EL ESPÍRITU SANTO

Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad,

os guiará hasta la verdad completa

(Jn 16,12-15)

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Pulsando aquí puedes leer completo el Evangelio de hoy

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Un señor que cabalgaba seguro a lomos de su caballo tuvo un inexplicable percance y cayó al suelo de forma violenta.

Permaneció unos minutos inconsciente, pero enseguida se pudo constatar que no había que temer por su vida.

Una vez pudo tenerse en pie, muy preocupado, se dio cuenta que había perdido la vista.

Gracias a Dios la recuperó al poco tiempo.

Nunca un accidente de tales características pudo tener mejores consecuencias.

Sí, así es. Ese accidente le cambió la vida al protagonista y también a muchos de nosotros.

Al subirse al caballo el jinete se llamaba Saulo.

Al descabalgarse comenzó a llamarse Pablo.

Antes de subir era perseguidor de cristianos.

Al subirse tras la caida, más bien era él el que comenzó a huir defendiendo la Palabra de Dios.

La diferencia es que a partir de ese momento pudo decir a boca llena y con toda consciencia una frase que debería grabarse en nuestra mente:

“…Ya no soy yo, es Cristo quien vive en mí” (Ga 2,20)

Para completar la entrada de ayer, cuando hablábamos de una palmera seca, que sí tiene vida, hoy solo nos bastaría rumiar esa frase de Saulo-Pablo.

Cuando realmente brota la vida de verdad, es como aquella planta, cuando dejamos de existir como nosotros y dejamos que sea Cristo quien nos habite.

A ver, ¿pero cómo nos explicamos que Cristo habite en nosotros?, ¿cómo?, ¿dos cuerpos en uno?

Creo que es el momento de comenzar a hablar del Espíritu Santo.

Abundando en aquel acontecimiento que le ocurrió a Saulo cuando entraba confiado a la ciudad de Damasco, hay que recapacitar en lo que Jesús le dijo cuando se le apareció una vez que el jinete había puesto los lomos en tierra:

“Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”

El Señor no le preguntó “Saulo, ¿por qué persigues a los cristianos?”

Jesús y el cristiano son uno desde el momento en el que El nos dejó corporalmente para después enviarnos a su Espíritu a cohabitar en nuestro cuerpo.

Esa frase a Saulo define muy bien este concepto. Cristo está, a través de su Espíritu, dentro de cada alma en gracia.

En estos días Jesús nos está contando en el Evangelio su diálogo de despedida a sus discípulos. Hoy les comienza a advertir que volverá de otra forma, a través del Espíritu de la verdad.

Son cosas a las que nuestra razón le cuesta admitir, pero que nuestra fe tritura para que lo podamos asimilar.

En los próximos días y hasta Pentecostés trataremos de ir conociendo un poco mejor al Espíritu Santo.

Para empezar, comparto un texto recibido que lo define muy bien:

Santa Teresa llama a nuestra alma un castillo interior, un palacio. En ese castillo, palacio o templo vive “El dulce huésped del alma”: El Espíritu Santo.

¿Quién es el Espíritu Santo? Jesucristo le llama el Consolador. En nuestra alma vive el AMOR, vive allí de forma permanente, llegó a nuestra alma para quedarse.

“¿No sabéis que sois templos de Dios y que el Espíritu Santo vive en vosotros?” decía San Pablo a los primeros cristianos.

Su estancia en el castillo obedece a una tarea que debe realizar, se le ha encargado que haga de ti un santo ó una santa, un apóstol. Desde el primer momento de la entrada en tu alma, en el bautismo, se ha dedicado a trabajar a destajo, ha trabajado muchos años, se ha llevado muchos desengaños, porque hay que ver cómo nos hemos portado con Él.

Ha sufrido, posiblemente, el destierro, le hemos roto su obra maestra, como el niño malo que destruye de un puntapié el castillo que construye el niño bueno en la playa.

Y sobre las ruinas de nosotros mismos ha vuelto a colocar otra vez piedra sobre piedra, con una paciencia y con un amor tan grandes que sólo porque es Dios los tiene.

Él no desespera, más aún tiene abrigadas firmísimas esperanzas de acabar con su obra maestra contigo.

Él sabe que puede aunque tú no seas mármol de Carrara, sólo necesita algo de colaboración de tu parte o por lo menos que no le estorbes..

Los medios: la gracia santificante, las gracias actuales, sus inspiraciones, dones y frutos.

Lázaro Hades

3 pensamientos en “EL ESPÍRITU SANTO”

  1. Lázaro,como anillo al dedo me viene tu entrada hoy.
    Me maravillo de como sabes llegar al punto exacto de nuestras debilidades.
    Dios te bendiga.

    Un cariñoso saludo 😀

    1. Gracias Belén, pero prefiero hacer mía la frase del jinete caído, “no soy yo, es Cristo quien vive en mi”.
      Si te viene como anillo al dedo es porque Dios sí que sabe llegar a través de nosotros a las debilidades de cada uno.
      Muchas gracias por tu vuelta. Se siente uno más acompañado durante el camino.
      Un abrazo.

  2. Una fe auténtica y verdadera siempre debe acompañarse de una alegria sincera. No se debe decir que se tiene fe, si no se esta alegre, optimista, realista

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