PERDER AL SER QUERIDO

Pocas experiencias hay tan dolorosas en la vida como la pérdida de un ser querido.

El amor no es eterno…

La amistad no es para siempre…

Tarde o temprano llegará la hora del adiós. Y de pronto, todo se nos hunde.

Impotencia, pena, desconsuelo; nuestra vida ya no será nunca como antes.

¿Cómo recuperar de nuevo el sentido de la vida?

Lo primero es recordar que liberarnos del dolor no quiere decir olvidar al ser querido o amarlo menos.

Recuperar la vida no es una deshonra ni una ofensa a quien se nos ha muerto.

De alguna manera, esa persona vive en nosotros. Su amor, su cariño, su manera de ser nos ha enriquecido a lo largo de los años. Ahora tenemos que seguir viviendo.

Hemos de elegir entre hundirnos en la pena o construir de nuevo la vida; sentirnos víctimas o mirar hacia adelante con confianza.

El pasado ya no puede cambiar. Es nuestra vida de ahora la que podemos transformar.

Reiniciar las actividades abandonadas, proponernos vivir una hora, esta tarde, sin mirar con angustia nuestro futuro incierto.

Tal vez por dentro se nos acumulan toda clase de sentimientos cuando recordamos al ser querido. Momentos de gozo y de plenitud, recuerdos dolorosos, heridas mutuas, penas compartidas, proyectos que se han quedado a medias…

Cómo ayuda entonces poder comunicar lo que sentimos a una persona amiga; poder llorar con alguien que comprende nuestro desconsuelo.

Puede brotar también en nosotros el sentimiento de culpa. Ahora que hemos perdido a esa persona nos damos cuenta de que no siempre la hemos comprendido, que la podíamos haber querido mejor.

No es justo torturarnos por errores cometidos en el pasado. Solo sirve para deprimirnos.

Es verdad, nuestro amor siempre es imperfecto.

Ahora lo importante es perdonarnos a nosotros mismos y sentirnos perdonados por Dios.

A veces no es fácil recuperarse. La ausencia del ser querido nos pesa demasiado, y la pena se apodera de nosotros una y otra vez.

Puede ser el momento de acudir a la propia fe.

Desahogarnos con Dios no es pecado. Dios no rechaza nuestras quejas. Las entiende.

Cuántos creyentes han encontrado de nuevo la fuerza y la paz en esa oración: “no sé lo que hubiera hecho si no hubiera tenido fe…”; “Dios me está dando la fuerza que necesito…”.

Dios nos quiere ver disfrutando por toda la eternidad a quienes la muerte nos ha separado.

“No llores”. Esas fueron las palabras que Jesús dijo a la madre que lloraba la muerte de su hijo en la aldea de Naín.

Son las mismas palabras que desde lo más hondo de nuestro corazón hemos de oír como venidas del mismo Dios para los que pasan por momentos como ese.

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Lázaro Hades.

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Del libro: “El camino abierto por Jesús”.

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4 pensamientos en “PERDER AL SER QUERIDO”

    1. Hola Juan José, estoy deseando oír tu experiencia.
      Te puedo asegurar, por lo que estoy viviendo estos días, que solo con una fortaleza que no conoces, y que únicamente Dios puede darte, se puede afrontar el sufrimiento y el dolor que supone la pérdida de un ser querido.
      Muchas gracias seguir el blog y compartir tu fe con nosotros.
      Un abrazo!

  1. Lázaro,ya estoy de vuelta gracias a Dios y menudo cambio has dado al blog…me gusta mucho,haber si poco a poco me pongo al día.

    Me encanta leerte y esta entrada es muy especial,gracias por hacernos tanto bien.

    Un cariñoso saludo 🙂

    1. Bienvenida de nuevo Belén! Faltabas tu para tener la clase al completo.
      Me alegra que te guste el nuevo diseño de la página.
      Doy gracias a Dios por poder hacer bien con las palabras con las que Él se conecta con vosotros a través de mis entradas. Esta, como tu dices, es muy especial, porque posiblemente, y muy a nuestro pesar, muchos nos veamos identificados en gran parte de lo descrito.
      Gracias por estar ahí!
      Un abrazo!

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