LA VID, EL SARMIENTO… Y LA PODA

Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta,

y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto

(Jn 15,1-8)

Esta es una frase extraída del Evangelio de hoy,

puedes leer el texto completo pulsando aquí

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¿Otra vez? ¿De nuevo Jesús nos habla hoy de la vid y el sarmiento?

Muy torpes nos tiene que ver el Señor cuando insiste tanto con este mensaje que nos viene dando desde hace 4 días.

Es como ese profesor que después de haber dado la lección al completo y cuando todos creen saberla, vuelve a abrir el libro por el principio para volverla a explicar.

Pues sí, como decíamos hace unos días, cada jornada, aún con el mismo texto evangélico, Jesús nos dice cosas diferentes.

Si bien el otro día, con este mismo Evangelio el protagonista fue ¡un cocodrilo!  (léelo pulsando aquí), hoy parece que nos habla de otro asunto.

Hoy hablamos de la poda.

Se trata de un proceso del que es mejor hablar después, y no durante, el tiempo en que la estás experimentando.

Pero, ¿qué es esto de la poda?

Todos hemos tenido experiencias en las que hemos vibrado con nuestra relación con Dios. Momentos en los que verdaderamente te sientes como una ramita injertada en el tronco de la Vida. De la Vida que emana de un corazón enraizado en Dios.

Son etapas en las que te puedes ver como una rama de vid llena de hojas y de uvas, dispuesto a dar y disfrutar todo lo que tienes.

Hace tiempo alguien me expresó su deseo de que lo que sentía hacia Dios también lo experimentase alguien muy querido para ella.

Pedía consejo para que le transmitiese cómo convencer a un familiar para que se acercara a Dios.

La respuesta fue que se olvidara de él. Que no se preocupara por su allegado.

Sorprendido el interlocutor ante la respuesta pidió alguna explicación más.

Insistí en el consejo. “No te preocupes por él ahora. Ocúpate de ti y no te alejes de tu ser querido. Pide a Dios que en ti sigan brotando hojitas para que seas una de las ramas más hermosas de ese árbol en el que estás injertada. Procura que esas hojas estén siempre verdes y relucientes, desprendiendo un agradable y embriagador olor: el olor de Cristo… Con esto, y estando en las manos de Dios, es muy probable que despiertes en tu ser querido el deseo de descubrir de dónde proviene ese cautivador aroma “

A juzgar por la cara que puso, no sé si el interesado salió de aquella conversación con las ideas claras, pero lo cierto es que coincidimos a los pocos meses.

Me comentó, alegre, que hacía unos días vio entrar a su hermano en una capilla donde pasó unos minutos en presencia de Dios.

“¿Hablaste con él, le dijiste que fuera?” -le pregunté- “No, ha ido él solo…” -contestó-

Lo aprendido en este caso es que no debemos ser intervencionistas en la labor que Dios quiere hacer en cada uno de nosotros. Los planes y la dosis de Gracia, la reparte Dios en la medida que Él estime.

Lo que nosotros podemos, y debemos, hacer es insistir en llenarnos de su aroma e ir por la vida desprendiendo su olor. Esa es la mejor forma de “convencer” a quienes aún no se atreven a llegar a Él.

Solo impregnados de la savia que recibimos sintiéndonos injertados en su tronco será suficiente para que Dios vaya dirigiendo nuestras vidas, y no seamos nosotros lo que organicemos nuestros planes… y los de los demás.

Ocurrirá también que te sentirás muy bien una vez que veas que el fruto que la Gracia de Dios da en ti genera consecuencias en los demás.

Esto te hará a su vez, saberte consciente de su presencia y vivirás momentos vibrantes en tu relación con el Señor.

Pero…

“… todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto”

Llegará una época en la que no terminan de salir esas hojitas que antes salían de la rama con tanta facilidad, que donde había verde, ahora solo manda el gris, que donde había oxígeno a raudales ahora falta el aire… que donde veías a Dios, ahora no lo ves.

No es que hayas dejado de dar frutos, pero ya no salen igual que antes. Es el momento en el que Dios, con el disfraz de jardinero paciente, te limpia para que des más fruto. No te corta y se desprende de tí, sino que te poda. Son esas etapas en las que vives momentos de desaliento, sufrimiento, cansancio… pero que no han de servirte más que para valorar lo bueno que tenías y que tendrás cuando vuelvan a salir las nuevas hojas verdes.

Este proceso se repetirá a lo largo de tu vida, con la ventaja que aunque cada poda sea dolorosa, la rama, tu interior, cada vez será más fuerte y más consciente en el siguiente proceso de limpieza.

Si estás siendo podado, toca saber que es un proceso finito y beneficioso estando en las manos de Dios. Paciencia.

Si estás dando frutos… hoy es un buen día para ir desprendiendo su aroma.

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Lázaro Hades

4 pensamientos en “LA VID, EL SARMIENTO… Y LA PODA”

  1. Aunque todavía me siento decaida…a ti no te puedo fallar…por tu cariño y tus palabras.

    ¡¡¡GRACIAS LAZARO!!!

    Un cariñoso saludo.

  2. Me gusta cuanto dices…en tiempo de poda no es conveniente hablar….a mi me hizo hace 4 años una PODA inmensa…y vaya si salí fortalecida!!!!! Ya no me asustan las podas…pues en cada una de Ella El se hace mas en Ti…..y ahora me siento y me sé mas suya que antes…..El actua en los detalles mas inverosimiles y siempre la sonrisa mas agradecida…incluso sufriendo…pues sé que es El!!!
    Con La Virgen es este Mes de Maria aprendo a guardar con celo y pudor las cosas que aún me cuesta entender y van creciendo en el silencio interior……un Don precioso que me prepara para Pentecostés!!

  3. Que bien lo explicas todo. Llevas los sentimientos a palabras, de una manera extraordinaria. Que Dios te bendiga. Continúa haciendo lo que haces. Iluminas corazones. Gracias.

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