¿QUÉ OCURRE EN UNA MISA? (IV)

Seguimos avanzando en esta Eucaristía que estamos recorriendo paso a paso tomando de origen la experiencia vivida por Catalina Rivas, recreándola en una situación en la que tú eres el protagonista.

Aquí tienes los enlaces para la primera parte de esta serie, la segunda y la tercera.

Hoy llegamos al momento más maravilloso de una Misa: la Consagración.

…La Iglesia estaba llena de ángeles y al lado derecho del sacerdote formando una línea diagonal hacia atrás, una multitud de personas se podían ver alineados vestidos con la misma túnica que los ángeles pero en este caso en colores pastel: rosa, verde, celeste, lila, amarillo; en fin, de distintos colores muy suaves.

Sus rostros también eran brillantes, llenos de gozo, parecían tener todos la misma edad.

Se podía apreciar, sin saber por qué, que había gente de distintas edades, pero todos parecían iguales en las caras, sin arrugas, felices.

Todos se arrodillaban también ante el canto de “Santo, Santo, Santo, es el Señor…”

La Virgen se volvió a dirigir a ti:

“Son todos los Santos y Bienaventurados del cielo y entre ellos, también están las almas de vuestros familiares que gozan ya de la Presencia de Dios

Entonces pudiste verla.

Allí  justamente a la derecha del sacerdote… un paso detrás del celebrante, estaba un poco suspendida del suelo, arrodillada sobre unas telas muy finas, transparentes pero a la vez luminosas, como agua cristalina, la Santísima Virgen, con las manos unidas, mirando atenta y respetuosamente al celebrante.

Te estaba hablando desde allí, pero silenciosamente, directamente a tu  corazón, sin mirarte:

“¿Te llama la atención verme un poco más atrás del sacerdote, verdad?. Así debe ser…

Con todo lo que me ama mi Hijo, no me ha dado la dignidad que da a un sacerdote de poder traerlo entre mis manos diariamente, como lo  hacen las manos sacerdotales.

Por ello siento tan profundo respeto por un sacerdote y por todo el milagro que Dios realiza a través suyo, que me obliga a arrodillarme aquí.”

¡Dios mío, cuánta dignidad, cuánta gracia derrama el Señor sobre las almas sacerdotales y ni nosotros, ni tal vez muchos de ellos somos conscientes!

Delante del altar, empezaron a salir unas sombras de personas en color gris que levantaban las manos hacia arriba.

Dijo la Virgen Santísima:

“Son las almas benditas del Purgatorio que están a la espera de vuestras oraciones para refrescarse.

No dejéis de rezar por ellas.

Piden por vosotros, pero no pueden pedir por ellas mismas, sois vosotros quienes tienen que pedir por ellas para ayudarlas a salir para encontrarse con Dios y gozar de Él eternamente.”

“Ya lo ves, aquí estoy todo el tiempo…

La gente hace peregrinaciones y busca los lugares de mis apariciones, y está bien por todas las gracias que allí se reciben, pero en ninguna aparición, en ninguna parte estoy más tiempo presente que en la Santa Misa.

Al pie del Altar donde se celebra la Eucaristía, siempre me van a encontrar; al pie del Sagrario permanezco yo con los Ángeles, porque estoy siempre con Él.

Ver ese rostro hermoso de la Madre en aquel momento del “Santo”, al igual que todos ellos, con el rostro resplandeciente, con las manos juntas en espera de aquel milagro que se repite continuamente, era estar en el mismo cielo.

Y pensar que hay gente que puede estar en ese momento distraída, hablando

En muchos casos, hombres más que mujeres, de pie se cruzan de brazos en ese momento, como tratando de igual a igual al  Señor….

Dijo la Virgen:

“Dile al ser humano, que  nunca un hombre es más hombre que cuando dobla las rodillas ante Dios”.

El celebrante dijo las palabras de la Consagración.

Era una persona de estatura normal, pero de pronto empezó a crecer, a volverse lleno de luz, una luz  sobrenatural entre blanca y dorada lo envolvía y se hacía muy fuerte en la parte del rostro, de modo que no podía ver sus rasgos.

Cuando levantaba la forma vi sus manos y tenían unas marcas en el dorso de las cuales salía mucha luz.

¡Era Jesús!…

Era Él que con su Cuerpo envolvía el del celebrante como si rodeara amorosamente las manos del sacerdote.

En ese momento la Hostia comenzó a crecer y crecer enorme y en ella, el Rostro maravilloso de Jesús mirando hacia su pueblo.

.

Continua…

3 pensamientos en “¿QUÉ OCURRE EN UNA MISA? (IV)”

  1. Buaaaa!!!,que tengo,los pelos de pollo.Ahora tengo que procesar todo dentro y sacarlo poco a poco cada dia que me acerque al Banquete.La foto….sin comentarios.Besos.

  2. A mi no me cuesta nada creer lo que veia esta mujer….ya creo que leí algo de ella y me valió para centrarme en ese momento de la consagracion y pedir por el sacerdote que celebra…..No sabia que tenias puestas las partes de la misa que leeré detenidamente. Gracias Lazaro.

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