DIVINA MISERICORDIA

 Señor mío y Dios mío

(Juan 20,19-31)

Evangelio del II domingo de Pascua

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Este domingo es un día especial. Compartimos motivo de fiesta ya que estamos en el “segundo día de Pascua o de la Divina Misericordia”.

El Domingo de la Divina Misericordia fue incorporado oficialmente al calendario litúrgico por el Papa Juan Pablo II, en el II Domingo de Pascua del Año Jubilar 2000, al momento de canonizar a la religiosa y mística polaca Sor Faustina Kowalska (1905 – 1938) (pulsa aquí para saber más de ella).

Como afirma el papa actual, Benedicto XVI, “…el misterio del amor misericordioso de Dios ocupó un lugar central en el pontificado de este venerado predecesor mío.”. Todos pudimos comprobarlo.

¿Pero, qué es la misericordia?

Esta semana, alguien me preguntó eso mismo. Qué quería decir esa palabra exactamente. Le dije que cuando la oyese o la leyera, sobre todo en un contexto cristiano, la cambiara por otra, “compasión”, y le sería más fácil ir entendiendo su significado.

Luego, le pedí que evitará confundir “compasión” por la palabra “lástima”. Entiendo que la primera es proactiva, te está pidiendo algo a tí, y la segunda es pasiva, te puedes quedar sentado en tu sillón, sintiendo pena de alguien, pero sin misericordia, no te levantas.

Días más tarde, coincidí de nuevo con la misma y preguntona persona (con todo mi cariño hacia ella). Esta vez me hablaba de otro individuo al que ella tenía como a alguien “que era muy bueno”, pero que era una lástima que estuviese alejado de Dios. Su nueva pregunta era: “¿tú crees que Dios salvará a esa buena persona a pesar de estar alejada de El?”

Me lo puso “a huevo”. La respuesta salió sola de mi boca: “la misericordia de Dios es infinita”. Pude argumentarle que Dios nos quiere a todos solo por el hecho de ser criaturas suyas, siendo libres de elegir seguirle, pero a todos nos quiere infinitamente, y su compasión (misericordia) hacia nosotros no tiene límite. Está siempre preparado para recibirnos lleno de perdón.

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Hoy además, en el Evangelio nos pone Jesús a otro personaje como ejemplo para entender un poco mejor su misericordia.

Hablamos de Santo Tomás. Cuando Jesucristo se aparece a los apóstoles, están todos menos él. Al saber lo que había sucedido, él, ni corto ni perezoso, pone peros a esta nueva aparición del resucitado y viene a decir aquello de “si no lo veo, no lo creo”.

Tomemos esta acción del apóstol Tomás para reflexionar. El hecho de que estuviesen todos juntos y él ausente nos va a servir como ejemplo para explicar lo que significa vivir la fe en comunidad y vivirla en solitario o estar alejado.

Como yo no se qué estaba haciendo Tomás en el momento que Cristo se presenta, me voy a crear una situación imaginaria. Me imagino a un Tomás que decide “ser cristiano a su manera”. Ve cómo sus hermanos se reúnen, formando Iglesia, y él, parece que va por su cuenta. Seguramente rezaría al Cristo con el que había vivido, pasearía con gallardía su condición de cristiano en tiempos difíciles, pero a su modo, en solitario, sin sus hermanos.

Es lo mismo que ocurre con muchos cristianos del siglo 21. Cuántas veces hemos oído eso de “yo soy cristiano, pero a mi manera”. Yo vivo mi fe pero no creo en la Iglesia, que va por otro lado. Yo llevo mi cruz colgada en el cuello, rezo y saco en procesión a mi Virgen, pero cuando me cuentan que Cristo se hace presente en cada Eucaristía, eso me suena a otra cosa que no tiene nada que ver conmigo.

Vamos, que ocurriría lo mismo hoy en día que a Tomás le ocurría con sus colegas apóstoles, que aún olía a Cristo en aquella habitación y él afirmaba que sin meter el dedo en la llaga, no daba por buena su vuelta. Lo mismo pasa hoy, por mucho que contemos que Cristo vive realmente con nosotros, hasta que no encontremos llagas donde meter el dedo seguiremos perdidos creando motivos de fe alternativos.

La frase que exclamó Santo Tomás al cerciorar la presencia de Cristo, “Señor mío, Dios mío”, la repito yo cada vez que El se hace presente en el momento de la consagración eucarística. Ningún día me olvido de repetirla cuando el sacerdote baja la Hostia Sagrada transubstanciada en el Cuerpo de Cristo. Es de las pocas rutinas que permiten mi fe, en este caso se hace necesaria para reconocerle cada día y entregarle todas las dudas que puedan tentar nuestra relación.

Por último, reconocer la verdadera necesidad que tenemos los cristianos de vivir nuestra fe en comunidad. Como lo hacían los 10 apóstoles que estaban reunidos cuando Cristo se apareció. Estos sí estaban a la espera de que Cristo saliese a su encuentro, apoyando unos en otros los cimientos de una fe que crece verticalmente, dirección cielo, cuando sentimientos a flor de piel sin transformación alguna, brotan gracias al amor hacia un Dios en que todos creemos pero que a solas nos cuesta reconocer cuánto.

A pesar de todo, la compasión de Cristo, su misericordia, es infinita y una vez más nos lo demuestra al volverse a aparecer, pacientemente y sin reproches al incrédulo y exigente Tomás. Lo mismo ocurre con todas esas personas alejadas como la del ejemplo de la pregunta de mi amiga, Dios se les volverá a aparecer todas las veces que sea necesario.

El beato Juan Pablo II sabía mucho sobre esto de la misericordia. Dios, está claro que también. Por eso tuvo compasión del entonces Papa y se lo llevo a vivir junto a El en la víspera de la Fiesta de la Divina Misericordia.

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Obras de Misericordia “Espirituales”

Enseñar al que no sabe

Dar buen consejo a quien te lo pide

Corregir al que se equivoca

Perdonar las injurias

Consolar al triste

Tolerar los defectos del prójimo

Rogar por los vivos y muertos

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Obras de Misericordia “Corporales”

Dar de comer al hambriento

Dar de beber al sediento

Vestir al desnudo

Visitar al enfermo

Visitar al preso

Dar posada al peregrino

Sepultar a los que mueren

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Lázaro Hades.

3 pensamientos en “DIVINA MISERICORDIA”

  1. Feliz Domingo de la Misericordia Lazaro!!!
    Sabes que con la Gaceta dan el libro de Catalina Emmerich? Son las obras completas y este es el primero Es donde cuenta las viviones de infinidad de cosas interesantes…la Pasion no está…segirá en otro libro que saquen con el mismo periodico…..
    Tengo a S or Faustina en casa en su Diario y lo cojo en este Tiempo siempre…..
    Me gusta siempre tus reflexiones….Misericordia es igual a miseria y corazón…..nuestra Miseria junto al Corazón de Cristo..roto en la Cruz por Amor ….un abrazo

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