LOS RASGOS DE MARÍA EN LA ACTITUD DE UN CRISTIANO

Cualquier ocasión en la que se celebra una festividad mariana es un buen momento para detenernos a meditar sobre la Virgen María.

En estas fechas, volvemos a leer el primer capítulo del Evangelio de Lucas, donde se nos presenta a la madre de Dios acogiendo con gozo a su Hijo encarnado en su seno.

Como subrayó el Concilio, María es modelo para la Iglesia, para todos los cristianos. De ella podemos aprender a ser más fieles a Jesús y su Evangelio.

¿Cómo debe ser un cristiano que asuma los rasgos marianos en su actitud del día a día?

Debería ser…

Un cristiano que fomente la ternura maternal hacia todos sus hermanos, cuidando el calor humano en sus relaciones.

Un cristiano de brazos abiertos, que no rechaza ni condena, sino que acoge y encuentra un lugar adecuado para cada uno.

Un cristiano que, como María, proclama con alegría la grandeza del Señor y su misericordia con las generaciones actuales y futuras.

Un cristiano que se convierte en signo de esperanza por su capacidad de transmitir vida.

Un cristiano que sabe decir “sí” a Dios sin saber muy bien adónde le llevará su obediencia.

Un cristiano que sin tener respuestas para todo busca con confianza la verdad y el amor, abierto al diálogo con los que se cierran al bien.

Un cristiano humilde, como María, siempre a la escucha de su Señor.

Un cristiano preocupado por transmitir el Evangelio de Jesús antes que cumplir sin fundamento  las rutinas de su fe.

Un cristiano atento al sufrimiento de todo ser humano, que sabe, como María, olvidarse de si misma y “marchar deprisa” para estar cerca de quien necesita ser ayudado.

Un cristiano preocupado de la felicidad de “los que no tienen vino” para celebrar la vida.

Un cristiano contemplativo que sabe “guardar y meditar en su corazón” el misterio de Dios encarnado en Jesús, para transmitirlo como experiencia viva.

Un cristiano que cree, ora, sufre y espera su encuentro con Dios anunciando con humildad el camino del amor para llegar a Él.

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Lázaro Hades.

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