UN POCO DE SENSATEZ

Esta misma mañana, en un momento de oración llegué a una conclusión que voy a intentar transmitir en este post.

Con la suerte de poder disfrutar cada jornada de unos minutos de oración tras finalizar la eucaristía que inaugura el día, vivir esos momentos únicos de una relación con Dios, cada vez más sólida, lo hacen a uno sentirse un privilegiado. Por disponer del tiempo, por disponer del templo y por disponer del Compañero de diálogo.

A veces te sientes tan bien que llegas a percibir atisbos de euforia. Esto hay que manejarlo con sensatez.

De nuevo hoy me introduzco en terrenos susceptibles de originar algún pensamiento encontrado a la hora de interpretar mis reflexiones, que no dejan de ser las peripecias de un aprendiz de cristiano, y que jamás persiguen otra cosa que no sea compartirlas según la voluntad de Dios, sin más orden ni concierto que el que a El le plazca ordenar.

Como todos sabéis, Holanda es un país que durante toda su historia ha estado luchando por ganar terreno al mar ante la escasez de tierra habitable. Hace unos días veía un documental sobre Amsterdam en el que afirmaban que tras muchos años bregando contra él, han llegado a la conclusión que, en estos momentos, lo mejor es buscar soluciones para convivir con mar.

Esto ocurre en muchas relaciones que las personas mantenemos con Dios. A todos aquellos que en alguna etapa de nuestra vida nos hemos sentido ajenos a cualquier cosa que oliera a divino, nos hemos quejado del tránsito de la Iglesia, rechazando o cuestionando continuamente la voluntad y hasta la gracia de Dios, este tipo de expresiones nos llegan a resultar familiares.

Es mucho el tiempo el que te pasas luchando por ganarle terreno a ese Dios disponible y dispuesto que se te muestra continuamente  sin tapujos y que, nosotros, apoyados en nuestra razón nos empeñamos en dejarle el menor espacio posible en nuestro interior.

Pues aquí hay dos cosas, o sigues en esa línea toda tu vida, soportando las idas y venidas de las olas de ese mar que te aborda y que no dejará de hacerlo, o comienzas a construir tu pequeño pólder, que es como los neerlandeses llaman a las superficies de tierra ganadas al mar.

Esto de los pólders es muy simple. Básicamente, se trata de clavar paredes muy altas en el fondo del mar haciendo un cubículo de cuatro lados a partir de la superficie que estás pisando y comenzarlo a rellenar de tierra hasta llegar a tu mismo nivel. De esa forma podrás adentrarte en el mar.

Mi experiencia de vida religiosa es parecida, pues estimo que esas paredes estaban desde pequeño clavadas en el fondo de mi interior (siempre he de agradecer mi educación cristiana, ya que a mis 6 años era incapaz de saber en qué consistiría, luego era imposible decidir por mí mismo si era buena para mí o no…esto va por los que toman decisiones para sus hijos en pos de alejarles de una opción religiosa que más tarde, ellos mismos son ejemplo, tienes virtud de desechar si no te parece conveniente).

Una vez que contaba con esas paredes bien cimentadas, ya solo faltaba que yo decidiera comenzar a rellenarlas de tierra. En algunos casos precoces de compañeros de estudios, el cubículo se rellenó de inmediato. Hay gente que se queda a medias, algunos casi ni lo intentan y otros, como yo, estamos en ello. ¿En qué nivel estoy? Pues creo que en estos momentos, en el nivel suficiente para que, apoyando los pies en la tierra que ya tiene el pólder, mi cabeza pueda asomar por encima del nivel del mar, lo cual significa que ya puedo disfrutar de la gracia de Dios, pero con los pies en la tierra.

Y esa es mi conclusión del día. Volviendo al momento revelador de mi oración de esta mañana, lo que quería contar es que debido a la peculiaridad que tiene el lugar donde me siento en la iglesia, ocurre que, con un oído puedo escuchar el hermoso canto de unos pájaros desperezándose en un patio interior anexo al templo, mientras por el otro oído “disfruto del cantar” de numerosos coches que apresurados en hora punta matutina se amontonan en la calle para llegar a tiempo a sus destinos.

Este contraste es bueno. Esta mañana comenzaba a levitar en la oración atronado por los cantos de las aves del oído derecho cuando el bramar automovilístico me hizo volver a la realidad y llegar a esta simple, pero fructífera, conclusión.

Y es que a veces nos subimos demasiado por lo divino, es una tendencia natural y comprensible de los que viven en idilio con Dios. Nuestro lenguaje se llena de expresiones ininteligibles e incompresibles para el ciudadano de a pie que a menudo busca en cristianos convencidos expresiones más cercanas que traduzcan su enamoramiento.

Es importante que impongamos un poco de sensatez pues de elevarnos en exceso y de forma reiterada puede que el mar nos vuelva a ganar terreno y cuando queramos pisar la tierra en la que vivimos los pájaros de nuestra cabeza no nos dejen oír los coches que nunca van a dejar de transitar en el mismo plano que nosotros.

Un poco de sensatez…

 

Lázaro Hades

 

 

 

5 pensamientos en “UN POCO DE SENSATEZ”

  1. Lázaro…yo perdi pié con tanta euforia!!!!!y no te imaginas el batacazo…fue morrocotudo…pero gracias a este dolor empecé a intimar con la sensatez, la serenidad y la moderacion…..menudos regalos eh?
    Tienes razón…..con los pies en la tierra siempre pero la cabeza puesta en El para que las olas no cubran el entendimiento y deje de poder discernir….la oracion intima es fundamental para el alma que no quiere sucumbir…y pedir la humildad cada dia como el Pan nuestro de cada dia….un abrazo. Me haces disfrutar del Amor de Dios siempre. Dios te bendiga hermanito.

  2. ¡Qué bueno es hacer tres tiendas! Y Jesús le dijo a Pedro dejara de “flipar” y pusiera los pies en la tierra. Hay que bajar a “Galilea” y patear cada día los caminos. A veces, el Señor nos permite que vivamos momentos de Tabor.

  3. Es verdad que tenemos que tener los pies en el suelo,pero !Son tan bonitos los momentos esos que describes! Estoy en lo de las tres tiendas.Luego es verdad que hay que dejar de “flipar”,pero son muy gratificantes.

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