100.000 OCASIONES

En ocasiones ocurren acontecimientos que son difíciles de digerir, desgracias y alegrías que nos generan emociones que sacuden nuestras vidas de manera desmedida para lo que estamos acostumbrados a soportar.

Puede que en alguna ocasión hayas pensado: si a mi me ocurriera eso,  ¿cómo actuaría yo en una situación similar?.

A mi nunca me a tocado la lotería. Si algún día me muestran un cheque de cartón de esos grandes, lleno de ceros y me hacen posar para la prensa con cara sonriente descorchando una botella de champán… la verdad es que no me veo. No me imagino yo, ni siendo el afortunado, ni siquiera posando para la foto.

En el otro extremo es aún peor. Gracias a Dios, no he tenido que sufrir grandes desgracias que me hayan afectado directamente. He visto y sufrido con familias que realmente han sido golpeadas duramente por los acontecimientos de sus vidas. Tampoco me puedo imaginar yo en una situación así.

Supongo que debe ser un mecanismo de autodefensa, pensar cómo actuaría uno en un sentido u otro.  Debe ser algo como adivinar el traje que me voy a poner para aquel acontecimiento. Pero no se trata del vestido, estamos hablando de lo que vestimos. Creemos que podemos pensar como si fuésemos nosotros los dueños de nuestros sentimientos. Me parece que no lo somos.

La semana pasada pude vivir dos acontecimientos relacionados con la vida (y ahora verás cuánto) diametralmente opuestos. Ambos coincidieron en el comienzo, en la duración y lo más impresionante, también el momento del desenlace. No obstante, aún tratándose de lo mismo, la dirección de dicho desenlace fue muy distinta.

Estoy hablando de  dos vidas: la primera nos dejó. Un cambio de casa, definición consuelo para referirnos a quien nos abandona para ir a vivir con Dios, y la segunda, un nacimiento, la llegada de un nuevo inquilino a nuestro patio de vecinos.

Desde 24 horas antes del desenlace, un hermano en Cristo luchaba por no hacer caso a las llamadas perdidas que le estaba dejando Dios, ni él ni los suyos podían asumir que esa vena se rompía por el lado del Padre para comenzar a bombear solo recuerdos en los que quedan, que con mucha fuerza luchaban para demorar la partida.

Justo a la misma hora comenzaba el deseado final de 9 meses de ilusión por ver los ojos de ese niño que comenzaría a enseñar al joven matrimonio primerizo de qué va esto de ser padres. Serían otras 24 horas jugando al escondite en el vientre de la madre, burlándose antes de nacer de los médicos que con más paciencia que la familia soportan esta espera de ilusiones proyectadas en un bebé.

La serenidad que me aporta el vivir estos acontecimientos desde la grada me obliga a transmitir afecto a las dos familias y pensar que ambas coincidirían esa jornada de espera en el manejo de nervios y temor por la incertidumbre de un final feliz que no lo sería para todos.

El final, Dios decidió que  fuese a la misma hora. Coincidían los dos acontecimientos. El check in del que pedía número de habitación en su nueva casa, dejando a una familia destrozada que agotaba interrogantes en un diálogo con el Padre que aún no aciertan a entender. Y en el mismo momento que Dios tenía un nuevo Angel apresurado en acompañar a otros que ya lo son, nacía un nuevo compañero de los humanos, dejando a su madre extenuada, dolorida y confiada en que la herida abierta por la cesárea sea la mayor que ese hijo le dejará. A partir de ahora, toca luchar por que sea así.

Tan dispar desenlace me descubre una paradoja: El llanto, la banda sonora de ambos acontecimientos.

En la despedida lloran sin consuelo los que se quedan.

El que llega nos da la bienvenida de igual forma.

Es el llanto por la vida.

Dios está con todos.

Esta entrada, dedicada a esas dos familias, coincide con un nuevo hito de este caminar que comparto con vosotros en mi aprendizaje. Anoche quise fotografiar un momento que no puedo negar que tenía ganas de alcanzar, fíjate en que pequeñas cosas nos sustentamos para seguir andando.

Esta es la imagen del momento en el que estábamos a punto de haber coincidido en 100.000 ocasiones. En trece meses de vida, esas son las visitas que han recibido estos renglones, a lo mejor vacíos de contenido, pero a rebosar de ansia de caminar junto a Cristo y dejar huella para que otros al menos tengan una pista para saber por dónde se va.

Vosotros y Dios sois los verdaderos protagonistas de esta historia. Yo tengo la suerte de pasarlo a limpio.

GRACIAS A TODOS.

Lázaro Hades

6 pensamientos en “100.000 OCASIONES”

  1. Hoy hace 6 años que mi madre se fué al Padre…y la siento tan dentro de mi que me llena de emocion…siempre las lagrimas que Dios recoge en su odre…….

  2. En mi familia tambien hemos vivido una experiencia similar,el final de un ser muy querido y la llegada de una personita preciosa.
    Ambos acontecimientos en la misma época…y el dolor y la alegría se mezclan…en una forma casi…milagrosa,diría yo.
    Y la mano de Dios,ahí tendida,para que nos agarremos con fuerza a la vida.
    Gracias Lázaro.

    Un cariñoso saludo y enhorabuena por esos 13 meses 😀

  3. ¿Que es más bello, un amanecer, o un atardecer? ¿Ver como sale el sol, o como se esconde?… ¿Entrar en la oscuridad para apreciar la luz, o tener luz, para conocer lo que es no tenerla? ¿El bien o el mal?…Nuestra vida vive siempre con las dos caras de la moneda, a nosotros nos toca saber leer en cada momento lo que hay detrás de cada una de ellas, pero sea cual sea la cara, lo que importa es el valor de la moneda y quien se lo ha dado.
    MI alegría por esos 13 meses, lamento no haber conocido los 11 anteriores, pero espero seguir todos los que este blog pueda ofrecer. Mi acción de gracias a Dios por encontrarlo y mi oración por el autor.
    Un abrazo

  4. en verdad nuestro SEÑOR te ha elegido como instrumento para llegar al corazón de las personas que necesitan escuchar lo que escribes en cada momento ENHORABUENA y que nuestro MAESTRO te siga guiando

  5. Hace ya algun tiempo que pude contemplar un amanecer precioso y poco despues el aterdecer mas impresionante que uno pueda imaginar….solo que lo aprecie tiempo despues.Sabes que ultimamente me reconforta mucho lo que escribes guiado por el Maestro.Gracias otra vez y muchos besos.

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