¿QUÉ ES LA HOSTIA CONSAGRADA?

¿Qué es? ¿Qué significa? 

La Hostia, antes de la Consagración, es pan de trigo. La Hostia, después de la Consagración, es el Cuerpo de Jesucristo, con su Sangre, su Alma y su Divinidad.

En la Eucaristía permanecen el olor, color y sabor del pan y del vino; pero su substancia se ha convertido en el Cuerpo y en la Sangre de Jesucristo .


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Esta conversión se llama transubstanciación. Es el tránsito de una cosa a otra. Cesan las sustancias del pan y el vino porque suceden en su lugar el cuerpo y la sangre de Cristo.

La transubstanciación es una conversión milagrosa y singular, distinta de las conversiones naturales. Porque en ella, tanto la materia como la forma del pan y del vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Seguimos viendo el pan y el vino pero substancialmente ya no lo son, porque en ellos está realmente el cuerpo, sangre, alma y divinidad de Cristo.

Del pan sólo quedan las apariencias, que se llaman especies sacramentales.

En el cáliz, antes de la Consagración, hay vino de uva. En el cáliz, después de la Consagración, está la Sangre de Cristo, con su Cuerpo, su Alma y su Divinidad.

Del vino sólo quedan las apariencias, que se llaman especies sacramentales.

Jesucristo, en razón de su única Persona, está entero en cada una de las dos especies sacramentales; por eso, para recibirlo, no es necesario comulgar bajo las dos especies de pan y vino: basta cualquiera de las dos para recibirlo entero.

Cristo en la eucaristía está vivo, resucitado. «No se trata de una venerable reliquia, como sería el cuerpo muerto de Cristo; sino de Jesús vivo como dice San Juan pan vivo . Y por ello vivificante. Comer el cuerpo vivo y resucitado de Jesús nos llevará a nosotros mismos a la resurrección final gloriosa» «El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna y yo lo resucitaré en el último día».

¿CÓMO SE FABRICAN LAS FORMAS?

Las obleas se elaboran con masa de pan ácimo, es decir, sin levadura, como el que usó Jesucristo en la Última Cena.

La receta de la oblea es muy sencilla: agua y una mezcla de harinas diferentes de trigo. Una de ellas, que es rica en gluten, es la que le confiere su textura acorchada. Tras obtener la masa, se extiende y se calienta entre dos planchas a 170 grados centígrados, lo que facilita la evaporación de los residuos líquidos. De este modo, se obtienen láminas delgadas de pan seco que son apiladas y humedecidas. Finalmente, las obleas se cortan con un cortamasas especial y se dejan airear durante unos seis días, antes de ser empaquetadas y distribuidas.

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