DAR TODO LO QUE TENEMOS

“…El decía esto para ponerlo a prueba, porque sabía bien lo que iba a hacer,

(…) Jesús tomó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que estaban sentados…”

(Jn 6,1-15)

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La versión del conocido milagro de la multiplicación y los peces que nos aporta el evangelista Juan muestra algunos detalles que nos ayudarán a reflexionar.

En nuestros días es fácil imaginar una multitud como la que se nos cuenta en este relato.

Trasladémonos…

Imagina que estamos en campaña electoral y uno de los candidatos propone un mitin en la enorme explanada que hay a las afueras de una ciudad.

Allí esperan congregar a una gran cantidad de personas. En este caso habilitan 100 autobuses para trasladar, a razón de 50 pasajeros cada uno, a 5.000 personas.

La organización lo prepara todo para que el líder del partido pueda enfervorizar a sus simpatizantes, en su mayoría pensionistas que solo con la excursión, la banderita del partido y el bocadillo con refresco prometidos, darán por bien empleado el día.

“Hablando de bocadillos” -pregunta el líder al jefe de campaña-, “¿cómo llevamos el tema de los bocatas para los asistentes?”

El jefe de campaña que le pregunta a su becario, “oye niño, ¿tenemos bocadillos para todos, no?”

El niño, que está siempre pensando en otras cosas menos en lo que tiene que pensar, nos hace recordar a aquel anuncio de donuts, en el que el colegial, llevándose las manos a la cabeza por su olvido, exclamaba: “¡andá, la cartera!”.

El muchacho solo cuenta con los 5 bocatas y 2 latas de coca cola, que había echado en la mochila para él y su colega…

Y es aquí cuando rebobinamos el tiempo unos dosmil años atrás y nos situamos ante un líder que era un Líder con mayúsculas, de los que se suben al estrado, en su caso a lo más alto de un monte, para no bajarse aun a sabiendas que esas elecciones las terminaría, perdiendo a ojos de la gente, en una cruz. ¡Qué listo era!.

Aprovecho para pedirle a Dios que como a Cristo, insistiendo en la oración de los fieles de hoy, me dé la sabiduría de los humildes y la humildad de los sabios.

En aquel momento, Jesús necesitaba que todo lo que tenía aquel muchacho se lo diera para multiplicarlo. Aunque tuviese que alimentar a 5000 hombres y el chaval solo tuviera 5 panes y 2 peces. El chico, se lo dio. Se lo dio todo.

¿Si a mí me pidiera lo mismo, sería más rácano? ¿Me guardaría algo?. No se muy bien qué quiere Dios de mí, pero estoy seguro que cuando me lo pida, me pararé a pensar con qué me quedo. Forma parte de la miseria humana, el hecho de aferrarse a lo seguro cuando lo espiritual nos está demandando atención. Al contrario ocurre cuando lo material nos falla y es entonces cuando acudimos a El dispuestos a darle todo lo que pida ante nuestra desesperación.

Es bueno saber medir los tiempos para estar siempre solícito a su llamada, y atenderla sin presión, sin ambigüedades y sabiendo decir a Cristo: “Señor, esto es todo lo que te puedo dar”.

Me ha llamado la atención otro matiz de este Evangelio. Pese a que Jesucristo multiplicó los panes y los peces, siempre necesita a los hombres para llevar adelante su propósito. Necesita contar con nosotros. En aquel caso, para algo tan simple como es repartir el pan entre los 5.000 hombres que asistían atónitos ante semejante milagro.

Esta mañana ha celebrado la misa un joven sacerdote.

Lo vi por primera vez hace un año, oficiando la misa de un Jueves Santo. Aquel día, entre al halo místico que dejaba el incienso generosamente rociado por la iglesia y perfectamente mimetizado en el momento de pasión, sin destacar más que con su palabra, aquel jovenzuelo, que por su larga cabellera rubia parecía más un cantante de rock que un fraile capuchino enchanclado, consiguió que los que allí asistíamos viviéramos un momento de pasión que casi nos transporta a lo vivido por nuestro Señor hace tantos años.

Cristo se entrega en cada Eucaristía y la labor de los sacerdotes es fundamental para que ese milagro se multiplique entre nosotros.

En esta ocasión, un año después, el chico ya no lucía su larga e inusual melena sacerdotal. El cogote recortado daba paso a la capucha marrón que tanto aporta a quien la porta. Aunque por su juventud y a esas tempranas horas de la mañana, tú te encuentras a este tipo por la calle y piensas que vuelve de haber estado toda la noche de botellón. La sorpresa que se llevaría más de uno cuando lo viera entrar en una Iglesia, y si además le sigue y ve que se enfunda una casulla blanca…. seguro que se convierte.

Bien, aun entre bromas, donde quiero llegar es a mostrar mi admiración por las vocaciones. Por las personas que en su juventud entregan a Dios todo lo que tienen a sabiendas que este lo multiplicará para entregárselo de nuevo a los hombres.

Los jóvenes de nuestro día a día que han puesto sus veintitantos años en manos de Dios, son personas a las que no podemos dejar de admirar y de imitar. A lo mejor no podemos ser tan valientes como ellos, pero sí, imitarles en su actitud de desprendimiento. Dar todo lo que tenemos a Dios es una virtud que encontramos en ellos y que nosotros, en nuestras familias, con nuestras vidas encauzadas, con un norte fijado por nosotros mismos, siempre estamos a tiempo de dar lo que tenemos en este momento para que Dios lo multiplique y sea El quien nos señale el camino.

Pero el hecho de admirar cómo habla de Dios un sacerdote tan joven como el de esta mañana, no desmerece a otros curas de mayor edad. Más bien al contrario, aún es más emocionante disfrutar de esos presbíteros metidos en años, de voz y manos temblorosas, con miles de confesiones a sus oídos y de celebraciones a sus espaldas, que aún se detienen con solemnidad ante el momento de la consagración, siendo conscientes de que entre sus dedos tienen, otra vez, al mismo Cristo que los necesita para entregarse a nosotros.

Dicen que no hay envidia sana, ¿alguien me puede explicar que es entonces lo que yo anhelo de esos privilegiados repartidores de pan?

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Lázaro Hades.

5 pensamientos sobre “DAR TODO LO QUE TENEMOS”

  1. Gracias por este artículo Lázaro. Que verdad cuando dices que cuando el Señor me pide algo se lo doy pero guardándome siempre algo. Soy egoísta.
    Pero tu artículo me trae a la memoria muy buenos recuerdos de Gabriel, un sacerdote joven, con ilusión, trabajador, solidario, desprendido, cariñoso, amable, entregado, …………………., una persona que llevaba, y lleva, a Dios dentro, y lo mejor lo repartía en cuerpo y alma. En cuerpo, porque Gabriel se entrega a todo el que lo necesita, moral y materialmente, y en alma porque sus misas eran de ensueño: Dios se hacía presente en cada una de ellas.
    Lo admiraba y lo admiro; supo aguantar los golpes de la envidia, de la jerarquía, de la vida, …………….. Y ahí sigue, dándose como Cristo se dio, amando como Cristo nos amó. Sirva, egoístamente, este momento para, a través de Gabriel, dejar mi profunda admiración a esos jóvenes que son capaces de dar todo lo que tienen por el Señor. Y cuando digo jóvenes me refiero tanto a chicos como a chicas.
    Gracias por vuestra entrega y sacrificio por todos nosotros.

  2. ¿Como que no hay envidia sana?
    Pues yo es lo que siento,al ver esas vidas tan entregas y tan repletas de amor…no hay mas que ver sus semblantes,todo dulzura.
    Me encantó la foto :D

    Un cariñoso saludo.

  3. ¡Que grafico eres,Lazaro,me has trasladado totalmente,,,Este pasaje del evangelio nos estimula a la generosidad,a colaborar..siempre me ha “cogido”el chiquito de los cinco panes y los dos peces..era poco para tantos..pero era “su todo”,¡que resistencia a darme del todo!.los apostoles repartiendo y “recogiendo”..y el Señor como siempre dando el ciento por uno¡cuanto por aprender!,despues se quita de enmedio para que ni se lo puedan agradecer…¡Casi “na”
    Que don mas grande son los sacerdotes,nunca los valoraremos en su medida,al alcance de todo bolsillo,está el rezar mucho por los que son y los que vendrán..¡que sean muchos y santos!.
    No tengas envidia,porque tu “parcela”la trabajas y haces mucho bién
    ¿eh?
    Muy agradecida.Un saludo

    1. Gracias Alobel, cada uno en nuestra vida “repartimos el pan” que Dios nos entrega como buenamente podemos y yo tengo la suerte de poderlo dar en pequeñas dosis a gente como vosotros, que me hacéis tan feliz leyendo lo que cuento en este blog.
      Que Dios te bendiga!

  4. Yo también tengo envidia sana,envidio a esas personas valientes entregadas,que se dan y dan todo lo que tienen,pero no es una envidia que destruya. Esos privilegiados-as,como tú los llamas tienen mucha suerte,y encuentran la felicidad plena,ésa que la mayoría nos pasamos la vida buscando,pero como ya sabemos el camino,pues manos a la obra,que por ahí van los tiros.

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