DEJA A DIOS QUE HAGA DE DIOS

“…Había una mujer a la que un espíritu tenía enferma hacía dieciocho años; estaba encorvada, y no podía en modo alguno enderezarse. Al verla Jesús, la llamó y le dijo: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad»

….El jefe de la sinagoga, indignado de que Jesús hubiese hecho una curación en sábado, decía a la gente: «Hay seis días en que se puede trabajar; venid, pues, esos días a curaros, y no en día de sábado”  Lc 13, (10-17)

Esa pobre mujer había oído hablar sobre todos los milagros que Jesucristo estaba realizando.

Sabía que pasaría por su pueblo en su camino a Jerusalén para celebrar la Pascua… y su Pasión.

La señora llevaba muchos anchos caminando apoyada en ese bastón y en la madurez de su vida no veía más allá del suelo.

Vivía de la limosna que obtenía caminando con dificultad por el centro de la ciudad.

Pero ese sábado al oír que el Hijo de Dios andaba cerca, se trasladó hasta el lugar donde este estaría hablando con la multitud. 

Los fariseos estaban algo mosqueados ante lo que pudiera hacer ese día ya que en sábado poco más que llevar un burro a beber se podía hacer por aquel entonces.

Pero en cuanto Jesús vio a la mujer, daba igual que fuese sábado o lo que pensara la multitud o el jefe de la sinagoga: Dios hizo de Dios.

Dios pudo curar a esa mujer porque se despojó de sí misma, superó todas las barreas físicas que la separaban de aquel lugar, traspasó las barreras mentales que le insinuaban no acercarse al ser un día prohibido… en definitiva, se puso en manos de Dios con todas las consecuencias.

Y Dios la curó.

Ayer tuve la fortuna de recibir el mejor consejo que me han dado desde que comenzó el Año de la Fe para poderlo vivir interiormente con intensidad y beneficiarme de ello: DEJA A DIOS QUE HAGA DE DIOS.

Me lo dijo una religiosa que los años que acumula los sustenta cada vez más en amor a Dios y amor a los demás.

Me explicaba que lo que hemos de hacer para dejar que la fe en Dios crezca en nosotros es nada más ni nada menos que hacerle hueco a Él en nosotros, entregarnos sin condiciones ni condicionantes.

Lleva mucha razón. Me empeño en andar llenando mi interior de cosas que apenas dejan sitio para nada más.

Es como si se tratase de un armario y en cada cambio de temporada ando comprando más ropa para tener que sacar la del año pasado para que pueda entrar la nueva, de manera que siempre ando con el armario atiborrado y sin hueco para algo importante.

Nuestro interior anda siempre en esa coyuntura, con nuestras cosas y nuestros criterios. Siempre está a tope, aunque se trate de hablar de Dios.

Cuando entablamos contacto con Dios siempre queremos que sea como a nosotros nos gusta.

De esta forma esa fe que debe crecer nunca lo va hacer como Dios quiere sino como nosotros queremos que sea.

Es como si pides a alguien un consejo, el otro se toma la molestia de implicarse contigo, pero luego tú coges del consejo la parte que más te gusta pero descartas lo que desagrada, que a lo mejor es lo que necesitas.

Con esto lo que consigues es que cualquier cosa que venga de fuera que pueda ayudarte nunca va a cambiar tu forma de pensar y actuar pues estás tomando todo en base a tus criterios.

Con Dios pasa igual. Si realmente estás deseando que Dios haga de Dios, tienes que hacerle un hueco para que lo haga. Empezar a oír esas cosas que te está diciendo y aunque no te lo creas comenzar a andar por ese camino.

Si quieres que ocurran cosas diferentes, haz cosas diferentes.

….

La protagonista del Evangelio de hoy, al oír esa llamada que le decía que tenía que atravesar toda la ciudad para ir al encuentro de Jesucristo, todo lo que se le pasaría por la cabeza serían inconvenientes.

Pensaría que mejor se quedaba donde estaba, que seguiría encorvada pero al menos, gracias a la limosna no le faltaba para comer.

También encontraría inconvenientes al pensar que para qué iba a ir en un sábado a la sinagoga si ese día no se curaba a nadie.

A lo mejor se le pasaba por la cabeza, que con la multitud de personas que allí había, cómo se iba a fijar Jesucristo en una pobre vieja jorobada.

Pero no. Dejó atrás sus prejuicios y salió al encuentro de Dios, a priori con mucho que perder, pero con todo por ganar.

….

Esa es mi lectura del consejo de ayer y del Evangelio que hoy Jesús me trae para que lo entienda mejor.

Dejar hueco al Señor para que cuando pase por nuestro lado, Dios haga de Dios.

Y puede que este Año de la Fe sea ese encuentro en la sinagoga que se nos presenta a cada uno de nosotros.

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Lázaro Hades.

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5 pensamientos en “DEJA A DIOS QUE HAGA DE DIOS”

  1. BUENOS DIAS SR. LAZARO.
    TIENE UD. MUCHA RAZON, PUES ESTAMOS MUY ATIBORRADOS CON COSAS DE ESTE MUNDO, QUE IGUAL Y YA NO EXISTE EN NUESTRO INTERIOR UN ESPACIO PARA DIOS, Y SOBRE TODO, NO LO DEJAMOS ACTUAR, HACEMOS LO QUE A NOSOTROS NOS PLACE, NO LO QUE DIOS NOS DICE. GRACIAS!!

  2. Que buen consejo te ha dado la religiosa. me ha encantado. No puedeo sacarme de la cabeza esta frase. La he anotado y la he clavado en mi corcho del escritorio. A veces humanizamos tanto a Dios, que nos olvidamos de quien es.
    Un fuerte abrazo

  3. Que díficil, llevo cuarenta años queriendo que DIOS me cure, me cambie, me haga solo suya, pidiendole que aumente mi fe. LLevo cuarenta años viviendo cada dia pensando en EL, pensando que hoy será el día de mi verdadero encuentro con EL. Pero que díficil, cada día es un reto, una prueba. PERO SE QUE ALGUN DIA me curara de esa ceguera que me impide ser lo QUE EL QUIERE QUE SEA. Señor no me dejes sabes que sin TI no soy nada. CURAME

  4. Yo también pido la fe constantemente.Estos días el evangelio nos habla de eso,personas que hacen lo imposible por acercarse a Jesús,el ciego Bartimeo gritando más fuerte hasta que Jesús lo oye,y es que tenía la seguridad de que lo curaría,igual que esta mujer.Si confiáramos nosotros de igual manera,haríamos lo imposible por acercarnos a Jesús,ya que una vez que se produce el encuentro,todo cambia,ya nada es igual,ya,como tu dices nos sobra casi todo del armario.

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