VALORAR LO QUE TENEMOS

Continuamente se nos presentan a nuestro lado ejemplos de personas que nos están enseñando, en muchos casos sin ellos saberlo, unos valores a veces olvidados y en muchos casos actitudes que parece que solo se encuentran en los libros de buenas obras.

La primera lectura de la misa de hoy contiene una carta del apóstol Santiago (2, 14-24. 26) que comienza con la pregunta “¿De qué le sirve a uno decir que tiene fe, si no la demuestra con obras?”. Buena pregunta Santiago.

A veces la desproporción entre la fe y las obras es bastante exagerada. Tanto, que se nos pone fácil afirmar que una fe practicada sin obras que la apuntalen está tan vacía como un cubo a rebosar de aire.

Sin embargo, pequeñas obras o gestos espontáneos de algunas personas sin más escuela de fe que un sentido “gracias Padre” cada vez que reciben un soplo de su aliento, son verdadero ejemplo para muchos de nosotros que nos creemos que por pesados en la oración, las puertas del cielo estarán abiertas de par en par estando por ello eximidos del peaje de hechos que constaten nuestro sincero sentir.

No es necesario fustigarnos con latigazos en la espalda para corroborar lo que sentimos. No hemos de pretender que se nos note. No es ese el caso.

No se trata de hacer gestos de cara al exterior. No nos abrumemos porque no seamos unos cristianos activistas entregados a la Comunidad. Que sería fenomenal, pero que eso no está al alcance de todos. A todos se nos encomienda una misión y la lista de tareas nos la va poniendo poco a poco Dios por delante.

Pero hay oportunidades particulares para cada uno de nosotros de poner en marcha un buen gesto. Con cosas simples, como por ejemplo, valorar lo que tenemos, que es algo entre tú y Dios que desde este momento puedes comenzar a practicar sin descanso.

Si solo dedicásemos una ocasión al día a hacer esto…en toda nuestra vida terminaríamos con la lista de agradecimientos.

A veces, dar gracias por algo que nos parece normal ya es el comienzo del equilibrio de la proporción fe-obras.

Nos ocuparemos otro día en esto de las buenas obras, porque a veces nos obsesionamos tanto que la proporción se desequilibra por exceso.

Hoy nos detenemos en valorar lo que  tenemos.

Alguien contaba esto:

(…) un pequeño episodio marcó mi recuerdo de ese día. Cuando llegó la hora de irse, mi amiga salió por la puerta de la casa y se enfrentó a un hermoso atardecer, de esos que combinan colores de tonos fulgurantes, donde fuego y cielo parecen fundirse ante la caída del sol. Ella comenzó entonces a decir: “Oh, Padre, gracias porque has pintado este hermoso cuadro para mi. Qué bueno eres, que no dejas a tu hija nunca abandonada, y qué caballero también, que me mimas con tus caricias de Creador que toma de su paleta los mejores colores y haces de ello una pintura maravillosa, como la que has expuesto para mi esta tarde(…)”

Yo miraba extasiado el rostro de mi amiga, totalmente absorta en el diálogo con Dios, y el atardecer maravilloso que ella contemplaba. Admiraba el diálogo de esa alma enamorada de su Dios, que lo reconocía en tan simple manifestación de Su grandeza. Mi mirada iba de un punto al otro, cuando comprendí algo en mi interior. Esto que yo admiraba no era un diálogo entre mi amiga y Dios, simplemente, porque Dios había pintado ese cuadro para mi también.

Ella lo había comprendido, yo no. Dios estaba usando Su paleta con los mejores colores para mi también, sólo que yo no tenía el corazón inflamado de mi amiga, necesario para admirar el amor de Dios puesto también frente a mi. Ella, como todos los que aman a Dios profundamente, lo ve en todo momento y en todo lugar, porque Dios se expresa a cada instante de nuestra vida ¡Solo hay que saber verlo, y admirar Su Presencia!”

Hay que valorar todo lo que tenemos, sea grande o pequeño, visible o sutil, material o espiritual, porque todo es Gracia de Dios. Tendemos a comparar, y quejarnos demasiado.

Así no sabemos valorar a nuestros padres y hermanos, hasta que no los tenemos.

No valoramos a nuestra pareja y los comparamos con otros que pensamos son mejores.

No valoramos a nuestros hijos, incluso se da el caso que ni siquiera los conocemos.

No sabemos ver el valor de nuestra profesión, de nuestros trabajos o misión en la vida, y añoramos otras cosas lejanas e inalcanzables.

Dios se nos manifiesta en lo pequeño, como en ese atardecer donde esta mujer supo ver a Dios mostrándose.

No debemos mirar buscando lo bueno con el criterio del mundo, sino con un corazón simple y sincero.

Dios nos llama con cosas pequeñas, ocultas en medio de las complejidades del mundo, de sus permanentes ruidos y vanidades.

Mira a tu alrededor, construye tu vida desde lo que tienes, y no desde lo que desearías tener.

Haz un inventario de todo lo que Dios te ha dado, todo, y olvida la lista de cosas que desearías tener, ponla a un lado.

Es de inteligentes vivir desde lo que se tiene y no desde la añoranza de lo que se desea.

Valorar lo que poseemos, como el ciego que valora tu vista, el enfermo que valora tu salud, la madre estéril que valora a tus hijos, el desempleado que valora tu trabajo, el pobre que valora tu riqueza. Mira a tu alrededor, y siempre verás a alguien que está más necesitado que tú.

Dios no nos deja solos, nunca. Te ha dado y te dará muchos atardeceres.

Admíralo con su paleta de hermosos colores, preparando la escena que hará que lo encuentres, lo reconozcas y te decidas a pasar un rato con El.

 

Lázaro Hades

Inspirado en textos de www.reinadelcielo.org

 

4 pensamientos en “VALORAR LO QUE TENEMOS”

  1. Hoy voy a personalizar,con tu permiso Lázaro.

    Antes yo era de las personas que se quejaban por todo…pero todo,todo…realmente era agotador.
    Dar gracias,eso no entraba en mi vida, todo era reproche…

    Pero empecé a cambiar,a ver Luz donde antes todo era oscuridad,a entender muchas cosas,que para mi antes no tenían explicación,a pedir pèrdón,a ser sincera conmigo misma…

    Y ahora vivo dando gracias,me acuesto agradeciendo y me levanto agradeciendo 😀

    GRACIAS SEÑOR,POR DEVOLVERME LA FÉ.

    Y gracias a mi querido “Angel”que tuvo mucha paciencia conmigo.

    Un cariñoso saludo y que Dios os guarde.

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