¿CÓMO EXPLICAR A UN NIÑO TEMAS DIFÍCILES?

LA POBREZA Y LA RIQUEZA

“¿Por qué hay niños que no tienen qué comer y otros, que hasta rechazan la comida?”

Los bienes de la tierra como todo lo que está al alcance del hombre, pueden ser bien o mal usados.

El hombre necesita de las cosas materiales porque en sí mismas son un bien que le permite vivir.

El hombre tiene derecho a un mínimo bienestar para él y su familia y, lamentablemente, existen muchas personas que no lo tienen.

¿Por qué? Porque el hombre puede caer en un uso egoísta de los bienes, dejarse invadir por un deseo de tener y tener más, descuidando el bienestar ajeno.

Así surgen las desigualdades sociales que son un gran mal para la convivencia de los hombres, porque generan resentimientos, guerras y dolor.

La frase “pobres han existido siempre” no vale como justificativo para cruzarse de brazos, aunque también es ilusorio pretender una igualdad absoluta: hay personas que como fruto de su esfuerzo lograrán más que quien se “duerme en los laureles“.

Es indispensable que los adolescentes lo sepan para que en su natural afán de corregir el mal no caigan en la condena rápida de los que tienen más. Si bien hay personas que se han enriquecido de mala manera, hay muchas más personas que han creado y siguen creando fuentes de trabajo para los demás pagando sueldos justos y preocupándose del bienestar de quienes trabajan bajo su jerarquía.

El hijo está en edad de entender la pobreza como una responsabilidad personal y no sólo como responsabilidad de un tipo de gobierno o de las instituciones de beneficencia.

Al niño hay que educarlo desde pequeño para que no se amarre a las cosas materiales, para que no mire con envidia, codicia o desprecio al del lado.

Si desde pequeño aprende a amar la sobriedad y el desprendimiento, entenderá en el futuro que su trabajo es la mejor forma de contribuir al mejoramiento material de la vida de sus semejantes.

El afán de riqueza daña desde dos ángulos: hace esclavo de lo material y por lo tanto, quita libertad; en segundo lugar, priva de la alegría de compartir.

El dinero debe ser usado con mucho respeto, jamás derrochado y siempre bien empleado porque representa el trabajo del hombre….

EL FRACASO

“Mi padre ha perdido su trabajo…” “Papá, he fracasado en el colegio…”

En primer lugar hay que recordarles que los hombres somos seres humanos y no dioses.

Por eso, las cosas no siempre nos resultan como quisiéramos.

Podemos fallar, pero tenemos que tener claro que cuando se fracasa no se pierde absolutamente nada de nuestro ser: seguimos siendo hombres capaces de emprender.

Muchas veces, cuando todo resulta bien, se empieza a confiar excesivamente en las propias capacidades.

Si las notas del colegio son muy buenas, se cree que es gracias a la inteligencia y no al esfuerzo. Entonces una mala nota puede venir “de perilla” para volver a tomar el correcto camino y dejar de autovalorarse.

El fracaso tiene dos aspectos que vale la pena considerar:

· Puede dar nuevas fuerzas para empezar otra vez una tarea que no resultó.

· No se sabe si el fracaso traerá sólo consecuencias negativas. Puede traer ocultas muchas cosas positivas que en el momento mismo no se perciben, porque se está cegado por la pena o la rabia de haber fallado.

También hay que entender que si no se fracasara jamás, no se necesitaría tampoco la ayuda de los demás. Serían todos los seres humanos autosuficientes y quizás, serían innecesarias las familias.

Al no conocer el fracaso, sería difícil comprender y ayudar al que fracasa. Por esta razón, en la adolescencia se es muy duro para juzgar: no se perdona con facilidad el error ajeno. Esto es porque se ha fracasado poco. Cuando se es mayor, se comienza a ser más indulgente, a perdonar con más soltura porque ya se ha probado en carne propia el error.

Hay un solo fracaso: cuando el hombre no quiere seguir luchando, cuando la persona se cansa de perseguir ideales, cuando renuncia a la capacidad de combate que es propia del ser humano. Cualquier otro fracaso es simplemente una piedra en el camino, que puede servir para vencer obstáculos más grandes del futuro.

10 razonamientos sobre el fracaso:

  1. El fracaso no significa que soy un fracasado; significa que todavía no he triunfado.
  2. El fracaso no significa que no he logrado nada; significa que he aprendido algo.
  3. El fracaso no significa que he sido un tonto; significa que tuve suficiente fe para experimentar.
  4. El fracaso no significa que he sido un desgraciado; significa que me atreví a probar.
  5. El fracaso no significa que no lo tengo; significa que lo tengo de una manera diferente.
  6. El fracaso no significa que soy inferior; significa que no soy perfecto.
  7. El fracaso no significa que he desperdiciado mi tiempo; significa que tengo una excusa para comenzar otra vez.
  8. El fracaso no significa que debo darme por vencido; significa que debo tratar con mas ahínco.
  9. El fracaso no significa que nunca lo haré; significa que necesito mas paciencia.
  10. El fracaso no significa que Dios te ha abandonado; significa que El debe tener una mejor idea para mi.

ENFERMEDAD, DOLOR Y MUERTE

“¿Por qué murió la madre de mi amigo?”

Cuando un ser querido sufre por los dolores de una enfermedad o cuando muere alguien a quien se ama mucho, el hombre se pregunta: ¿por qué existe el padecimiento?, ¿por qué no vivimos en un mundo donde nadie sufra? Muchas veces, incluso, la realidad del dolor y la muerte nos sorprende porque vivimos en una época donde la medicina ha progresado mucho y las guerras -por lo menos en esta parte del planeta- no azotan a las familias como antes. Pero no debemos jamás olvidar esta verdad: todos moriremos y debemos confiar en que la muerte llegará en el mejor momento para cada cuál, aunque nos cueste aceptarlo.

El padecimiento personal -por dolor o enfermedad- debe ser entendido como una oportunidad de cambio, como un golpe duro que permite darse cuenta de muchas cosas, de valorar a las personas y a los bienes materiales con otra medida. El dolor permite transformarse. Por eso, las personas que logran sanar después de una enfermedad larga y dolorosa dicen que gracias a ella aprendieron a mirar el mundo con otros ojos: menos materialistas, mucho más humanos.

Por otra parte, si el mundo fuera perfecto y no existiera el sufrimiento, los seres humanos no tendrían nada que superar. Su vida se reduciría a la inutilidad absoluta. El hecho de tener que salir a trabajar para ganar dinero y comprar comida es una forma de evitar un dolor: el hambre. La muerte, en este contexto, es un plazo que nos fuerza a aprovechar la vida para sacar de ella lo mejor.

Del dolor muchas veces nace el amor. El parto, el dar vida a otro ser, sólo puede ser posible a través de él. Así, a lo largo de la historia, el amor siempre ha vencido al odio que provoca sufrimientos.

Cuando hay más dolor en el mundo, los seres humanos tienden a sacar de sí un enorme potencial de amor. Por eso, no debe extrañarnos que ese niño o niña que ha perdido a su padre o a su madre, saque de sí una madurez muy grande y un potencial de afecto insospechado.

Cuando alguien muere, sus familiares y amigos sufren por la separación. Se rebelan contra la muerte. Sin embargo, hay que pensar que la muerte es la separación del cuerpo y del almaEl cuerpo, por ser material, se desgasta, se corrompe como todo lo compuesto de materia. El alma, que no es material, jamás muere, sigue existiendo y por eso, cuando llega el momento de que el cuerpo desaparezca en la tierra, el alma vuelve junto al Creador.

Comienza una nueva etapa, una vida sin fin. 

¿Cómo hablar con ellos ante la pérdida de un ser querido?

No pretendas tener una respuesta para todas las cosas. Admite que no comprenden por qué o cómo hace Dios lo que hace.

No ofrezcas frases hechas o trilladas sobre la muerte y el sufrimiento.

No sugieras que si el niño fuera más espiritual o estuviera más cerca de Dios, el dolor sería menor. No obstante, es preciso hacer todo lo posible para darle un mensaje evangelizador y presentarle a Cristo. Confiaremos en que Dios hará su obra.

Hazle saber al niño que te interesa y que quieres ayudarle. Anímale para que te hable de su pérdida y sus sentimientos al respecto. Se escuchar con paciencia. Es una gran ayuda la de poder descargar los sentimientos cuando se está afligido.

Hazle saber que es bueno el expresar los sentimientos de culpa, ira, confusión o desesperación. Esos sentimientos no debe reprimirlos el niño ni rechazarlos el consejero. Anímale para que te hable sobre cómo se siente.

Dile que las cosas que está experimentando son con frecuencia normales en el proceso de la aflicción y que la aceptación y el remedio llegarán, aunque es posible que tarden en hacerlo. Dios quiere llevar nuestras aflicciones y pérdidas y darnos consuelo, esperanza y aliento.

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