UN CAMBIO DE CASA QUE DESCUBRE MISERIAS

Hace un par de días hablábamos de Holanda y los pólders, los compartimentos estancos que los habitantes de este país llenan de tierra desde el fondo marino hasta arriba para poder adentrarse en el mar.

Hacíamos paralelismo con nuestra vida cristiana, con nuestra vida interior. De cómo llenamos nosotros esos compartimentos personalísimos para poder ver la luz en nuestro día a día.

Mucha gente piensa que los cristianos “con carnet” llenan esos compartimentos interiores de una excelente tierra que van acumulando para poder asomar la cabeza.

Pienso que serán pocos, casi siempre santos vestidos de calle, los que pueden mirar para abajo y ver bajo sus pies sólo tierra de primera calidad.

Muchos de nosotros, además de tierra, llenamos ese hueco con todo lo que nos encontramos por nuestro camino con tal de llegar a la superficie. Intentaré explicarme.

En nuestro afán de respirar, de sacar la cabeza al aire, empleamos mucho esfuerzo rellenado nuestro polder desde el fondo del mar. Esa tierra está compuesta por nuestras acciones, nuestro orar, nuestro amar y también por nuestras miserias.

Todo se amontona de igual manera para ir subiendo ese nivel y mostrar una imagen al exterior que desgraciadamentes es la que mediatiza nuestro interior.

Hay una imagen muy gráfica, de nuevo tiro de la capital holandesa, que muestra cómo unas máquinas sacan al exterior montones de bicicletas que han sido arrojadas a fondo de los canales cuando están viejas o en la mayoría de los casos, cuando han sido robadas. Con objeto de dejar limpio el fondo, estos brazos de hierro, hacen su trabajo muy a menudo.

Tenemos suerte. Nosotros contamos con un Dios arremangado, dispuesto a sacar a mano y a diario esas bicicletas que disfrazan nuestras miserias con las que queremos rellenar más rápido ese poso, (con “s”) con el que construimos nuestro interior. Es nuestra manera de creer que avanzamos más rápido amontonando actitudes y deseos de lo material con tal de obviar que de camino a la superficie es necesario pisar un poco de barro.

Siento desprender hoy cierto olor a tristeza, pero espero que mi torpeza no impida que comprendas correctamente mi mensaje. Se trata de descubrir nuestras miserias, reconocerlas y estar dispuesto a que venga Dios con su brazo misericordioso y nos las saque de nuestro interior reconociendo que fueron bicicletas robadas.

Desgraciadamente hoy llego a esta conclusión tras compartir con una familia muy cercana en Cristo su sufrimiento y dolor por la pérdida repentina de un ser muy querido.

La enseñanza cruel que nos deja quien se ha ido es tratar de comprender el sufrimiento de los que se quedan mientras él se ha puesto a preparar la mudanza sin avisar ante la súbita llamada del Padre para vivir juntos.

Ese sufrimiento me ha hecho mirar para abajo y descubrir esas miserias con las que trato con frecuencia rellenar mis cimientos, esas a las que en tantas ocasiones recurrimos para consolar nuestro ego, satisfacer nuestros deseos materiales y cuya efímera acción revela nuestro inagotable y estúpido conformismo con lo inmediato. 

Cuando ves y vives un sufrimiento cercano has de entender qué lección te da Dios a ti y saber que acompañar en el sentimiento a los que se quedaron si la presencia del que se fue, no ha de ser solo cuestión de un abrazo sincero el día de la despedida sino un agradecimiento reiterado a Dios por mantener aún nuestra presencia junto a los nuestros aferrándonos con fuerza a los que aquí permanecen tratando de fundamentar nuestro consuelo en saber que quién se fue nos espera alojado en el mejor hogar.

Es ahora cuando se igualan las fuerzas de nuestra mente, hay sinrazón por todos lados: la pérdida, el sufrimiento, el desamparo… cuando no hay lógica estamos hablando de terrenos donde Dios se mueve bien, aprovechad el momento y miradle a la cara.

En homenaje al que se ha ido y con el ánimo de transmitir consuelo a los que se quedan comparto hoy un poema de San Agustín que un  Angel me hizo llegar:

No llores si me amas…

Si conocieras el don de Dios y lo que es el cielo…

Sí pudieras oír el cántico de los ángeles y verme en medio de ellos…

Si pudieras ver desarrollarse ante tus ojos los horizontes, los campos y los nuevos senderos que atravieso…

Si por un instante pudieras contemplar como yo la belleza ante la cual las bellezas palidecen…

¡Cómo!… ¡Tú me has visto, me has amado en el país de las sombras y no te resignas a verme y amarme en el país de las inmutables realidades?

Créeme. Cuando la muerte venga a romper las ligaduras como ha roto las que a mí me encadenaban;

cuando llegue el día que Dios ha fijado y conoce, y tu alma venga a este cielo en el que te ha precedido la mía…

Ese día volverás a verme.

Sentirás que te sigo amando, que te amé, y encontrarás mi corazón con todas sus ternuras purificadas.

Volverás a verme en transfiguración, en éxtasis feliz.

Ya no esperando la muerte, sino avanzando conmigo, que te llevaré de la mano por los senderos nuevos de luz y vida.

Enjuga tu llanto y no llores si me amas.

San Agustin

Lázaro Hades

7 pensamientos en “UN CAMBIO DE CASA QUE DESCUBRE MISERIAS”

  1. Cuantas bicicletas viejas en mi interior,cuanto lodo acumulado,cuanta miseria…y LE ruego cada día que me ayude a levantarme,cada vez que caigo,cada vez que tropiezo…y ahi está ËL,esperándome,amorosamente y con una …paciencia.

    GRACIAS DIOS MIO,MISERICORDIOSO

    Un cariñoso saludo y el poema…precioso.

  2. … HÁGASE TÚ VOLUNTAD, EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO… !!!!!MADRE MÍA, qué difícil aceptar lo que nos pasa muchas veces!!!!!!
    Ayúdanos Señor a aceptar TÚ VOLUNTAD, y te doy gracias Señor, por todo lo que me das todos los días y no me doy cuenta.

  3. Bueno Lázaro…..dejo de tener stress para limpiar de mi lo que no me gusta….me dejo hacer mejor por las Manos del Señor….porque es mas facil aunque me mantiene alerta…siempre sorprende ya sabes….pero con la cabeza mirando al frente sabiendo que de lo que no me gusta El saca siempre un bien….amar en la debilidad….
    San Agustin ..un cielo de oracion.

  4. Mario, gracias? Sabes que Dios te esta hablando y es a El a quien has de transmitírle tus sensaciones. Te estas dando cuenta que se acompaña de los mejores y eso nos duele tanto que reconfortarnos junto a los que quedamos y fijar la mirada en El es el único camino para fortalecernos tras las adversidades.

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