EL FANTÁSTICO COCHE

…anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme.

(Mc 10,17-27)

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Cuando preparas la celebración del cumple de tu hijo pequeño, todo te parece poco para adornar la fiesta. Que si los globos, la tarta, las golosinas, el confeti… todo listo y dispuesto para una gran celebración que en una tarde ya se habrá acabado.

Luego, cuando todos se han ido, vuelves al lugar del evento, y todo presenta un aspecto desastroso: el suelo lleno de papelitos, globos por todos sitios, las chuches por el suelo… ¡menuda fiesta!

Ahora toca recoger.

Pues si eso es para una tarde, cómo me iba a encontrar yo esta mañana el tiempo litúrgico después del fiestón de 50 días que nos hemos dado los cristianos desde que resucitó el Señor hasta que tuvo a bien enviarnos su Espíritu.

Hoy retomamos el tiempo ordinario y otra cosa no se, pero orden y sentido no le falta a nuestra santa madre Iglesia.

No esperes encontrarte a nadie de resaca en el día de hoy después de tanta celebración. El Señor no descansa, creo yo que aquello de que “al séptimo día descansó” tiene que ser una leyenda urbana…

Volvemos hoy al tiempo litúrgico de casulla verde, un color de la vestimenta sacerdotal que no veíamos desde febrero y ahora nos acompañará todo el verano, alternando con los días de blanco y rojo de santos y mártires, hasta conducirnos hasta el Adviento. Parece lejos, pero verás qué pronto estamos hablando de ello.

En cualquier caso, lo que es más importante es la fuerza con la que retomamos las lecturas del Evangelio en este tiempo.

Hoy Jesús nos deja un mensaje muy contundente. Nos pide que lo dejemos todo para seguirlo a Él. ¿Todo? Esto me suena a lo que hizo San Francisco de Asís, pero ¿yo puedo hacer lo mismo?

Para entender mejor mi reflexión es bueno leer antes el Evangelio de este lunes, el octavo de tiempo ordinario. Pulsando aquí puedes repasarlo.

Al oír este pasaje en otras ocasiones me quedaba en la anécdota. Lo del camello que no cabe por el ojo de una aguja.

Pero no, el mensaje que Jesús nos deja hoy va mucho más allá. Es de esos días en los que puedes compartir el Evangelio con creyentes y no creyentes y sacar una conclusión de las palabras de Jesucristo.

Traslademos aquella parábola a nuestros días, a mayo de 2012:

Un joven pasea con su flamante coche deportivo descapotable, sentado en sus cómodos asientos de piel atravesando la avenida principal de una gran ciudad. En su espejo retrovisor cuelga un bonito decenario con una cruz dorada.

Hay poca gente por la calle, es domingo por la mañana. Nuestro protagonista vuelve de Misa. Suele ir temprano y muy a menudo.

Al fondo de la calle, cortando el paso a los rayos del sol, aún ascendiendo y trazando siluetas a pie en tierra, un hombre de unos 30 años, alto de pelo largo y barba, avanza con seguridad.

El joven detiene su vehículo y certifica lo que intuía de lejos. ¡¡Es Él!! ¡¡Se trata del mismo Jesucristo!!

Se baja rápidamente, y se arrodilla ante el Señor. Tras él unos sorprendidos discípulos que venían acompañando a Jesús. Tienen los ojos “como platos”, y eso que hasta alturas pocas cosas le sorprendían, pero es que un descapotable de esas características no lo habían visto nunca.

El joven es creyente, se lo hace saber a Jesús (cómo si Él no lo supiera; puedes leer mi entrada tu lo conoces todo), y le pide al Señor tranquilidad. Pues eso es lo que subyace tras su pregunta a propósito de saber qué le falta para conseguir la vida eterna.

Y Cristo le pide algo “muy complicado”. Que lo deje todo y que le siga.

El chico entiende que el Señor le está pidiendo que deje allí su cochazo y que se vaya andando. Que llame a un compra venta de coches usados, que lo venda y que le lleve el dinero esa misma tarde a Cáritas, que le hace mucha falta.

Con el ceño fruncido, se levanta, disimula haciendo como si le llamarán al móvil y se va hacia su carro para salir corriendo, no vaya a ser que el Señor, al que quiere mucho, le pida que venda también su iPhone último modelo…

Bueno, pues he aquí un dilema.

¿Qué haría yo en esta situación??

Jesús me pide que lo venda todo y que luego vaya y lo siga.

Entonces, Señor, si yo trabajo más horas de las que tiene el día, cumplo tus mandamientos (bueno, me pongo a ello todos los días), soy un hombre honrado, tengo la otra mejilla pidiendo “tiempo muerto”, práctico obras de caridad… pero ¡me gustan mucho los coches!, ¿no me puedo comprar uno?

Este tipo de Evangelio puede dar lugar a abusar de demagogia. Es fácil quedar bien “tirando de manual”. Sería sencillo entender que Dios no nos deja ningún resquicio a lo material y que en esto del cristianismo todo es humildad y obligaciones.

Lo es. Pero ser humilde no es echarse cubos de basura por encima y las obligaciones no son más que regalos que el Señor nos pone para alcanzar una felicidad que no entiende una razón viciada por lo tangible de lo material que cercena continuamente lo espiritual.

Muchas mañanas pienso que esto que hago al dar opinión y compartir mis experiencias en mi camino mientras aprendo a vivir en cristiano es como estar en la ribera de un río y cada mañana tengo invitación a cruzar al otro lado.

Tengo 3 opciones: quedarme en este lado sin moverme (es la más común), cruzar al otro lado por el hermoso puente de madera que hay habilitado para que todos pasen sin miedo (está muy bien, es por donde es más conveniente cruzar) o la tercera opción, que es la que tiene más chispa pero es un pelín arriesgada, ya que tienes que atravesar el río por unas piedras sobre las que hay que saltar de una en una a riesgo de mojarte un poco.

Es obvio que opto con frecuencia por la última y me atrevo a decir que yo, de ser el joven del cochazo, no me habría subido al mismo y dejado a Jesús con la palabra en la boca. Pero tampoco lo habría vendido.

A mi entender, Jesucristo me está diciendo hoy que nunca me apegue a algo material que me impida vivir junto a Él o que piense que le sustituye.

Me está diciendo que he de cumplir su mandamiento de amor, y por consiguiente todos los que le siguen, trabajando, siendo honrado y practicando obras de caridad como lo hacía el protagonista de la parábola, pero siempre me ha invitado a invertir mi talento y mis talentos.

Y Él no deja de decirme que no me haga dependientes de ellos para alcanzar mi felicidad. Que nunca me crea que ese es el camino.

¿Qué es lo que marca la dependencia de los bienes materiales, lo que te has gastado o lo que tira de ti la compra?

Si el chico tuviese un utilitario, pero es de los que pierden el sueño cada vez que al coche le suena un ruidito raro, o de los que se desviven cuando una paloma piensa que allí estaba el aseo, ¿no es más dependiente que el otro?

Entiendo que Jesús me pide hoy que me afane en no depender nunca de lo material, tenga el valor monetario que tenga. Me está diciendo que siempre sea capaz de caminar junto a Él y que sea consciente que el único vehículo que me ayuda a transitar por la vida es Él y la Palabra que cada día comparte conmigo.

Lázaro Hades.

5 pensamientos en “EL FANTÁSTICO COCHE”

  1. “Vender todos los bienes darselo a los pobres, despues ven y sigueme”.

    ¿donde tengo puesto mi corazon? ¿donde mi seguridad? ¿ donde mis afectos? etc.

    solo se que no puedo servir a dos señores, porque amando a uno, odio al otro.

    Quiero amar a Dios, de que forma, obedeciendo hasta la Cruz

  2. PAZ Y BIEN hoy me he desprendido un poquito de mis “basurillas” he puesto mi confianza en EL y sobretodo en nuestra MADRE MARÍA, me he desprendido por un día de mi dolor y ¿sabes? HOY TODO HA IDO MUCHO MEJOR. Hoy me siento llena de su PALABRA HOY ME SIENTO LLENA DE EL. Gracias miil veces gracias

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