EL FUEGO DE CRISTO

 

He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! (Lc 12, 49-53)

El único sobreviviente de un naufragio llegó a la playa de una diminuta y deshabitada isla.

Pidió fervientemente a Dios ser rescatado y cada día escudriñaba el horizonte buscando ayuda, pero no parecía llegar.

Cansado, finalmente optó por construirse una cabaña de ma­dera para protegerse y almace­nar sus pocas pertenencias.

En­tonces, un día, tras merodear por la isla en busca de alimento, regresó a su casa sólo para en­contrar su cabañita envuelta en llamas, con el humo ascendien­do hasta el cielo.

Lo peor había ocurrido, lo había perdido todo.

Quedó anonadado de triste­za y rabia.

“¡Dios mío!, ¿cómo pudiste hacerme esto?”, se lamentó.

Sin embargo, al día siguiente fue despertado por el ruido de un barco que se acercaba a la isla.

Habían venido a rescatarlo.

“¿Cómo supieron que estaba aquí?”, preguntó el cansado hombre a sus salvadores.

“Vi­mos su señal de humo, contes­taron ellos.

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Es fácil descorazonarse cuan­do las cosas marchan mal, pero no debemos desanimarnos por­que Dios trabaja en nuestras vi­das aún en medio del dolor y el sufrimiento.

La próxima vez que tu caba­ña se vuelva humo, recuerda que puede ser la señal de que la ayu­da y gracia de Dios viene en ca­mino.

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EL HUMO NO SIEMPRE ES SEÑAL DE DESASTRE… DIOS NUNCA LLEGA TAR­DE, SIEMPRE ESTÁ PRE­SENTE

Aprovechando que hoy, en el Evangelio, Jesús nos habla de fuego, he querido compartir esta breve historia hoy contigo porque sé que en algún momento te habrás sentido como el protagonista del naufragio.

A ese hombre lo liberó un barco que lo devolvió a la vida. Como Jesús lo hizo con nosotros.

Imagínate que cuando se va acercando a la orilla a recogerte, Jesús, capitán del barco se asoma al barco vociferante:

“He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo!…”

Tú pensarías: “Ya está, ya sé quien ha quemado mi cabaña…”

Pero ¿y si es así?

¿Y si realmente Jesús te está quemando tu cabaña y está pidiendo que vayas a su encuentro?

Jesús es humilde, pero apasionado.

No es el Cristo acaramelado y dulzón que a veces nos han presentado.

Se nos presenta manso y humilde pero lleva dentro un fuego que le hace entregarse y entregarte a ti por completo el amor que brota de su corazón.

Eso es lo que nos está diciendo en este Evangelio. El fuego del que habla no es un fuego destructor de un bosque o una ciudad. Está diciendo con esta imagen tan expresiva que tiene dentro un ardiente deseo de llevar a cabo su misión y comunicar a toda la humanidad su amor, su alegría y su Espíritu.

Exactamente lo mismo que te pide a ti cuando te subes a su barco: comunicar a toda la humanidad el amor de Cristo, su alegría y su Espíritu que habita en ti.

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Lázaro Hades.

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