¿QUÉ OCURRE EN UNA MISA? (IX, capítulo final)

Hoy terminamos la serie de capítulos que hemos dedicado a la Santa Misa según la experiencia que vivió la boliviana Catalina Rivas.

Durante estas semanas hemos vivido en primera persona lo que realmente acontece en una Misa y nuestros ojos no alcanzan a ver.

El testimonio de esta mujer nos ha servido para poder sentir con mayor intensidad el encuentro con el Señor.

Para finalizar la serie, hoy transcribo las palabras con las que Catalina finaliza su testimonio:

El Señor me habló de los frutos que debe dar cada comunión en nosotros.

Es que sucede que hay gente que recibe al Señor a diario y que no cambia su vida.

Que tienen muchas horas de oración y que hace muchas obras, etc. etc. Pero su vida no se va transformando y una vida que no se va transformando, no puede dar frutos verdaderos para el Señor.

Los méritos que recibimos en la Eucaristía deben dar frutos de conversión en nosotros y frutos de caridad para con nuestros hermanos.

Los laicos tenemos un papel muy importante dentro de nuestra Iglesia, no podemos callarnos ante el envío que nos hace el Señor como a todo bautizado, debemos ir a anunciar la Buena Nueva.

No tenemos ningún derecho de absorber todos estos conocimientos y no darlos a los demás y permitir que nuestros hermanos se mueran de hambre teniendo nosotros tanto pan en nuestras manos.

No podemos mirar que se esté desmoronando nuestra Iglesia, porque estamos cómodos en nuestras Parroquias, en nuestras casas, recibiendo y recibiendo tanto del Señor: su Palabra, las homilías del sacerdote, las peregrinaciones, la Misericordia de Dios en el Sacramento de la confesión, la unión maravillosa con el alimento de la comunión, las charlas de tales o cuales predicadores.

En otras palabras, estamos recibiendo tanto y no tenemos el valor de salir de nuestras comodidad, de ir a una cárcel, a un instituto correccional, hablarle al más necesitado, decirle que no se entregue, que ha nacido católico y que su Iglesia lo necesita, ahí, sufriente, porque ese su dolor va a servir para redimir a otros, porque ese sacrificio le va a ganar la vida eterna.

No somos capaces de ir donde los enfermos terminales en los hospitales y rezando la coronilla a la Divina Misericordia, ayudarlos con nuestra oración en ese momento de lucha entre el bien y el mal, para librarlos de las trampas y tentaciones del demonio.

Todo moribundo tiene temor y el solo tomar la mano de uno de ellos y hablarle del amor de Dios y de la maravilla que lo espera en el Cielo junto a Jesús y María, junto a sus seres que partieron, los reconforta.

La hora que estamos viviendo, no admite filiaciones con la indiferencia.

Tenemos que ser la mano extendida de nuestros sacerdotes para ir donde ellos no pueden llegar.

Pero para ello, para tener el valor, debemos recibir a Jesús, vivir con Jesús, alimentarnos de Jesús.

Tenemos miedo a comprometernos un poco más y cuando el Señor dice: “Busca primero el Reino de Dios y lo demás se te dará por añadidura”, es el todo hermanos.

Es el buscar el Reino de Dios por todos los medios y con todos los medios y… ¡abrir las manos para recibir TODO por añadidura; porque es el Patrón que mejor paga, el único que está atento a tus menores necesidades!

La próxima vez que asistas a la Santa Misa, vívela.

Sé que el Señor cumplirá contigo la promesa de que “Nunca más tu Misa volverá a ser la de antes”, y cuando lo recibas:¡Ámalo!

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Lázaro Hades.

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Extraído del libro “La Santa Misa. Testimonio de Catalina”

 

3 pensamientos en “¿QUÉ OCURRE EN UNA MISA? (IX, capítulo final)”

  1. Gracias Lázaro, son tan ciertas tus palabras , nos haces reflexionar; me gustan mucho tu blog. , no soy tan buena con la tecnología , quisiera saber como recomiendo a través de Facebook tu pagina, creo que Facebook es una buena herramienta cuando le damos un buen uso .
    Bendiciones .
    Patricia

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