LOS SANTOS Y LOS MUEBLES DE IKEA

Hace poco he vuelto a comprar en Ikea. Se me había olvidado ya mi última experiencia.

Por si aún hay alguien que no la conozca, quiero aclarar que Ikea es una tienda sueca de muebles desarmados y artículos de decoración de esos de los que ni te imaginas que necesitas antes de entrar a la tienda y que te parecen imprescindibles cuando sales con ellos en el carrito.

Lo que más llama la atención son los muebles. Vas por la teledirigida exposición y ves unos prácticos dormitorios y unos enormes armarios en los que cabe todo lo no te cabe en casa (aunque ya esté dentro en ella). De esos de los ve tu mujer y te dice, “Te das cuenta cariño? Ese es el nos hace falta para meter toda la ropa…” y tu dices, (en voz bajita, claro) “ya, pero si no hubiésemos comprado tanta ropa no necesitaríamos el armario…“.
El caso es que los ves allí tan bien montados, a tan buen precio y con el único inconveniente de anotar el nombre tan creativo y sueco como el inventor del mueble que, como además te dan lápiz y papel, acabas sucumbiendo.

Unos cuantos kilómetros más adelante, y digo kilómetros porque seguro que mientras pasas por el mismo sitio te van cambiando la exposición, porque sino sería imposible que dando tantas vueltas sobre ti mismo veas tantas cosas, recoges el enorme mueble que has visto antes, ahora en una pequeña y larga caja y de ahí, al coche (si cabe).
Llega el fin de semana. A montar el armario ikeano!
Abres la pequeña caja pensando que el armario se desplegará como si se tratara de una tienda de campaña de las que se montan en 2 minutos (que también tienen estas su aquel) y cual es tu sorpresa que lo que te encuentras es un montón de tablas, tornillos, metales, piezas pequeñas, tubitos y unas diminutas llaves con lo que se supone que usándolas, todo eso se convertirá en un armario.

Pues bien, una vez hecha esta larga introducción, he llegado a la conclusión que los Santos son como los muebles de Ikea.

Llevamos toda la vida oyendo que hemos de ser santos. Pues para ser santos, uno se dispone a ir a una exposición donde haya muchos.

Te diriges a lugares sagrados que gracias a Dios hay más que tiendas de Ikea, aunque desgraciadamente menos concurridos, y allí están todos.

Pasas mirando y rezando. Observas un precioso San Luís, un Don Bosco con su impecable sotana, te llama la atención ese San Judas Tadeo con su túnica verde, Santa Teresa de Ávila y su misticismo, hasta el humilde San Francisco de Asís se muestra imponente. Y qué decir de las advocaciones marianas, preciosas imágenes de nuestra madre que podemos contemplar.

En definitiva, que los ves y te dices. Pues yo quiero ser como ellos. Ya está. ¿Qué tengo que hacer?. Me quedo con el nombre, y eso sí, aquí el tema del cobro funciona de otra forma, en este caso por la gracia de Dios, todos están a tu disposición para echarte una mano solo a cambio de un puñado de oraciones.

Y llegas a tu casa, te sientas en el sofá (de Ikea) y te preguntas, ¿y cómo voy a ser yo como San Juan Bosco??. Te lees las instrucciones: saltimbanqui, mago, humilde, fuerte, robusto, amigo de los jóvenes, siempre al lado de los niños pobres, junto a los enfermos y los ancianos…fundó los Salesianos y encima decía que ¡María Auxiliadora lo había hecho todo!

Y con semejante ayuda y atributos, ¡¡¿¿cómo voy yo a ser un santo??!!

¿Te das cuenta? Estoy en el mismo punto que cuando iba a montar el mueble de Ikea.

Pues las dos cosas se hacen. Ambas cuentan con un libro de instrucciones bien clarito.

Y la que nos ocupa, que es la de ser Santos, comienza como la de los muebles, por las cosas más pequeñas.

A ser santos se comienza, por ejemplo, simplemente esbozando una sonrisa gratuita, donde nadie te la pide, donde te cuesta darla.

Jesucristo, haciéndose hombre y llevando una vida normal como la nuestra durante 30 años, nos enseña que ser santos se alcanza en lo normal. Ser santo no es hacer cosas raras: el santo es el que reconoce humildemente que no ha podido con aquello, el que se ríe de si mismo, pide ayuda, el que cada día “se resetea” olvidando lo que ocurrió ayer e intentándolo de nuevo, y siempre apoyado en la ayuda de Dios más que en sus propias fuerzas.

Lo pequeño es importantísimo, comencemos por ahí a amueblar nuestra vida.

El eslogan que han puesto en el catálogo de Ikea este año no está manipulado, está puesto para nosotros: ¡a la conquista de tu espacio…interior!

Bienvenidos a la santidad, la república independiente de tu interior.

Lázaro Hades.

10 pensamientos en “LOS SANTOS Y LOS MUEBLES DE IKEA”

  1. Lázaro,nunca imaginé que pudiera sacar tanta miga del Ikea…y el otro día de una quiniela 😀
    Eres fantástico y disfruto mucho leyéndote.
    Un cariñoso saludo.

    1. Me alegra mucho ver nueva gente que se acerca al blog. Es importante además que esos mensajes que Dios quiere que nos lleguen a través de mi teclado os resulten enriquecedores.
      Muchas gracias y bienvenida.
      Abrazos y bendiciones!

  2. Querido Lázaro, eres un crak (como dirán mis hijos).
    Es tal y como lo dices, el armario se monta utilizando pequeños tornillos y llaves minúsculas.
    Ese es el secreto, precisamente lo que no se ve.
    Caminamos como ciegos que ven. y no somos capaces de ver los elefantes que tenemos delante.
    Gracias.

    1. El crack es Dios que nos hace caminar a nosotros con lo que le hacemos sufrir…
      Me alegra que te guste lo que escribo, pero más aún que no te quedes en el envoltorio que le pongo a los mensajes. El objetivo es hacer amena una reflexión constante sobre nuestra fe.
      Abrazos y bendiciones!.
      Ah, esta semana tus hijos estuvieron en mis oraciones.

  3. Me ha gustado muchísimo estas reflexiones, tan sencillas, tan reales, tan bonitas. Pienso que son un medio muy bonito de animar a mucha gente que cree que la santidad es algo raro y fuera de nustro alcance. Con la Gracia de Dios todo es posible. Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Vivamente deseo (y así lo pido) que todos deseemos vuscar a Cristo, que lo encontremos y que lo amemos.

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