¿QUÉ OCURRE EN UNA MISA? (III)

Continuamos la serie de entradas que los viernes estamos compartiendo para entender un poco más la forma de vivir intensamente la Misa.

Pulsando aquí puedes ver la primera parte y aquí la segunda.

En esta Eucaristía que estas viviendo con nosotros, acabas de vivir el momento de la ofrenda del pan y del vino y te dispones a presenciar un grandioso acontecimiento.

A través de la experiencia mística que vivió y nos contó la boliviana Catalina Rivas, podemos ver más allá de lo que nuestros ojos alcanzan a ver a partir de este momento de la Eucaristía.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

PREFACIO

El Señor esté con vosotros

… y con tu espíritu.

Levantemos el corazón.

…lo tenemos levantado hacia el Señor. C. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. T. Es justo y necesario.

Al oír pronunciar estas palabras comprobaste cómo de pronto empezaron a ponerse de pie unas figuras que no habías visto antes.

Era como si del lado de cada persona que estaba en la iglesia, saliera otra persona y aquello se llenó de unos personajes jóvenes, hermosos.

Iban vestidos con túnicas muy blancas y fueron saliendo hasta el pasillo central dirigiéndose hacia el Altar. 

La Virgen, tu compañera durante esta increíble celebración, de nuevo se dirigió a ti para instruirte:

 “Observa, son los Ángeles de la Guarda de cada una de las personas que están aquí. 

Es el momento en que su Ángel de la Guarda lleva sus ofrendas y peticiones ante el Altar del Señor” 

En aquel momento, no salías de tu asombro, porque esos seres tenían rostros tan hermosos, tan radiantes como no puede uno imaginarse.

Lucían unos rostros muy bellos, casi femeninos, sin embargo la complexión de su cuerpo, sus manos, su estatura eran de hombre.

Los pies desnudos no pisaban el suelo, sino que iban como deslizándose, como resbalando. 

Aquella procesión era muy hermosa. 

Algunos de ellos tenían como una fuente de oro con algo que brillaba mucho con una luz blanca-dorada.

Dijo la Virgen:

“Son los Ángeles de la Guarda de las personas que están ofreciendo esta Santa Misa por muchas intenciones, aquellas personas que están conscientes de lo que significa esta celebración, aquellas que tienen algo que ofrecer al Señor…” 

Hazlo tú y pide a otros que lo hagan. Ofreced en este momento…, que ofrezcan sus penas, sus dolores, sus ilusiones, sus tristezas, sus alegrías, sus peticiones.

Recuerda que la Misa tiene un valor infinito por lo tanto, sé generoso en ofrecer y en pedir.”

Detrás de los primeros Ángeles venían otros que no tenían nada en las manos, las llevaban vacías.

Dijo la Virgen:

“Son los Ángeles de las personas que estando aquí, no ofrecen nunca nada, que no tienen interés en vivir cada momento litúrgico de la Misa y no tienen ofrecimientos que llevar ante el Altar del Señor.” 

En último lugar iban otros Ángeles que estaban medio tristones, con las manos juntas en oración pero con la mirada baja.

María te lo aclaró:

“Son los Ángeles de la Guarda de las personas que estando aquí, no están, es decir de las personas que han venido forzadas, que han venido por compromiso, pero sin ningún deseo de participar de la Santa Misa y los Ángeles van tristes porque no tienen qué llevar ante el Altar, salvo sus propias oraciones”. 

“No entristezcas a tu Ángel de la Guarda…. Pide mucho, pide por la conversión de los pecadores, por la paz del mundo, por tus familiares, tus vecinos, por quienes se encomiendan a tus oraciones. Pide, pide mucho, pero no sólo por ti, sino por los demás.” 

Recuerda que el ofrecimiento que más agrada al Señor es cuando te ofreces tú mismo como sacrificio, para que Jesús, al bajar, te transforme por Sus propios méritos.

¿Qué tienes que ofrecer al Padre por ti mismo? La nada y el pecado, pero ofrecerlos unidos a los méritos de Jesús, es un ofrecimiento es grato al Padre.” 

Aquel espectáculo, aquella procesión era tan hermosa que difícilmente podría compararse a otra.

Todas aquellas criaturas celestiales haciendo una reverencia ante el Altar, unas dejando su ofrenda en el suelo, otras postrándose de rodillas con la frente casi en el suelo y después de llegar allí desaparecían de tu vista.

…En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias, Padre santo, siempre y en todo lugar, por Jesucristo, tu Hijo amado.

Él es tu Palabra, por quien hiciste todas las cosas; Tú nos lo enviaste para que, hecho hombre por obra del Espíritu Santo y nacido de María, la Virgen, fuera nuestro Salvador y Redentor.

Él, en cumplimiento de tu voluntad, para destruir la muerte y manifestar la resurrección, extendió sus brazos en la cruz y así adquirió para ti un pueblo santo.

Por eso, con los ángeles y los santos, proclamamos tu gloria, diciendo: Santo, Santo, Santo …

Llegó el momento final del Prefacio y  cuando la asamblea decía: “Santo, Santo, Santo” de pronto, todo lo que estaba detrás de los celebrantes desapareció.

Del lado izquierdo del sacerdote hacia atrás en forma diagonal aparecieron miles de Ángeles, pequeños, Ángeles grandes, Ángeles con alas inmensas, Ángeles con alas pequeñas, Ángeles sin alas, como los anteriores; todos vestidos con unas túnicas como las albas blancas de los sacerdotes o los monaguillos.

Todos se arrodillaban con las manos unidas en oración y en reverencia inclinaban la cabeza. Se escuchaba una música preciosa, como si fueran muchísimos coros con distintas voces y todos decían al unísono junto con el pueblo: Santo, Santo, Santo…

Con esto concluye el Prefacio, la oración que hacemos antes de llegar al momento central de la Eucaristía que es la Consagración.

La finalidad de esta oración, del prefacio, es agradecer a Dios todos los dones, todos los beneficios que a lo largo de la historia de la salvación nos ha concedido. Este reconocer su grandeza, este reconocer sus obras conlleva dos actitudes:

En primer lugar una acción de gracias porque esas obras han sido realizadas de modo gratuito en nuestras almas para que nosotros podamos alcanzar la salvación.

La segunda actitud es la de alabanza. Y alabamos a Dios porque realmente esas obras son magníficas, esas obras son grandes, esas obras son realmente dignas de un Dios poderoso, de un Dios que ama.

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Continua…

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Lázaro Hades.

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3 pensamientos en “¿QUÉ OCURRE EN UNA MISA? (III)”

  1. GRACIAS LAZARO, A VECES HE SENTIDO LA PRESENCIA DE LOS ANGELES DURANTE LA MISA, PERO NO SIEMPRE, QUIZAS ES PORQUE NO HIBA DISPUESTA. GRACIAS POR COMPARTIRNOS. DIOS TE BENDIGA.

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