¿QUÉ ES TENER ÉXITO?

“¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y se le pierde una, no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la que se le perdió hasta encontrarla?

Y una vez que la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría y al llegar a su casa, reúne a los amigos y vecinos y les dice:

‘Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido’. 

(…) Yo les aseguro que así también se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se arrepiente”. (Lc 15,1-10)

Tengo un amigo al que quiero mucho. No es creyente, es más tiene tendencia a discutir nuestra fe.

Tiene muy buen corazón. Lo respeto mucho y acepto su forma de pensar.

A veces me pregunto cómo vivirán las personas agnósticas los muchos momentos de soledad que todos tenemos.

¿Quién hay en su interior?

Al no creer en Dios no pueden sentir ni conocer la providente presencia de Jesús, su luz en la oscuridad, el sentido en el camino, apoyo en la dificultad, consuelo en la tristeza…

Los que en alguna ocasión hemos sido esa oveja que se salió del redil, buscando no sé que cosa, distraídos o simplemente dejando que nuestra fe pasa de tibia a congelada, sabemos muy bien el significado que tiene el hecho de que ese Pastor Jesús deje por momentos su redil para salir a buscarnos.

A las personas que estuvimos alejadas  y que de nuevo compartimos la paz del rebaño, oír este Evangelio de la oveja perdida debe, cuando menos, hacernos hormiguear el estómago cada vez que lo escuchemos.

Sentir como te rescata y te trae a su redil a sus hombros es algo de lo que nunca debes dejar de ser consciente.

Y lo cierto es que muchos de nosotros que nos salimos de aquel rebaño, pese a ser conscientes que el mismo Jesús se arremanga para venir a recogernos, nos ponemos tozudos y andamos revolviéndonos sobre sus espaldas porque nos cuesta aceptar que su misericordia sea tan infinita.

Me siento un privilegiado al recibir clases particulares del Señor.

Sí, eso es lo que parece que me ocurre cuando a través de los acontecimientos me hace entender las cosas tan claramente.

Hoy Dios nos tenía preparada para la primer lectura de la Misa, un fragmento de la carta de San Pablo a los Corintios.

Las palabras del apóstol han resonado con fuerza en mi interior:

“…los que servimos a Dios movidos por su Espíritu y ponemos nuestra gloria en Cristo Jesús, no confiamos en motivos humanos.

Aunque yo ciertamente podría apoyarme en tales motivos.

Más aún, nadie tendría más razones que yo para confiar en motivos humanos:

Porque fui circuncidado al octavo día, soy israelita de nacimiento, de la tribu de Benjamín, hebreo e hijo de hebreos; en lo que toca a la interpretación de la ley, fariseo, y tan fanático, que fui perseguidor de la Iglesia de Dios; y en cuanto a la rectitud que da el cumplimiento de la ley, intachable.

Pero todo lo que era valioso para mí, lo consideré sin valor a causa de Cristo.

Más aún, pienso que nada vale la pena en comparación con el bien supremo, que consiste en conocer a Cristo Jesús, mi Señor, por cuyo amor he renunciado a todo, y todo lo considero como basura, con tal de ganar a Cristo”

Me siento identificado con San Pablo en estas palabras. No es que yo fuera perseguidor de la Iglesia, pero sí que llegué a alejarme tanto que solo los motivos humanos, como dice el apóstol, parecían ser suficientes.

Una vez que Cristo me echó a sus hombros es fácil saber qué es lo que vale la pena.

Mi querido amigo no creyente me envió ayer un correo electrónico. Ese mail y la carta de San Pablo completan la clase particular que he recibido de Dios en esta ocasión.

El contenido del mensaje era un poema de Ralph Waldo Emerson. Mi amigo, que creo que me tiene el mismo cariño que yo a él, decía que se había acordado de mí al leerlo.

En  nuestras conversaciones hablamos mucho de nuestros proyectos personales. De cómo nos va a cada uno en nuestro trabajo y nuestras aventuras profesionales. De los fracasos y de los éxitos.

Él es una persona que me suele animar mucho en sus proyectos. Ciertamente, es muy motivador oírlo.

El caso es que ayer se acordó de mí para hablarme sobre qué es el éxito según el poema de Emerson.

 “Reír a menudo y mucho;
ganar el respeto de gente inteligente y el cariño de los niños,
conseguir el aprecio de críticos honestos y aguantar la traición de falsos amigos;
apreciar la belleza;
encontrar lo mejor en los demás;
dejar el mundo un poco mejor, sea con un niño saludable, una huerta o una condición social redimida;
saber que por lo menos una vida ha respirado mejor porque tú has vivido.
Eso es tener éxito.

Pues he estado pensando desde ayer y la verdad es que Dios a través de  Waldo Emerson y San Pablo, me ha dado la lección completa.

Si solo me quedara con una de las dos afirmaciones, la del poeta o la del apóstol, estaría cojo.

Vivir con ambos pensamientos le da plenitud a mi interior.

Qué afortunados somos los que hemos sido ovejas perdidas y el Pastor vino a recogernos… eso sí que es tener éxito.

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Lázaro Hades

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3 pensamientos en “¿QUÉ ES TENER ÉXITO?”

  1. El Señor nos busca siempre y cuan agradecidos tenemos que estar por ello. Que gran definicion de lo que es el exito. Encontrar lo mejor en los demas, eso es estupendo para uno mismo. Gracias por tantas reflexiones. Un abrazo

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