VENGA A NOSOTROS TU REINO

Aprendiendo a vivir en cristiano, hace unas semanas hablamos del PADRENUESTRO. Meses atrás nos deteníamos en el  “HÁGASE TU VOLUNTAD“.

Llevaba unos días tentado de volver a hacerlo y tras oír lo que Jesús nos dice en el Evangelio de hoy (jueves 32 tiempo ordinario) no quiero dejar pasar la oportunidad de comentar otra de las peticiones que hacemos al rezar la oración que Cristo nos enseñó: VENGA A NOSOTROS TU REINO.

En este evangelio se manifiesta una de las curiosidades más comunes de los contemporáneos de Cristo; ¿cuándo va a suceder algo tan importante y anunciado como la llegada del Reino?.

En nuestros días esa inquietud aún tiene vida. Si al llegar esta noche a casa, mi hija de 6 años me pregunta que cuando va a venir el “reino de Dios”, la verdad es que no sabría que responder. Pero ni en versión 6 años, ni en versión adulta.

Es una de esas peticiones que tantas veces recitamos de memoria en oraciones pero que nos cuesta comprender si nos detenemos un poco a meditarlas.

Perdoname si me equivoco, pero son muchas las ocasiones en las que nos preguntan algo sobre nuestra fe y antes de reconocer que no sabemos muy bien a qué nos referimos, pues se supone que deberíamos saberlo, comenzamos a indefinir lo que pensamos, abundando en adjetivos y ejemplos inconcretos, dando por hecho que somos unos expertos del tema. Aun sabiendo lo que queremos decir, no sabemos cómo explicarlo. ¿No te ha ocurrido nunca?

Bien, pues en este caso recurrí a mi “temario” y saqué algunas conclusiones.

Lo primero que tranquiliza mi inquietud son palabras de Cristo: “el Reino de Dios está dentro de vosotros”. Pero no será gratuito que brote en nuestro interior, pues concluye Jesús diciendo que “antes se tiene que padecer mucho”.

José Aldazábal, en su libro “Enseñame tus caminos”, nos dice que “(…) este Reino está oculto, pero ya está actuando: en la Iglesia, en su Palabra, en los sacramentos, en la vitalidad de tantos y tantos cristianos que han creído en el evangelio y lo van cumpliendo(…)”

Ya está presente en los humildes y sencillos: “bienaventurados los pobres, porque de ellos es el Reino de los cielos”.

Parece que el Reino vendrá de una forma espectacular y se tiende a pensar en revelaciones o acontecimientos cósmicos y quizá no nos hayamos parado a buscar los signos de la cercanía de la presencia de Dios en lo sencillo, en lo cotidiano.

Quizá por aquí podría comenzar a explicarle a mi hija de lo que estamos hablando…

Cristo dijo: “El reino de Dios está aquí”.

Desde aquí, en la tierra se inicia el camino que nos lleva al Cielo, que no es otra cosa que la vida con Dios y en Dios, una felicidad divina que comienza en la tierra, entendiéndose con El. 

¿Y si eres de los que no creen, de los que dudan? Pues empieza por ahí. Levántate mañana afirmando que “hoy quiero creer en Dios”. Comienza cada día convencido de que quieres creer en El, pues así lo sientes en tu interior. De esta forma comenzarás el tránsito a una felicidad sin parangón humano.

Ah, y no vale aquello de “es difícil”. Cámbialo por “habrá que ser perseverante”.

Lázaro Hades

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