¿QUÉ OCURRE EN UNA MISA? (VII)

Catalina Rivas es una mujer boliviana que tuvo un encuentro místico, un momento en el que se sintió comunicada con el Señor y con su madre la Virgen María durante la celebración de una Eucaristía.

Ella entendió que debía difundir ese momento y eso es lo que venimos haciendo desde hace varias semanas.

He recogido su testimonio, contado en primera persona, y lo estoy llevando a tu experiencia personal.

En la parte superior de esta página, debajo de la cabecera y en el margen derecho, podrás ver el texto LA MISA. Haciendo click en él, accederás a todos los capítulos publicados de esta serie.

El momento en el que hoy profundizamos es cuando te diriges a recibir la Comunión.

En ese tránsito por el centro del templo, Jesús vuelve a dirigirte a ti:

La última cena fue el momento de mayor intimidad con los míos.

En esa hora del amor, instauré lo que ante los ojos de los hombres podría ser la mayor locura, hacerme prisionero del Amor.

Instauré la Eucaristía.

Quise permanecer con ustedes hasta la consumación de los siglos, porque mi Amor no podía soportar que quedaran huérfanos  aquellos a quienes amaba más que a mi vida…”

Recibiste aquella Hostia, que tenía un sabor distinto, era una mezcla de sangre e incienso que te inundó por completo.

Sentías tanto amor que las lágrimas te brotaban sin poder detenerlas…

Cuando llegaste a tu asiento, al arrodillarte dijo el Señor:

“Escucha…”

Y en un momento comenzaste a escuchar dentro de ti las oraciones de una señora que estaba sentada delante tuya y que acababa de comulgar.

Lo que ella decía sin abrir la boca era más o menos así:

“Señor, acuérdate que estamos a fin de mes y que no tengo el dinero para pagar el alquiler, la cuota del préstamo del coche, los colegios de los niños, tienes que hacer algo para ayudarme…

Por favor, haz que mi marido deje de beber tanto, no puedo soportar más sus borracheras y mi hijo menor, va a perder el año otra vez si no lo ayudas, tiene exámenes esta semana…….

Y no te olvides de la vecina que debe mudarse de casa, que lo haga de una vez porque ya no la puedo aguantar… etc., etc.”

De pronto el sacerdote dijo: “Oremos”

Obviamente toda la asamblea se puso de pie para la oración final.

Jesús dijo con un tono triste:

“¿Te has dado cuenta?

Ni una sola vez me ha dicho que me ama, ni una sola vez ha agradecido el don que yo le he hecho de bajar Mi Divinidad hasta su pobre humanidad, para elevarla hacia mí.

Ni una sola vez ha dicho: gracias, Señor.

Ha sido una letanía de pedidos… y así son casi todos los que vienen a recibirme.

Yo he muerto por amor y estoy resucitado.

Por amor espero a cada uno de vosotros y por amor permanezco con vosotros…, pero no os dais cuenta que necesito de vuestro amor.

Recuerda que soy el Mendigo del Amor en esta hora sublime para el alma.”

¿Te das cuenta que Él, el Amor, está pidiendo nuestro amor y no se lo damos?

Es más, evitamos ir a ese encuentro con el Amor de los Amores, con el único amor que se da en oblación (sacrificio) permanente.

Cuando el celebrante iba a impartir la bendición, la Santísima Virgen dijo:

“Atento, cuidado…

Haces un garabato en lugar de la señal de la Cruz.

Recuerda que esta bendición puede ser la última que recibas en tu vida, de manos de un sacerdote.

Tú no sabes si saliendo de aquí vas a morir o no y no sabes si vas a tener la oportunidad de que otro sacerdote te de una bendición.

Esas manos consagradas te están dando la bendición en el Nombre de la Santísima Trinidad, por lo tanto, haz la señal de la Cruz con respeto y como si fuera la última de tu vida.”

¡Cuántas cosas nos perdemos al no entender y al no participar todos los días de la Santa Misa!

¿Por qué no hacer un esfuerzo de empezar el día media hora antes para ir a la Santa Misa y recibir todas las bendiciones que el Señor quiere derramar sobre nosotros?

Todos los cristianos, por sus obligaciones, no pueden hacerlo diariamente, pero al menos dos o tres veces por semana, sí y sin embargo tantos esquivan la Misa del domingo con algún pequeño pretexto…

¿Cómo lo hacen cuando tienen otro tipo de compromisos importantes?

Siempre nos las ingeniamos para poder realizar todo lo que tenemos programado para un día de descanso. Tenemos tiempo para estudiar, para trabajar, para divertirnos, para descansar, pero NO TENEMOS TIEMPO PARA IR AL MENOS EL DOMINGO A LA SANTA MISA

La próxima vez que asistas a la Santa Misa, vívela.

Sé que el Señor cumplirá contigo la promesa de que “Nunca más tu Misa volverá a ser la de antes”, y cuando lo recibas: ¡Ámalo!

.

Continuará…

.

Lázaro Hades

.

 

Un pensamiento en “¿QUÉ OCURRE EN UNA MISA? (VII)”

Deja un comentario