CARTA A UN HERMANO EN CRISTO

Hoy he recibido un comentario a propósito de la reflexión que escribí sobre la Madre Teresa de Calcuta titulada “Feliz de no ser nadie, ni siquiera para Dios”. Quizá el título de esa entrada es muy impactante pero el contenido de ese artículo contenía un mensaje de ánimo y de confort a hacia los que han vivido situaciones similares a la ejemplar religiosa.

No obstante, la carta anónima que hoy he recibido me ha hecho dudar sobre su aprobación para ser publicada en el blog. La publicaré aquí y trataré, con el aprendizaje que Dios me ha ido dando estos meses, de dar la respuesta más acertada a un hermano nuestro con el propósito de hacerle ver que únicamente en Cristo encontrará la calma a su tribulación.

La carta de nuestro anónimo dice:

Resulta magnifico y sorprendente la capacidad para asumir el sufrimiento de una manera tan pura y noble como la Madre Teresa de Calcuta. Yo he convertido mi vida en la expresión más antagónica de la suya, he cometido todos los pecados mortales habidos y por haber y no solo una vez, sino una detrás de otra, mi comportamiento ha hecho y sigue haciendo sufrir de modo supino a las personas que más me quieren. Me oculto tras una máscara de aparente tranquilidad para evitarles más sufrimiento y cuanto más lo hago más las hago sufrir. Dios no me ha abandonado nunca, pero yo le abandoné a él hace mucho tiempo, por momentos me asaltan ideas como suicidarme, ya lo intenté una vez cortándome las venas y tomando pastillas. Pero apareció mi esposa en mi despacho, cuando no tenía previsto venir y evitó que sucediese lo que yo deseaba. No soy capaz de perdonarme por todo el mal que he hecho, aún cuando le he pedido perdón a Dios por todo ello y tengo el convencimiento de que me ha perdonado, mi mente me castiga implacablemente. Mi vida se ha convertido en una incesante agonía, imploro un milagro, pero se que no lo merezco y que no llegará. De todos modos mi .historia es “la crónica de una muerte anunciada”, lo único que me queda es decidir en que momento tendré el valor o la cobardía necesaria para poner fin a mi ignominiosa existencia. Que Dios bendiga a todas las personas a las que no he sabido querer y aún así me han querido incondicionalmente.

Querido Hermano:

Dices que Dios no te ha abandonado nunca. ¡POR SUPUESTO QUE NO! Él cargo con todo el mal que tú y que yo hayamos podido cometer, pagó nuestra deuda dejándose clavar en la cruz. Tengo muy claro, porque lo he experimentado, que Dios nos habla a través de los acontecimientos, y El ya salió a tu encuentro, una vez más, a través de la entrada inesperada de tu esposa en tu despacho. ¿Crees que se cansará de hacerlo?. Te tiene tatuado en la palma de su mano.

Conoce la lucha que sostienes dentro de ti; El mismo lucha contigo. Tu única preocupación en este momento ha de ser agradarle a El.

Sabes que es su perdón el que ha de confortarte y no debe tu juicio administrar su misericordia. No te juzgues a ti mismo.

Cree en El. Confía en El. Abrázate a El. Reza, implora, susurra, confiesa ante Dios tu miseria y deja que El sea quien te sostenga.

No seas tú quién haya de juzgar si mereces o no el milagro que esperas pues Dios sabe qué quiere para ti. Pide que te de SU CONSUELO para soportar la tormenta que atraviesas. Trata de abandonar todo a su voluntad. Detente en esa frase cuando le reces el padrenuestro, y dile: “hágase tu voluntad” añade “No la mía”. Llámale “Padre” con toda tu alma.

Ama a Dios sobre todas las cosas. A través de El podrás querer a los que dices no saber querer y que, por supuesto, seguirán amándote incondicionalmente.

No soy teólogo, ni experto consejero en temas difíciles, pero si te sirve de algo, te diré que no soy más que un pobre aprendiz de cristiano que encontró consuelo en los brazos de Dios, que tengo asimilado que no todos los días le veo de la misma forma aunque sé que sale a mi encuentro a diario y le busco. Y eso ya me hacer ser partícipe de su infinita gracia, incapaz de ser entendida completamente por los hombres, pero me pego a El con una fe firme que me hace soportar las tribulaciones sabiendo que es El quien me lleva.

Y tú, ¿puedes abrazarte a El y dejar que El te lleve?

Que Dios te bendiga y te guarde, te muestre su rostro, tenga misericordia de ti y te conceda la paz.

Lázaro Hades

Un pensamiento sobre “CARTA A UN HERMANO EN CRISTO”

  1. Yo también me uno a esta carta y te invito a rezar este salmo.

    Ten paciencia conmigo Señor y espera que de nuevo vuelva.No hagas caso de mis palabras,que tantas veces fallaron.sopórtame,aguántame,se compasivo conmigo.
    da tiempo a mi proceso,señor.Mírame Señor,mírame que estoy sin fuerzas,mírame Señor que tengo el alma golpeada y rota,y no consigo levantar mis pobres alas en vuelo.
    Sáname Señor,sáname que me siento el corazón desmoronado,y mi casa se ha hecho un montón de escombros.
    Acércate a mí,y como buen samaritano venda mis heridas,pon tu ternura y misericordia en mis pobres llagas;llévame contigo,no me dejes tirado en el camino.
    Da paz a mi corazón oprimido y angustiado,devuelve la calma a mi alma sumida en una profunda noche,sálvame que me siento perdido y solo;sácame de esta situación que me llena de tristeza.
    Estoy como tu estuviste Señor en la noche del huerto.Estoy tenso,en conflicto,no hay luz esta noche.
    Enséñame Señor,hombre de dolores a orar mi sufrimiento.
    Enséñame a gritarle al Padre mi problema y mi pecado.Enséñame a buscar tu voluntad en esta cruz,y que espere como tu esperaste confiado en el amor del padre.
    Señor ,yo se que has oido mi súplica,que has sentido mi dolor,sé señor que estás cercano a mí,que has oido la voz de mis sollozos.
    Se que el aliento volverá a mi vida,porque eres Dios de la vida,sé q estás aquí y compartes mi dolor y mi problema;confío en tu bondad y compasión en esta hora y espero verme de nuevo en marcha por el camino.
    Amén

Deja un comentario