NADIE ES TAN FELIZ COMO UN CRISTIANO AUTÉNTICO

Hay una idea que me ronda la cabeza y hoy quiero tratar de compartirla contigo.

Hace unas semanas leí una cita de un pensador francés que decía que “nadie es tan feliz como un cristiano auténtico“. Desde entonces no paro de darle vueltas a esa meditación.

Con la cantidad de problemas que tienes, todo el sufrimiento que soportas, la enfermedad que conoces, el dolor de la pérdida de un ser querido… con todo eso que te afecta, tú que eres cristiano auténtico, ¿afirmarías lo mismo de ti?¿Eres feliz solo por ser cristiano de verdad?…

¿O es que no sé lo que es ser cristiano auténtico?

¿O es que no sé lo que es ser feliz?

Hoy traigo un poco de autocrítica. Lo hago única y exclusivamente tomando mi experiencia y basándome en situaciones vividas en mi entorno.

En conversaciones con personas que se sienten cristianas, he llegado a pensar que muchos creen que la fe nada tiene que ver con la felicidad. 

Hablamos de una salvación futura, de una vida eterna, de algo que está por llegar y cada uno trata de asimilarlo como puede estirando el alcance de su razón que no llega a entender más allá de la muerte que nos espera.

Esa felicidad en la que cree el cristiano para la otra vida queda demasiado lejos de la felicidad que conocemos y que ahora mismo nos interesa, ¿no es cierto?.

Muchos acaban por convencerse de que vivir en cristiano es empequeñecerse como persona y sacrificar cosas que te aportan satisfacciones, que hay que fastidiarse más que los demás con obligaciones y “rutinas” que incluso no alcanzan a entender pero las llevan a la práctica… llenan su vida de “automatismos cristianos” y comienzan a creer que vivir en cristiano no tiene mucho que ver con alcanzar la felicidad que conocen.

Si son los cristianos los que dudan sobre esa felicidad, no te digo nada si te pones a escuchar a los que no creen, o los que aún son más peligrosos, los que quieren creer y están buscando que les argumentes “cómo funciona” la fe olvidándose que de las cosas del corazón muy pocos entendemos tanto como para poderlas explicar.

En el mismo libro de la anterior cita, otra frase volvió a inquietarme. En esta ocasión el autor es Friedrich Nietszche cuando decía que “veía a los creyentes como personas más encadenadas que liberadas por Dios”.

Y es cierto que esto también nos pasa en ocasiones.

Hoy me ha llegado un correo para invitarme a asistir a una Misa. Lo he abierto enseguida al   ver el asunto: “Misa de acción de gracias por…”

Acostumbrado a ver convocatorias para misas para “pedir por”, misas de difuntos, misas para invocar… ves una convocatoria para dar gracias y despierta tu curiosidad.

Y es que nos hemos acostumbrado a ir a las Iglesias a todo menos a compartir felicidad.

Qué pena no sentirse feliz cada vez que vamos a misa solo por el hecho de poder ir a ver al mejor amigo de nuestra vida, que es ni más ni menos que el mismísimo Dios.

Creo que los cristianos, sin caer en ello, nos vamos instalando en ese camino en el que vemos como una cadena de obligaciones nuestra relación con Dios, y aunque nos sentimos bien haciéndolo y Él siempre nos asiste, no caemos en la cuenta que no se trata de obligaciones sino que cualquier contacto con el Señor no es otra cosa que un caudal de felicidad que entra por ahí  en nuestra vida llenándola de verdadero contenido.

Se trata de darte cuenta, además de darlo a conocer a los demás, que lo que nos ofrece Jesús no es otra cosa que una senda de alegría diferente que puede cambiar nuestras vidas. ¿Cómo? Una relación de fe es tan personal que el mismo Jesús abre con su modelo de vida un camino particular para que cada uno de nosotros alcancemos esa felicidad.

En el momento que nos tomarnos en serio a Jesús, es cuando intuimos que a partir de Él encontraremos lo que nos falta para conocer una alegría más plena y verdadera.

Convéncete y cuéntalo: Dios busca solo y exclusivamente nuestro bien, no es un celoso que sufre al vernos disfrutar, sino alguien que nos quiere desde hoy mismo felices y dichosos. Aunque a veces no lo entiendas porque sus caminos son muy difíciles de interpretar para ti, pide que te de sabiduría para interpretar su voluntad y vendrá a ti su Reino.

Estando embarazada Isabel, la prima de la Virgen María, se estremeció tanto al verla venir a su encuentro que hasta le saltó el niño en su vientre y no le dijo otra cosa muy distinta a lo que hoy nos recordaría a cada uno de nosotros:

¡DICHOSA TÚ QUE HAS CREÍDO!

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Lázaro Hades.

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