PINCELADAS…EL MONTE.

El monte aparece con frecuencia en el Evangelio como lugar de encuentro con Dios.

Fue alejado en la montaña donde pasó Jesús las tentaciones que dieron inicio a su vida pública.

En un monte congregó a la multitud fue su gran predicación de las bienaventuranzas.

También en un monte nos enseñó a rezar.

En el Tabor se transfiguró de gloria.

En el de los olivos sufrió la angustia tremenda hasta sudar sangre.

En el Calvario fue clavado en la cruz.

Y en un monte se produjo la ascensión de Jesús a los cielos.

A nosotros, en ocasiones, también se nos hace muy necesario alejarnos del suelo que pisamos para acercarnos a Dios.

Así nos lo dice Benedicto XVI en su libro Jesús de Nazaret,

“subir muy arriba para encontrarnos con Dios,

en un monte como lugar de subida no solo externa, sino sobre todo interior;

el monte como liberación del peso de la vida cotidiana, como un respirar de aire puro de la creación;

el monte que permite contemplar la inmensidad de la creación y su belleza;

el monte que me da altura interior y me hace intuir al creador”

¿Reconoces con estas palabras la necesidad de recogerte internamente cuando te sientas a rezar y de abandonar las preocupaciones de la vida cotidiana y tratar de respirar el aire puro que Dios quiere darte?

¿Estás dispuesto a subir al monte de tu conciencia interior, apagando todo lo que pueda distraerte?

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Lázaro Hades

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Fuente: “Con Él”, Fulgencio Espa.

 

 

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