¡NO TE DUERMAS!

Volvemos hoy a las comparaciones para razonar. Siempre comienzo a escribir con el objetivo de que mis textos no superen las 900 palabras para no resultar pesados, hoy lo tengo difícil.

En julio de 2011 hice una entrada que resultó bastante gráfica para algunos. Si ya la leíste, te animo a ver esta nueva versión de LA CAFETERA que hoy traigo. Si es la primera vez, espero que no te duermas.

Una mañana, observando cómo se hacía el café, llegué a la conclusión que mi vida de cristiano es como ¡una cafetera!

Mientras lees puedes observar este gráfico que muestra el simple funcionamiento de una cafetera clásica y así poder explicarte la experiencia de un cristiano dormido…, que hoy está despierto.

En esta comparación, yo soy la cafetera.

El funcionamiento es simple: echar agua, añadir café y poner a hervir.

Echar agua en la cafetera. A mi me la echaron en el cogote, con el Sacramento del Bautismo recibí al gracia. La cafetera y yo, en lo más profundo de nosotros ya tenemos lo imprescindible para comenzar a producir…

Añadir café. Va en el siguiente depósito de la cafetera. Mi siguiente hueco lo cubría la educación  cristiana que recibí. Ya he comentado varias veces que este asunto no es baladí, pues si dudas qué educación dar a tus hijos, el ideario católico a esas edades no restará opciones para decidir más adelante qué camino tomar.  Si puedes elegir entre un café de marca blanca y uno de Colombia, de esos que ya jubilaron a Juan Valdez, ¿con cuál te quedas?. Por tanto, el café, de calidad.

Una vez que tenemos los dos ingredientes principales para el cristiano, la gracia y un ideario de fe; y en la cafetera, el agua y el café, tiene que ocurrir algo para que se precipite el proceso de dar frutos personales en la vida interior de cada uno: la cafetera tiene que entrar en contacto con el calor.

Si no hay nada que inicie el hervor del agua y la haga subir por el conducto que la incorpora al café, no se generará la mezcla adecuada, el cristiano permanecerá dormido.

En mi caso, la cafetera sentía el calor, pero a medio gas, no era suficiente. Estaba dormido porque pensaba que con contactos esporádicos con Dios, muchos de ellos “por cumplir”, era lo suficientemente cristiano como para hacer café.

Pues no, el agua hervía pero no con la fuerza necesaria para superar el nivel.

Pueden pasar muchos años sin la fuerza necesaria para superar ese nivel. ¿Cómo avivar el fuego para que el agua hierva con más fuerza? Con oración, compartiendo experiencias, viviendo la fe en comunidad, acercándonos con amor a los demás, leyendo e interpretando el Evangelio, … es necesario sacudir nuestro interior, no lo agitaremos si barnizamos nuestra pírrica práctica con manifestaciones que solo colmen nuestra consciencia. No basta con ser fervorosos seguidores de las procesiones de Semana Santa, hacer peregrinaciones, llevar un rosario en el espejo retrovisor o hacer rezos esporádicos cuando sufrimos. Estos gestos siempre son bien acogidos por Dios, faltaría más, pero son insuficientes para disfrutar de ese embriagador aroma se destapa cuando el agua fluye.

Puede que a través de un acontecimiento puntual, como fue mi casose genere un encuentro con Dios determinante. Te aseguro que este acontecimiento se producirá cuándo y dónde menos te los esperas.

Igual estás viviendo ese encuentro en estos momentos y aún no eres consciente. Tu agua interior está hirviendo y fluyendo ahora y a lo mejor no sabes lo que Dios está haciendo en ti. Por experiencia, te diría que solo te dejes llenar y que no te de miedo acercarte al fuego.

Yo lideraría un ranking de escépticos, pero amigo, cuando la gracia de Dios dice a llenarte de su agua, abre la cafetera, que eso no te pide mucha razón… y te olvidarás del ranking y de muchas cosas más.

Me contaba el hijo de un aficionado a la caza, que un día le pidió a su padre poder acompañarle al puesto desde donde solía disparar. Sin ser un experto, creo que esto del puesto debe ser un buen rincón en plena naturaleza donde despliegas tu banquito, te camuflas y te pones a disparar a diestro y siniestro.

Mi amigo me decía que su padre desplegó el asiento… y también su libro, y se puso a leer. Perplejo observaba que por allí no pasaba ni una perdiz, que aquella tarde serían las sacrificadas. ¿Y dónde comprará papá las perdices que nos trae cada domingo a casa? Porque aquí cazar, lo que se de dice cazar…

A la hora y media de estar allí pasó (en el argot se dice “entró”) una perdíz. Disparo, y al zurrón. “Ya está bien, hijo, volvamos a casa”, decía el padre satisfecho. “¿¿Casi dos horas allí para esto??” Exclamó el sorprendido y defraudado niño.

Mi amigo, hoy religioso con vida consagrada, y con hábito (recuerda que somos muchos los que sin él podemos consagrarla), me compara esta situación con la oración, con esos momentos largos en los que meditas orando y esperando que Dios te de una señal y… la perdiz no entra. Momentos en los que acudes a El y parece no oírte.

Aquí hemos de tirar de la experiencia del padre de mi amigo y confiar en el Padre de todos. Esperar, saber oír donde aparentemente no se está diciendo nada, soportar con estoicismo la insoportable persistencia del “innombrable” que te tienta para plegar tu banquito y volver a casa, invitándote a “comprar” esos pájaros para que te creas cazador.

Bueno, bueno, que yo estaba hablando de la cafetera y del proceso…

He puesto esta segunda comparación para que entiendas que seguro que tu agua está hirviendo, por eso estás leyendo esto, que tienes café de calidad y soportando en Cristo lo que entiendes por dificultades, llegará un momento en el que subirá el agua (la gracia) hasta el final del conducto, mezclada con la fe, y brotará esa aromática, estimulante, atrayente y sabrosa mezcla que, ojo, se queda dentro de ti y ahora tú debes ir dosificando, taza a taza, a los demás para que disfruten del aroma y del sabor de Cristo.

Si te falta agua, sabes donde hay fuentes abiertas a diario, el horario de dosis lo ponen en la puerta de madera que suele flanquear la entrada: iglesias y misas.

Busca fe, café, de calidad. Representantes del café que nos da la gracia hay muchos, apóyate en ellos: religiosos formados, laicos comprometidos, fraternidades de hermanos sinceros con la fe en “carne viva”, o a través de la red que nos une a cristianos de todo el mundo.

Después de todo esto, una vez que desperté, llegué a la conclusión que disfrutar del café es una buena fórmula para no volver a quedarse dormido.

¡Oh, no! Me he pasado, 1.141 palabras!

Lázaro Hades

5 pensamientos en “¡NO TE DUERMAS!”

  1. Dios mio Lázaro,con lo que me gusta el café,jamas se me hubiera ocurrido compararme con una cafetera 😀

    Benditas sean tus comparaciones,eres genial 😀

    Un cariñoso saludo y gracias por las mil y pico palabras,con aroma del mejor café 😉

  2. que bien me lo paso aqui…ja ja ….es fenomena la cafetera……si me dejas diré que la sonrisa es un ingrediente para buscar calor..y asi dar a la ebullicion un ritmo simpatico…….
    La verdad es que creo que mi cafetera puede dar un Buen Café….aunque no soy demasiado cafetera..pero estoy rodeada de cafeteros!!! que ingenioso eres….

  3. Oye chaval, estás hecho un experto en parábolas. Lo dicho en mi último comentario, haces que las cosas se entiendan muy bien y acabas siempre con una gran aplicación. Dios te bendiga. Mi alabanza de nuevo por ese don recibido. Un abrazo

  4. LLevo varios dias preguntandome ¿PORQUÉ? tengo mucho doloror y aunque intente olvidar ese dolor no puedo. No me concentro en mi oración veo que puedo llenar tazas de café pero la mia está vacia ¿PORQUE? . ¿Porqué algunas cosas suceden porque DIOS QUIERE? y otras cosas pasan porqué tiene que pasar. Ejemplo las cosas buenas pasan porque Dios quiere y las malas porque tienen que pasar. Acabo de estar con unos padres que han perdido a su hija hace tres meses con quince años ¿PORQUE?,Tengo a mi hijo scon veintidos años sentado a mi lado que no puede tirar de su cuerpo que me sonrie y me dice ¿PORQUE? y yo digo con la boca pequeña HAGASE TU VOLUNTAD Y NO LA MIA

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