SEÑOR, DANOS SIEMPRE DE ESE PAN

Señor, danos siempre de ese pan

(Jn 6,30-35)

Hoy comparto de nuevo con vosotros algunos textos del libro de Fulgencio Espa que me está acompañando estos días, “Pascua: Vívela con El”. 

De un tiempo a esta parte me he aficionado a adquirir libros en formato electrónico que si tienes la suerte de tener un smartphone, un móvil de última generación, puedes llevar gran cantidad de ellos siempre contigo, pues son muy económicos (este que os comento, costó 2,95€) y por ejemplo, tras la misa puedes acompañar un momento de oración con alguna reflexión.

De todas formas, aún se ve raro ver a alguien hurgando en un móvil sentado en un banco de la iglesia. Vamos a darle tiempo al tiempo, pero nunca la espalda a nuevas tecnologías que nos faciliten vivir nuestra fe con más intensidad.

Si estás interesado en el tema podemos dedicar un día una entrada a las numerosas y muy prácticas aplicaciones cristianas que existen en la actualidad para este tipo de dispositivos: Rosario digital, Biblia interactiva, misal, Magnificat…

En cualquier caso, veamos con qué reflexión acompaña el autor mencionado la lectura del Evangelio de hoy:

(…) “No pongáis vuestra esperanza en las obras de vuestras manos”.

Enfocamos nuestra vida –todo el rato– conforme a nuestros planes. Nuestra imaginación está constantemente planificando el día, para hacer más y más cosas. Nuestra memoria nos recuerda constantemente el eco que tuvieron nuestras obras: si fuimos aceptados o acertados en aquello que hicimos, si nos aplaudieron o nos abuchearon, si gustamos o quedamos fatal. Finalmente, nuestra inteligencia razona todo el rato cómo conseguir más, como ser más, como crecer más, empleando cualquier medio que sea necesario. Estamos a gusto en la medida en que nos salen bien las cosas y a disgusto cuando las cosas no van como nos parece…

Como diría Jesús, esto también lo hacen los paganos.

¿En qué se diferencia tu vida de creyente?

¿Te fías verdaderamente de Dios?

Toda una vida pendiente de lo que somos capaces de hacer. Activismo. Eficiencia. Eficacia. ¿De veras quieres creer en eso?

Piénsalo: uno no vale lo que es capaz de hacer, es mentira. Uno no vale lo que pesa su inteligencia, uno no vale lo que revela su cuerpo, uno no vale lo que transparenta su belleza.

El valor fundamental de la persona humana es el amor que Dios nos tiene a cada uno. Por eso somos capaces de amar a los demás, también cuando hacen cosas mal, o cuando no son el número uno, o cuando no son los más guapos ni las más guapas. Les queremos porque sabemos que son hijos de Dios y dignos de nuestro amor, independientemente de lo que tengan o de lo que hagan.

Hay un lugar muy concreto para aprender esta lección de amor de Dios: la Eucaristía, escuela de confianza en Dios. En ella recibimos el pan del cielo, don anterior a toda capacidad propia, regalo que supera cualquier disposición nuestra.

Lo dice Jesús en el evangelio de hoy: “Es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo”.

En la Eucaristía reconocemos el significado verdadero de la palabra gratuito: Dios nos da algo que está muy por encima de nuestras posibilidades. Dios se da a Sí mismo.

La Eucaristía es un don del cielo que nos enseña a vivir según la mentalidad divina, a fiarnos de Dios. ¡Qué importante que nuestra vida la guíe el hambre del Don del cielo! Vivir y fomentar el amor a la Eucaristía es el mejor modo de aprender a vivir por un amor que no pasa.

Nuestras acciones son efímeras, tienen fecha de caducidad. Hacemos algo y enseguida estamos deseando llevar a cabo un nuevo proyecto. Incansablemente activos. Eso está bien, si existe un deseo de algo mayor: el deseo del pan Eucarístico y del mismo cielo.

Cuando recibimos al Señor en la Eucaristía, aprendemos a vivir de Dios, a vivir con Dios y a escuchar a Dios.

Comulgamos… y ya no hay que pensar ni planificar nada más. Manda Él. Hemos llegado donde había que llegar. Con Dios. Con Él; en Él abandonamos todas nuestras cargas; comulgamos y renovamos nuestra confianza en Dios, el Pan que sacia toda hambre, pacifica todo corazón, aquieta toda alma.

Si somos capaces en ese momento de poner nuestra confianza en Dios… ¡cuánta paz en el corazón! Una paz insustituible, que es imposible encontrar en ninguna realización material o profesional.

¡Señor –decimos con los discípulos–, danos siempre de este pan!(Jn 6, 34).

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3 pensamientos en “SEÑOR, DANOS SIEMPRE DE ESE PAN”

  1. No sabes omo espero Hoy este Pan Lázaro….y si, cuando lo tengo en las manos le digo COGE TU MI VIDA SEÑOR….El sabe que por mi no puedo darle nada..siempre pienso con mi cabecita y El me dice que piense con la Suya….y que mi Voluntad se una totalmente a la suya….como lo mas natural como hija suya que soy..que no haga nada sin consultarle….y El hace las cosas siempre Bien y a su tiempo aunque yo no entienda nada…El lo hace siempre BIEN…este es el Camino de la eternidad verdad?

  2. Impresionante este párrafo:

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    Comulgamos… y ya no hay que pensar ni planificar nada más. Manda Él. Hemos llegado donde había que llegar. Con Dios. Con Él; en Él abandonamos todas nuestras cargas; comulgamos y renovamos nuestra confianza en Dios, el Pan que sacia toda hambre, pacifica todo corazón, aquieta toda alma.

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    Gracias un día más.

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