CREER ES OTRA COSA

“…Estamos viviendo unos tiempos en los que cada vez más el único modo de poder creer de verdad va a ser para muchos aprender a creer de otra manera…”

Después de unos días rumiando esta frase que leí hace un tiempo me disponía esta mañana a escribir sobre ello cuando, justo en el momento que voy a poner el título a la entrada, me entra un whatsapp, un mensaje en el móvil de mi querido amigo Angel Sánchez, del blog Siete en Familia, que está consumando junto a su hija el sueño de realizar el Camino de Santiago.

La sorpresa es mayúscula al leerlo: “…lo dejo, los dos estamos lesionados y me han recomendado que dejemos de caminar…”

Con la seguridad de saber que esas cosas las lleva el Señor, le respondo que seguro que será esa era la voluntad de Dios y lo que iban a ser 30 días de camino se ha quedado en menos de una semana. “Estaría de Dios…” como a mi me gusta decir.

Parece que el mensaje me lo enviaba el mismo Dios para terminar de inspirarme en lo que hoy os iba a contar. Porque ando dándole vueltas a esa frase y a mi convencimiento de que la fe es una experiencia personal entre Dios y tú.

Esa relación entre los dos se va escribiendo a base de experiencias que Dios va desarrollando en tu vida y que tú debes afanarte en interpretar, y si no puedes hacerlo, pedirle que te ayude a entenderlas para seguir tratando de aceptar su voluntad.

Para creer de verdad hay que creer de otra manera. Es cierto, tenemos que repensar nuestra fe si no queremos que acabe en indiferencia o solo en creer por si acaso.

Tenemos que personalizarla y no podemos vivir angustiados por no poder hacer lo que vemos o nos dicen otros de lo que tiene que ser nuestra relación con Dios.

Si alguien le dice hoy a Angel que su prueba de entrega no es completa porque su sacrificio se ha menguado a una semana en lugar de cuatro, está totalmente equivocado.

Es muy frecuente oír a personas que creen que “le están fallando a Dios” porque no superan lo que ellos consideran pruebas. Se martirizan diciendo que “no son buenos cristianos” porque creen que Dios estaba esperando de ellos llegar al mismo nivel que otros llegaron.

Y cuando digo nivel me refiero a esas comparaciones que tendemos a hacer con aquel que reza y tu no lo haces con tanta frecuencia como él; aquel que sufre y tú no lo llevas con la misma entereza que él; aquel que entiende la Palabra y tu no lo interpretas como él; o incluso aquellas frustraciones que alcanzas a no ir a misa tantas veces como te gustaría.

Tendemos a aceptar las cosas de Dios por lo que otros nos predican de Él, olvidándonos que uno solo cree lo que de verdad cree en el fondo de su corazón ante Dios.

Llevar una fe “de oídas” no conduce a nada. Cuando asumimos unos actos de fe de forma pasiva, heredada, sin amoldar a nuestro ser y nuestras circunstancias, nos arriesgamos a vivir una relación con Dios llena de contradicciones, pues siempre van a surgir preguntas entre lo que yo quiero que sea mi relación Dios y la que otros me cuentan que debe ser. Lo que debería ser una historia de amor se convierte en una serie de frustraciones.

Pero atención, esto no es la excusa que estaban esperando oír aquellos que dicen vivir la “religión a su manera” y que crean un dios a su medida.

No es lo mismo. Me estoy refiriendo a una relación personal y directa con Dios, hecho hombre en Jesús, sintiéndome lleno del Espitiru Santo y teniendo siempre presente a su Madre, la Virgen María y a todos los santos que a lo largo de toda la historia han intercedido entre nosotros y Él.

Son muchos los que se quedan a medio camino, adorando a un santo en concreto o a la Virgen (en alguna de sus advocaciones) olvidándose de que es a Dios a quien ellos nos deben conducir y si esa relación no madura, corren el riesgo de acabar convirtiéndola en una adoración incompleta o incluso supersticiosa.

Esto se observa muy frecuentemente cuando en horario de misa se visitan las iglesias por fieles entregados a este o aquel santo cuya imagen está colocada en un extremo del templo y ni siquiera se detienen solo a saludar al mismo Dios presente en ese momento Eucaristia.

Soy el primero que me pongo de ejemplo en estos casos. Hace años, aún sin saber que Dios me tenía preparado el idilio que vivimos, en una visita turística a Praga acudí a la iglesia donde se encuentra el “Niño Jesús de Praga”. Estaban celebrando misa pero ni se me pasó por la cabeza que podía importunar a los fieles que allí se encontraban con el cuerpo de Cristo. Se giraban para mirarme pero yo supuse que eso lo harían con todos los turistas o que era el carácter checo, sin saber que estaba cometiendo por mi ignorancia, cuando menos, una falta de consideración a nuestro Señor allí presente.

Por este tipo de cosas ni ahora me lo recrimino en mi relación actual con Dios, ni siquiera lo hago a los que no lo saben, pero si trato de razonarlo con quien tengo oportunidad para ayudarle a que madure su relación con Dios, insisto, en dirección a una relación personal, pero con fundamento. 

Cuando estás enamorado de tu pareja y cometes un error, te viene ese sentimiento de culpa en el que le dices “te he fallado…”. ¡Qué poco tarda tu ser querido en perdonarte…!

A Dios no le hace falta ni siquiera que se lo digas, porque no le fallas, es Él quien te ha creado y sabe como eres. Además estás tratando con quien le da sentido a la palabra misericordia.

Esta claro que para ir al cielo no hay una escalera que marca la dirección para que todos suban y listo. No, se trata de amar hasta que duela y perseverar en nuestra relación personal que será la que acabará por dibujar el camino que ha abierto Jesús para tí.

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Lázaro Hades

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4 pensamientos en “CREER ES OTRA COSA”

  1. Se que mi empeño y lo que me hace daño,es que necesito entender y esa lucha entre El y yo no va bien.Hace algunos meses ,lo llevaba con mas templanza,porque igual que me dijo una amiga ayer mismo,no queria ni mirar atras.Ahora eso,ya no puedo evitarlo.Le pido a Dios todos los dias que nos lleve de Su Mano ,y a mis Angeles que cuiden de todos nosotros.

  2. Me gustó mucho tu reflexión Lázaro y estoy de acuerdo en que la fe es una experiencia personal entre Dios y yo, Dios nos conoce y usa nuestra manera de aprender, nos prepara, debemos dejarnos llevar, confiar y acudir a Él (a pesar de nuestras fallas).
    Muchas Bendiciones!

    1. Gracias Mar. Me conforta mucho comprobar cómo podemos llegar a entender que es así, que nos convencemos que lo mejor es dejarnos llevar por Él, confiando y acudiendo a su presencia como bien dices.
      Un abrazo!

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