PALMERA SECA ¿NO TIENE VIDA?

Os conviene que yo me vaya

(Jn 16,5-11)

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Aquella mañana el dueño de la casa se apresuró a ordenar a su jardinero algo que parecía inevitable: “Ha muerto. Está completamente seca. No sirve más que para afear mi precioso jardín. ¡Córtala!”.

Las palabras del propietario de aquel increíble vergel parecían certificar el final de aquella palmera sin vida.

Atrás quedan tiempos de esplendor de la que fue reina del jardín.

Al principio parecía ser el cisne protagonista de un revival del “patito feo”. Nadie entendía cómo, en aquel patio de frondosos arbustos, tuviera que tener cabida esa fea, incómoda y pequeña palmera que tanto tardaría en dar sombras.

Sin embargo ella, a medida que crecía, con la seguridad que iba dando la verticalidad de su desarrollo, se comenzaba a sentir segura de si misma y orgullosa de sus hermosas palmas que daban sombra a cuantos se paseaban por aquel espacio, ensalzando la belleza del entorno.

Cada mañana el sol salía por su lado de jardín y esta comenzó a pensar que lo hacía solo para ella.

Comenzó a sentirse deseada por muchos de los que se cobijaban en su regazo y llegó a pensar que el mérito era suyo, olvidándose que aquellos metros de sombra no serían tales sin el sol que la acompañaba.

La palmera se autoproclamó reina del jardín y su belleza exterior le pareció suficiente para sentirse plena.

Quizá le ocurriría lo mismo a aquella higuera del Evangelio a la que Jesús se acercó buscando algo que comer pero no encontró nada más que hojas….

No hay que rebuscar mucho para acabar encontrando muchas vidas de cristianos que encajen en el modelo de esta palmera.

Creces verticalmente y te olvidas del interior.

No te importa invertir o sacrificarte con continuos cortes exteriores como los que les realizan a estas plantas para crecer para arriba y tener mejor aspecto de cara a los demás.

Hasta que un día, miras para arriba y no hay nada. Miras para abajo, y te da vértigo. Miras hacia dentro, y no hay nadie.

Es cuando se produce el crack. Todo se viene abajo, proyectos, ilusiones efímeras, amistades interesadas, personas que te amaban olvidadas…no hay vida, todo parece acabado…

Es en ese momento cuando solo queda un mínimo espacio, el que puede ocupar Dios… si le dejas.

Cuando el jardinero se disponía a cercenar aquella planta sin vida aparente, pareció ver algo verde en su extremo más alto. Tuvo que valerse de una larga escalera para certificar el extraño fenómeno. ¡Estaba volviendo a brotar, había vida!!

La vida que esa palmera creyó tener tuvo que morir en si misma, y las claras muestras de deterioro exterior fueron las que le hicieron ver que todo era estructura vacía.

Parece necesario morir en nosotros mismos, desposeernos de lo que creíamos que nos llenaba para dejar entrada a Dios, el jardinero paciente.

Cuántos cristianos nos encontramos así, con una apariencia frondosa, con verdes y llamativas palmas que adornan el exterior pero  secos en el interior.

Llenos de deseos de aprobación y adulación de los demás, de buena fama, de imagen y reconocimiento de todos.

Se crece, por fuera y por dentro, evitando la superficiliadad, la ligereza, el apresuramiento, lo ostentoso… aunque creas que en ese momento es lo que te dará triunfo a tu alrededor, dentro y fuera de la Iglesia.

Huye también del cristianismo que florece solo en las hojas del activismo o que cumple protocolariamente los mínimos necesarios para no rozar el pecado, pero que no tiene verdaderos frutos, porque no se alimenta de una verdadera savia interior rica y fecunda.

Afánate en cuidar unas raíces profundas y escondidas, hundidas en la oración, alimentadas de la práctica de virtudes que el alma necesita para fructificar frutos abundantes y sabrosos.

Aunque no se vea, es la fidelidad al Señor, escondida y a veces monótona, pero casi siempre oculta a los ojos de muchos, la que experimentará belleza inagotable de la vida que encienrra el grano de trigo oculto en la tierra.

Esta historia, la de la palmera y la del cristiano, está basada en hechos reales y constatados por el que escribe.

A veces, como dice el Evangelio de hoy, nos conviene que Él se vaya, para que nos demos cuenta lo vacíos que estamos.

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Lázaro Hades

5 pensamientos en “PALMERA SECA ¿NO TIENE VIDA?”

  1. Una experiencia Real!!! pero ay del que no toca fondo….tengo la experiencia que cuentas….y cuando vi el vacio dentro de mi, la muerte óntica….cuanto se sufre!! pero llegó la Gracia y me rescató…Hoy Bendigo al Señor por ese Dolor del alma porque me ha llevado a tener Misericordia conmigo misma y a saber escuchar a los demas.
    Como se cumple la Palabra de Dios en nuestras vidas! Bendito sea Dios.

  2. Muchas veces me gustaría “morir” y volver a nacer para vivir de NUEVO. Aunque experimento a Dios en mi vida, creo que no le correspondo. A veces, como ahora creo que no soy autentica que deberían cortarme como a la palmera, pero NO SE ABANDONARME EN SUS MANOS. Pedid por mí que encuentre el verdadero amino. buenas noches PAZ Y BIEN

  3. Preciosa reflexión y muy cierta.Es importante darse cuenta de lo importante que es preocuparse de la vida interior,cuando descubrimos eso !nos sobran tantas cosas!

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