientiendo que no lo sientes”Nunca lo hubiera explicado tan bien ..Buena dosis de humildad en esto que has escrito.En días en los que nos sentimos así,cuando no sentimos a Dios como nos gustaría decimos al Señor.
    “Mira mi corazón pobre que te llama y en Tí confía;
    mira misojos que quieren tu luz para ser limpios;
    mira el rumbo de mi vida,que busca en tu vida un sentido profundo,”
    Buena semana.

  3. Resulta magnifico y sorprendente la capacidad para asumir el sufrimiento de una manera tan pura y noble como la Madre Teresa de Calcuta. Yo he convertido mi vida en la expresión más antagónica de la suya, he cometido todos los pecados mortales habidos y por haber y no solo una vez, sino una detrás de otra, mi comportamiento ha hecho y sigue haciendo sufrir de modo supino a las personas que más me quieren. Me oculto tras una máscara de aparente tranquilidad para evitarles más sufrimiento y cuanto más lo hago más las hago sufrir. Dios no me ha abandonado nunca, pero yo le abandoné a él hace mucho tiempo, por momentos me asaltan ideas como suicidarme, ya lo intenté una vez cortándome las venas y tomando pastillas. Pero apareció mi esposa en mi despacho, cuando no tenía previsto venir y evitó que sucediese lo que yo deseaba. No soy capaz de perdonarme por todo el mal que he hecho, aún cuando le he pedido perdón a Dios por todo ello y tengo el convencimiento de que me ha perdonado, mi mente me castiga implacablemente. Mi vida se ha convertido en una incesante agonía, imploro un milagro, pero se que no lo merezco y que no llegará. De todos modos mi .historia es “la crónica de una muerte anunciada”, lo único que me queda es decidir en que momento tendré el valor o la cobardía necesaria para poner fin a mi ignominiosa existencia. Que Dios bendiga a todas las personas a las que no he sabido querer y aún así me han querido incondicionalmente.

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