¿HAS ELEGIDO BIEN EL TRAJE PARA LA BODA?

Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?’. Él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: ‘Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera.’ (Mt 22,1-14)

Si lees con atención este Evangelio no te puedes quedar indiferente. Se trata de una de esas parábolas que la oyes e igual pasas página por no pararte a interpretarla o la desmenuzas un poquito y le sacas mucho jugo.

Se habla de dos invitaciones a una boda a la que no aparecieron los invitados.

(…Menudo enfado tendrían en el restaurante cuando no se presentaran los invitados, a ver quién se hacía cargo de la factura…Con razón se enfureció tanto el rey que hasta mató a los que no fueron… A ver si es que ni siquiera tuvieron el detalle de enviarle al rey un regalo, un sobrecito con dinero o una tarjeta del corte inglés…)

El caso es que cuando Jesús nos cuenta que en una primera invitación no acudieron, se refiere al pueblo de Israel, porque es el pueblo de la promesa y la Alianza. Este dice que no, se resiste a reconocer en Jesús al Mesías, no sabe aprovechar la hora de gracia.

Entonces, Dios hace su segunda invitación a ese banquete que tiene preparado. Cuando Mateo escribe este Evangelio, Jerusalén ya ha sido destruida y van entrando pueblos paganos en la Iglesia.

El final de la parábola es lo que llama más la atención. Cuando por fin acuden los comensales a la boda, resulta que uno no se ha presentado en condiciones.

El invitado aparece en la boda teniendo la “cortesía” de presentarse después que había fallado mucha gente, y porque haya elegido un atuendo que a él le parece correcto, se mosquea el Rey con él, porque dice que no es el traje adecuado para la boda.

Hombre, ¡por favor!, ¿pero que atuendo hay que ponerse para venir a tu boda?

Pero, ¿esto qué quiere decir?, ¿Porqué ordenó el Rey que lo echaran de la boda?

¿Qué paralelismo tiene esto con Dios?

….

La primera visión optimista que hay que sacar de esta lectura es el hecho que Jesús nos muestre el Reino de Dios como un banquete. Como una celebración: comer y beber.

Realmente a esta fiesta estamos invitados todos y cada cual es libre de acudir.

Pero con qué fuerza atacan los que han decidido no ir. ¿Por qué?

Ando leyendo estos días noticias sobre algunas personas que se declaran anti católicas. La verdad es que a veces parezco ser demasiado masoquista pues voy y los busco.

Pero es que trato de entenderlos. Trato de comprender por qué emplean su tiempo y desbordan su ira hacia un cristianismo que no le preocupa que falten invitados a su banquete.

Está claro que a Dios le gustaría llenar el restaurante de invitados pero si no van, tampoco esta buscándolos “para ir a ajusticiarlos”, nadie los reclama. Pero estos insisten en argumentar sus razonamientos para justificar su ausencia cuando nadie les pregunta.

Sí es cierto, y en eso les entiendo, que todos los que no van necesitan oírse los unos a los otros para justificarse. Es una reacción humana muy natural.

También he leído discrepancias en algunos foros católicos en torno a la interpretación de nuestra fe. Esto ya es para nota. No tengo bagaje para meterme a opinar. Yo lo asocio mucho a los sentimientos y razonar me cuesta cuando se trata de buscarme en el fondo del corazón.

Lo que sí sé es que si voy a ir a la boda, me tengo que poner mi traje.

No basta entrar en la Iglesia, o pertenecer a una familia cristiana o a una comunidad religiosa. Se requiere una conversión (sinónimos: transformación, cambio, mudanza, metamorfosis, evolución) y una actitud de fe coherente con la invitación: Jesús pide a los suyos, no solo palabras, sino obras, y una “justicia” mayor que la de los fariseos. 

Cuando Jesús alaba a los paganos en el Evangelio, como al centurión o a la mujer cananea o al samaritano, es porque ve en ellos una fe mayor que la de los judíos: ése es el vestido para la fiesta.

Los que somos invitados a la fiesta del banquete debemos “revestirnos de Cristo” (Ga 3,27), “despojarnos del hombre viejo, con sus obras, y revestirnos del hombre nuevo (Col 3, 10).

Así que ya lo sabes, si no quieres que te “rechinen los dientes” (qué gracia me hace esta expresión de las Escrituras) vístete del traje adecuado cuando acudas a tu encuentro con Cristo.

Es importante la frecuencia, pero más aún es la actitud con la que acudamos a Él.

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Lázaro Hades

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3 pensamientos en “¿HAS ELEGIDO BIEN EL TRAJE PARA LA BODA?”

  1. Con esta entrada Läzaro,me has echo recordar…un pasado,que todavía duele.

    PERDONAME SEÑOR Y NO ME SUELTES DE TU MANO.

    Gracias Lázaro,siempres me emocionas con tus escritos.

    Un cariñoso saludo.

  2. que bien me vienen tus palabras…..la de veces que ese rechinar lo he visto dentro de mi..aisssss…..a veces, como dice S Agustin…veo que complazco mas al Señor cuando acepto mis caidas con sencillez mirandolo a El que cuando no fallo y me alzo en mi vanidad…..el lenguaje de Dios es tan curioso……siempre pido la humildad…..y creo que me visitan la prudencia y la Paciencia como dos amigas entrañables…..que Gracia.

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