LA PROVIDENCIA DIVINA. Capítulo II

Seguir compartiendo la experiencia contada en el libro de Catalina Rivas en torno a la Providencia Divina, la reconciliación y la unción de los enfermos, en lo que ella describe con una visión distinta acerca de la muerte.

 

Capítulo II

Conversión, Dulce obsequio de Dios

Nos enteramos sucesivamente, de que cuando Carlos retornaba a mi país, luego de una visita que nos hizo en el mes de enero, había pedido a un sacerdote que lo escuchara en confesión, diciéndole él mismo que comprendía que no podría recibir la absolución, pero que, sin embargo, él ya estaba expiando con mucho arrepentimiento sus pecados; que sabía que se estaba confesando a Dios a través del sacerdote, y que se acogía a Su infinita Misericordia.

Pidió oración al sacerdote, porque esperaba resolver pronto los trámites para que se declarase nulo su matrimonio. Él anhelaba acudir formalmente a la confesión y recibir la esperada absolución. Deseaba recibir la Sagrada Comunión para unirse a la experiencia espiritual que todos vivíamos. Con su conducta y conversión ya había empezado a reparar los errores de su vida pasada.

Posteriormente supe de que él rezaba el Rosario en familia todos los días. Hacía ejercicios físicos por su problema cardíaco y durante sus caminatas completaba la Corona entera del Santo Rosario. Todos los domingos visitaba un Santuario mariano con su familia, donde participaba de la Santa Misa. Luego de la celebración, junto a los suyos, permanecía media hora más en adoración ante el Santísimo Sacramento.

Lamentablemente, su muerte sobrevino después de una muy corta pero fulminante enfermedad. Un paro cardíaco terminó con su vida. Nadie había sospechado la gravedad de su estado, por lo que se insistió más en la asistencia médica. No hubo el tiempo suficiente para buscar la ayuda espiritual. En sus últimos momentos, su esposa le pidió que rezara, y derramando una lágrima, mi hermano murió.

Nunca estás sola

El 11 de junio yo estaba muy triste, sobre todo porque no debía llorar, no podía hacerlo para que mi mamá no lo notara. Me era difícil asumir la muerte de mi joven hermano y me sentía abandonada. Veía a mi otro hermano sufrir mucho, debía ponerme fuerte…

Algo pasó, tuve que guardar mi dolor, como si hubiera dejado de lado una cosa para asumir la inminente muerte de mi madre, pues yo entendía que vivía sus últimos días. Dos meses antes, en otro viaje, me sorprendí asegurando a mis amigos cercanos, que a mi madre se la llevaría el Señor el día del Sagrado Corazón, yo tenía esa idea, ese sentimiento dentro de mí, como escrito en mi carne.

Esa noche del 11 de junio, después de mi oración, el Señor me dictó:

-Hija mía, en ningún momento te he abandonado. Quiero que pienses muchísimo en aquellas noches en las que te permití saborear un poquito del Paraíso Celestial.

Piensa en la Comunión de los Santos y de este modo encontrarás que el aparente adiós a tu querido hermano tiene que transformarse en gozo para tu familia; gozo que les traerá el consuelo.

Recuerda que los Bienaventurados reflejan sobre ustedes su luz beatífica y ten la certeza de que por esa comunión Eclesial, quienes los han precedido partiendo llenos de amor, los ayudan con sus oraciones, están cerca de ustedes para consolarlos en las penas, para fortalecerlos en las pruebas; para desarmar los obstáculos que encuentran en su camino y ayudarlos a superar las astutas trampas que suele tenderles nuestro común adversario.

Te preparé y te guié para conducir a tu familia en el luto… ¿Habrías aceptado con la misma pasividad si te decía Yo que el luto sería por tu hermano menor? Y, ante el Divino Querer, tú criatura pobre, ¿qué hubieras hecho?

La asistencia de María, nuestra Madre

Siguió diciendo Jesús:

– Fue obra de Mi Madre preparar aquella alma para que esté dispuesta a recibir Mi Misericordia. Que esta partida, prematura en el lenguaje humano, les enseñe a vivir con su lámpara prendida, buscando la santidad diaria; no aquella que pueda ver el hombre, porque eso no tiene valor ante Mis ojos sino que más bien Me entristece.

Me entristece ver que se aparenta una religiosidad en muchos hijos, que están lejos de vivir y que únicamente sirve para provecho personal… Se engaña a la gente para adquirir poder y con ello sobresalir; se manipulan las cosas a gusto y capricho de sí mismos.

¿Y qué piensa Jesús? Eso deberían preguntarse cuando la soberbia, el espíritu de crítica hipócrita está haciendo su presa del alma.

Mi pequeña nada, ofréceme toda esa carga que pareciera reventar tus fuerzas. ¡Hay tantas almas que salvar! Durante toda esta semana, tú y el Padre harán su Hora de Adoración nocturna desde el jueves, que se conmemora Mi Sacerdocio Eterno, hasta el jueves próximo… En ella rezarán su Rosario y con su oración de reparación Me consolarán por tantos que rechazan Mi Corazón Eucarístico.

(…) Fortalézcanse con la oración porque a la hora de rendir cuentas ante Mi Presencia, estarán solos y desnudos… con las manos llenas o vacías. (…) Sean generosos en su entrega personal, más allá del egoísmo, el revanchismo, la impureza, la ingratitud. Es decisión de cada uno el pertenecer a este grupo o quedarse rumiando la frustración de haberme fallado en las cosas que verdaderamente son importantes para Mí.

Es muy triste comprobar a cada instante que en la tierra el precepto del amor al prójimo es destrozado por el egoísmo, la envidia, el odio, la división y de este modo, la dignidad de las criaturas de Dios, es triturada por el yunque de la esclavitud interior, que los hace víctimas de las pasiones desordenadas (…) Tómate fuertemente de la mano de Mi Madre y concédele su afán a cada día, con la seguridad de que Mi Espíritu fortalece, alienta y guía el tuyo.

¿No crees que es Infinito Mi Amor y que puede llenarlo todo? Sonríe y descansa en Mi Corazón…

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“Cuando nos falta toda humana asistencia, entonces debemos esperar más de la asistencia de Dios.” San Ambrosio

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