PASE LO QUE PASE, NO PASA NADA

Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no sería válido. Otro es el que da testimonio de mí” (Juan 5, 31-47)

Hacia tiempo que no tenía noticias de mi amigo. Estaba tan entretenido en otros menesteres que se me olvidó interesarme por él.

Tuvo que ser casualidad cuando después de una semana oyendo hablar de él, nos encontramos el lunes.

Os cuento hoy, parte de nuestra conversación:

(…)

¿Cómo estás? ¿Cómo te va la vida?

Bien. Si no entramos en detalles.

Entremos en detalles. Se que ahora comienzan a irte las cosas un poco mejor en tu trabajo, ¿no es así?

Bueno, si. Con mucha dificultad y tras la tormenta económica del pasado año, en estos momentos tengo un horizonte despejado.

Y la familia? ¿Cómo están tus hijos, tu mujer…?

Bien, mi familia bien. Ahora estamos pasando una mala racha con mi padre. Está ingresado en el hospital desde hace un mes.

No me digas, ¿que le ha ocurrido?.

Pues la verdad es fue atendido en urgencias una vez más, sabes que a él parecen gustarle los hospitales, y quedó ingresado. Pensábamos que era para unos días, pues era una complicación pasajera y la cosa se ha enredado un poco. Ahora ya llevamos 30 días y 30 noches sufriendo en el hospital.

¿Sufriendo? ¿Llevamos?

Si, nos estamos quedando todas las noches acompañándolo, dormimos poco, tenemos que trabajar al día siguiente… nuestros hijos solos en casa, las comidas descontroladas… en fin, un suplicio.

Ya, ya. Pero, ¿y tu padre?. ¿El estará peor, no?

Es cierto, llevas razón. Ha hecho falta que vaya empeorando cada día para que nos demos cuenta que está enfermo de verdad. Que es él el verdadero afectado y no nosotros.

Ahora nos estamos dando cuenta que este u otro episodio similar será el que vaya bajando la persiana de su vida. Hasta ahora pensábamos que sus enfermedades eran algo cotidiano, y nos estamos dando cuenta que en algún momento esto será algo más que entornar la puerta.

¿Sabes? He crecido junto a mi padre convencido de que pase lo que pase, no pasa nada, que no había nunca que aparentar el más mínimo sentimiento. Tanto a mi como a mis hermanos se nos ha educado así, guardando las apariencias. Hasta el punto que las hemos guardado tanto que hasta entre nosotros parecemos jugar al despiste cuado se trata de querernos.

Pero bueno, tú te llevas muy bien con tus hermanos…

Si, pero pase lo que pase, nunca pasa nada. Siempre nos llevamos bien, como tu dices. Son muy buenos los tres. Pero, querido amigo, estábamos tan ocupados de lo nuestro, que nunca nos dimos cuenta que lo nuestro no era nuestro. Nos confundíamos pensando que lo nuestro era progresar profesionalmente y que eso de la familia no iba con nosotros.

Ahora, con la enfermedad de mi padre, han aparecido algunas goteras…

Cuéntame. Soy todo oídos.

Cuando en el trabajo a todos nos iba bien, mi padre nos mantenía unidos. Las dificultades de los últimos años, a pesar que a él le costaba admitirlo, demostraban que pasara lo que pasara, algo estaba pasando. Uno de mis hermanos perdió el empleo y otro tuvo que cambiar de trabajo. La cosa ya no era como antes, porque el que nos guiaba estaba pasando a un segundo plano.

Los fracasos profesionales no terminaron de abrirle los ojos, seguía aparentando que no pasaba nada, aunque su fuerza languidecía por momentos.

Pero ha tenido que ser a través de la enfermedad que está sufriendo en este momento por donde se han comenzado a destapar las miserias. Ha tenido que verse impedido y postrado en una cama para que aquel axioma que nunca pronunció pero que tanto nos inculcó se muestre con menos fuerza que nunca.

¿Cómo que pase lo que pase no pasa nada? ¿Y ahora qué? ¿Seguimos jugando a eso? Porque este partido no se jugarlo. No se improvisar. Resulta que ahora mi padre se orina en la cama del hospital y no puede ocultar su debilidad porque las sábanas están mojadas.

Ahora no se pueden ocultar las miserias.

Toda la vida pensando que somos dueños de nuestra vida y ahora no controlas ni tu riñón.

Cuando paseo por esa planta 6 del hospital viendo la cantidad de camas que soportan mas personas que almas me acuerdo de eso que escribías una vez de que matamos a Dios y nos queremos hacer dueños de nuestra vida.

Hombre, ¿tu me vas a hablar de Dios? ¡Qué sorpresa!. ¿Y por qué te acordabas de lo que escribí sobre esa parábola de los viñadores homicidas?

Porque lo apartamos de nuestra vida pensando que no nos hace falta y cuando los ves allí a todos enfermos y dependientes te das cuenta realmente que sin Dios no somos nada. Casi todos ellos tienen en el cabecero de sus camas alguna alusión a Dios. Es lo que les queda en es momento: estampas, medallas, cruces, fotos de santos… ahora que solo pueden encomendarse a El lo quieren como pañuelo de papel que les haga el avío hasta que salgan de allí y luego volverlo a tirar.

No seas tan pesimista, alguno de ellos se lo llevará puesto para al menos agradecerle salir de allí.

El caso, amigo, es que nos hemos tenido que dar cuenta que mi padre está realmente enfermo, que nos cuesta admitir que la muerte va dejando tarjetas de visitas en las plantas de los hospitales y que no era tan cierto eso que dice mi padre de que pase lo que pase no pasa nada.

(….)

Pediré a Dios que se recupere el padre de mi amigo. Que florezca el amor entre esos hermanos para que aprendan a ser hermanos, e hijos cuando les toque, de la misma manera que se que ya son padres conscientes que guardar las apariencias es esconder nada para llenar el corazón de un remordimiento que aflora en casos como el de la enfermedad que están padeciendo.

Por último un deseo para mi amigo. Mira la imagen que acompaña esta entrada. Cuando veas esa cama vacía tras la enfermedad, si tu padre se fue o se quedó contigo, que tú sientas que te entregaste a él por completo, siendo consciente que lo que te está pasando a ti y a él es para que disfrutéis, sin guardar nada, de esta enfermedad que a lo mejor Dios ha puesto en vuestro camino para algo.

A veces le pedimos a Dios que nos sirva una copa de vino reserva porque no nos conformamos a pedir que nos de un vino joven. Cuando nos da vinagre protestamos y no nos damos cuenta que con eso se pueden aliñar las ensaladas. Que sepamos aprovechar lo que nos está dando en cada momento.

·

Lázaro Hades.

5 pensamientos en “PASE LO QUE PASE, NO PASA NADA”

  1. Lazaro….que conversacion eh? cuantas cosas se ven dentro cuando entra el Señor de lleno….mi padre decia tambien esa frase cuando venian las adversidades—NO PASA NADA!!!-Y realmente PASA TODO…..pero en el Amor de Dios, que todo lo airea…pasa paea nuestro bien…uniendo y fortaleciendo. Rezaré por tu amigo, por su padre , para que la siembra del sufrimeinto produzca en esa familia frutos exquisitos y encuentren la Fé. un abrazo

  2. Me ha gustado mucho.Pero me he fijado sobre todo en lo del vinagre.Nunca lo había pensado así,además,para aliñar una ensalada!es tan preciso!.

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