TAN PEQUEÑOS COMO UN NIÑO

 

…el más pequeño de entre vosotros, ése es mayor. (Lc 9,46-50)

Esta frase extraída del Evangelio y que sirve para la reflexión que contiene este post es una de las más cortas y a la vez con más contenido de las que he podido sacar en el tiempo que llevo comentando el Evangelio en este blog.

Jesús tomó a un niño para ponerlo de ejemplo de quién sería más considerado en el Reino de los Cielos. Lo hizo para significar la pequeñez de quien alcanzará esa meta. Además, señaló un niño por lo que significaba en una sociedad donde niños y mujeres pintaban más bien poco.

Normalmente en las lecturas de Misa, la primera lectura y la lectura del Evangelio, tienen cierto paralelismo. Hoy no es una excepción y quiero profundizar en ello.

En la lectura del Antiguo Testamento, hoy se ha leído el comienzo  del libro de Job.

Job era un hombre con fortuna, grande, diríamos que el mayor. De hecho en ese cuento se dice que Dios afirmaba que “en la Tierra, no hay otro como él”.

Resulta que un día, como tantas otras veces y no solo en cuentos, Satanás se dedicó a provocar. En este caso lo intentó con Dios, al que se acercó a hacerle una apuesta.

El diablo porfió con Yahvé a través de Job. Como era tan bueno, “no había roto nunca un plato”, y no había otro como él, ¿por qué no le dejaba que jugueteara un poco con su paciencia y ponía a prueba su fe?.

Antes de saber qué le hizo Satanás a Job, piensa que a ti y a mi nos puede probar de la misma forma. Y no siempre esto que ocurrió es un cuento del Antiguo Testamento, en muchas ocasiones, se trata de la vida misma.

Porque Job, instalado en la zona de confort de la vida, con 10 hijos todos bien colocados, con numerosas posesiones ganadas a pulso y una salud envidiable, era un hombre de una fe inquebrantable a todas luces. Menos a la de Satanás.

Resulta que de una tacada le mataron sus bueyes, sus asnos, sus ovejas, sus pastores, sus camellos y sus criados. Además, a sus hijos que estaban reunidos en familia, se les vino la casa encima y los mató a todos.

Todo esto de pronto. Sin avisar.

Más adelante, Job sufrió una grave enfermedad pero no murió, pese a llegar a desearlo. La tuvo que sufrir hasta las mas extremas consecuencias. A pesar de que lo sucedido apuntara a un distanciamiento, esto le sirvió para experimentar la cercanía de Dios.

….

¿Pero si Job era un hombre de fe? Era el ojito derecho del Señor. ¿Por qué le tenía que pasar esto?

Cuántas veces hemos oído eso de porqué Dios permite las calamidades.

Y qué pocos responden como Job. Cuántos se bajan a mitad de camino de este tren a poco que comienza a bachearse el trayecto.

Cuando estamos atravesando una tragedia o el pico más alto del sufrimiento, se viene a la cabeza la misma pregunta que le vino a Job: ¿Por qué debe sufrir un justo?

Este asunto está condicionado por la forma en la que está “educada” nuestra fe.

Si estamos formados pensando en que ser cristianos es una cuestión de sentirse retribuidos, podemos tener una vida de fe en la que seremos fieles y obedientes a Dios sólo para obtener beneficios y ganancias.

Corremos un peligroso riesgo porque convertiremos esto en un comercio interesado, en un asunto utilitarista.

De hecho, gran parte de la práctica religiosa funciona como un cambalache: te pongo velas para que me des esto, te rezo 16 padrenuestros sumados a 14 avemarías porque me han dicho que así apruebo los exámenes… vamos, como los correos esos en cadena que si los envías 1000 veces ya tienes más amigos y eres más feliz.

Pero nunca se les pasa por la cabeza ir a verlo solo para verlo y saludarlo, pese a pasar por su puerta todos los días.

Satanás conoce esta debilidad del hombre, pues según él, solo somos buenos cuando no sufrimos. ¿Sólo según él? ¿O es esa nuestra realidad?

Job salió de todo su dolor con una entrega y confianza en Dios fuera de toda duda. Eso que llamamos abandono y que suena tan bien decir y tan difícil mantener con el paso del tiempo.

Dios contempló cómo se hizo pequeño Job. De ser un hombre grande en bienes de la tierra pasó a ser como un niño que apenas tiene la ilusión de sentirse guiado por sus padres viviendo en su mundo para que sean ellos los que le dirijan sus pasos.

Así es como se llega a la puerta del Reino. Dejándose llevar por Él.

Ese es el paralelismo entre la primera y la segunda lectura de hoy. Sentirnos tan pequeños como Job, como un niño…

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Lázaro Hades.

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2 pensamientos en “TAN PEQUEÑOS COMO UN NIÑO”

  1. PIENSO QUE JOB CONFIO CIEGAMENTO EN DIOS, Y ASI DEBERIAMOS CONFIAR EN EL, PERO ESTAMOS TAN OCUPADOS EN NUESTRAS COSAS, QUE A VECES NOS OLVIDAMOS DE QUE EXISTE DIOS. GRACIAS POR RECORDARMELO. SALUDOS Y BENDICIONES!!

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