OJO POR OJO

…se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’.

Pues yo os digo: …al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra;

al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto;

y al que te obligue a andar una milla vete con él dos.

A quien te pida da,

y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda.

(Mt 5,38-42)

.

Hoy Jesús en el Evangelio hace referencia a la ley del talión: ojo por ojo, diente por diente.

En su tiempo esta ley quería contener el castigo en sus justos límites y evitar que se tomara la justicia cada uno por su cuenta arbitrariamente. Había que castigar sólo en la medida en la que se había faltado.

Y viene Jesús y da un paso más allá, no quiere que se devuelva mal por mal. Quiere luchar contra el mal solo con el bien.

Nos dice que al que te abofetee la mejilla derecha, le ofrezcas también la otra…

¿Quién no ha dicho alguna vez que es muy difícil ofrecer la otra mejilla cuando te abofetean? 

Es más, ante el pasaje del Evangelio que leeremos a continuación, alguno podría decir que ni el mismo Jesucristo la ofreció cuando le abofetearon.

Conozco a algunas personas que se toman las cosas tan al pie de la letra que leyendo esta entrada me temo que se van a confundir un poco más… Pero precisamente para entender la enseñanza del Señor,  viene bien recordar ese momento en el que Él no puso la otra mejilla. Al menos de forma aparente.

El pasaje pertenece al Evangelio de San Juan. Estamos en la Pasión, (Jn, 18,21-24), quieren poner al Señor en apuros:

Entonces el sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de sus enseñanzas.

Jesús le respondió:

“Yo he hablado al mundo públicamente; siempre enseñé en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los Judíos, y nada he hablado en secreto.

¿Por qué me preguntas a mí? Pregúntales a los que han oído lo que hablé; éstos saben lo que he dicho.”

Cuando dijo esto, uno de los guardias que estaba cerca, dio una bofetada a Jesús, diciendo: “¿Así respondes al sumo sacerdote?”

Jesús le respondió: “Si he hablado mal, da testimonio de lo que he hablado mal; pero si hablé bien, ¿por qué me pegas?

El Señor nos dice antes que ofrezcamos la otra mejilla, y en el momento en el que a Él le dan una bofetada, responde preguntado porqué le pegan.

Tendré que leer más entre líneas porque últimamente recibo mucha exhortación a amar sin más, (el Evangelio abunda estos días en mensajes de amor y perdón), y hoy quiero detenerme en este tipo de mensaje, excusa para muchos, en el que se advierte cierta dificultad a practicar ese deseo de Jesús de que ofrezcamos más de lo que por defecto ofrecemos.

No se trata de poner la otra mejilla al pie de la letra. Se trata de aprender el espíritu de reconciliación, de no albergar sentimientos de represalia personal, no devolver mal por mal, sino cortar el brote de rencor hacia el hermano que nos invade en este tipo de  situaciones.

Jesús nos enseña a AMAR A TODOS, también a los que NO nos aman.

Pero Él no nos invita a aceptar sin más las injusticias sociales y cerrar los ojos ante los atentados contra los derechos de las personas. Ni Él mismo permaneció indiferente ante esa injusticia, la denunció, pidió explicaciones.

Pero al mismo tiempo nos enseñó que, cuando seamos objeto de una injusticia, no tenemos que ceder ante los deseos de venganza. Al contrario, es en ese momento cuando tenemos que saber vencer el mal con el bien, con amor. 

Como lo hizo Él, que agonizando pedía a Dios que perdonara a los que le habían torturado.

Con ejemplos de aquel tiempo Jesús nos pide que devolvamos actitudes envueltas en amor: si les pedían la túnica, que les dieran el manto. Si pedían se acompañados una milla, se les acompañaba durante dos millas. Si le pedían prestado uno, se les da el doble…

Hoy podría ponernos ejemplos similares e igualmente cotidianos: si no se nos saluda, nosotros saludamos. Si se nos pide prestado, lo damos sin pedir explicaciones. Si perdonamos, enseguida olvidamos. Si se critica a otra persona, nos mordemos la lengua y callamos. Si se nos invita al juicio, dejamos que sea el Señor el que juzgue…

¿Estoy dispuesto a vencer al mal solo con el bien?

Si me cuesta perdonar y moldear mi actitud impetuosa, pensemos que estamos aquí porque hemos decidido imitar a Cristo.

Adoptemos su actitud. Seamos personas de paz y de reconciliación.

Lázaro Hades.

6 pensamientos en “OJO POR OJO”

  1. Si tu hijo hace alguna trastada, quiérelo más, no le reprendas, sobre todo escúchalo…
    Tu padre solo vive para el trabajo y te tiene olvidada, ámalo, en cuanto llegue dale un abrazo…
    Son sólo ejemplos, pero la cuestión es responder siempre con amor, y por amor…

    Si somos insultados respondemos con bondad, calumniados, ridiculizados…, respondemos con amor. Esta es nuestra entereza, la de la cruz gloriosa. Llevando en nuestro cuerpo el morir de Jesús.
    ¡Somos condenados a muerte!, así que cuando nosotros morimos, el mundo recibe la Vida.

    Nuestras vidas tienen que ser testimonio vivo de que, a pesar de nuestra fragilidad y caídas, por encima de nuestros pecados, está Jesucristo, está el Amor de Dios.

  2. Uy Lazaro que bien me viene lo que escribes..devolver bien por mal…solo en el Espiritu se puede hacer esto…Imitar se me dá bien pero sin el Espiritu No puedo imitar a Jesus…prefiero que sea el mismo Espiritu en Mi el que haga que sea El mismo, el que actue a través de mi……solo dejandonos llevar por el Espiritu podemos llevar a cabo su Obra…soy como la higuera seca sin fruto que apenas puedo dar sin SU Permiso….por eso creo que al recibir malos tratos tengo que dejarle a El que actue…..en mis fuerzas y mis intenciones puramente humanas no soy capaz…..Pero El en mi debilidad Vaya si lo consigue!! y toda la Gloria para El….

Deja un comentario