CAMINO A LA SANTIDAD

SANTIDAD

(…) Un hombre cubierto de lepra que, al ver a Jesús, se echó rostro en tierra, y le rogó diciendo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». Él extendió la mano, le tocó, y dijo: «Quiero, queda limpio». Y al instante le desapareció la lepra. (Lc 5,12-16)

Será una de esas casualidades de las que se disfraza Dios para comunicarse con nosotros, pero me disponía anoche a leer el Evangelio de hoy para tratar de encontrar contenido para esta entrada de esta mañana y al mismo tiempo que lo leía me llegaba un correo en que se informaba de la inminente canonización de Juan Pablo II.

Giovanni Battista Re, es un cardenal italiano, uno de los mas estrechos colaboradores del papa Wojtyla, su sustituto de Asuntos Generales en la Secretaría de Estado durante su pontificado.

En estos días ha afirmado que en este 2013 o como mucho en 2014, el ahora beato Juan Pablo II será proclamado santo.

“Si no es este año será el próximo”, indicó el purpurado, explicando que, “como ha realizado más de un milagro, seguramente hay al menos uno válido para su canonización”.

Para muchos este es un momento muy esperado. Para nosotros, los que hemos vivido en el mismo tiempo que Juan Pablo II, será muy emocionante llamar San Juan Pablo II al Papa que hemos acompañado en su camino a la santidad .

Para que una persona sea proclamado santo es necesario el reconocimiento de alguno de sus milagros por los médicos de la Congregación de la Causa de los Santos.

En este caso, solo falta un paso para que el pontífice polaco sea elevado a los altares.

“Los tiempos pueden ser muy breves”, aseguró el cardenal, que precisó haber tenido las informaciones hace algunos meses, cuando “en mérito a las curaciones científicamente inexplicables”, atribuibles a la intercesión del papa, la Congregación vaticana estaba estudiando unos tres o cuatro “para evaluar el más sólido y poder conformarse mejor a los criterios de juicio•.

“Las curaciones –dijo– son evaluadas por una junta de siete médicos, miembros de un organismo científico interno, más bien severo, que tienen la tarea de examinar cada detalles. Son tan rígidos y meticulosos que por ejemplo, prefieren no pronunciarse si una enfermedad fue curada con terapias que en casos similares se mostraron efectivas”.

“Los siete médicos de la junta tienen que estar de acuerdo en que se trata de un hecho inexplicable desde el punto de vista humano y científico”. Es justamente el equipo médico quien decide si se trata de un milagro o menos, afirmó Re.

Una vez obtenido el placet, debe decidir la Comisión de los cardenales y obispos, que juzga ”solamente si el milagro fue obtenido por la intercesión” del candidato a la gloria de los altares.

Después se necesita la aprobación definitiva del papa, y entonces “se puede proceder enseguida definiendo la fecha y el período más adecuado” dijo.

Hoy, en el Evangelio también se nos cuenta el que podría ser uno de los primeros milagros relacionados con curaciones con los que se manifestó el Señor.

Un milagro se produjo desde el momento en que fue concebido en el seno de María, pero actuaciones como la del leproso son necesarias para que nuestra mente tan escéptica a veces, se quiera convencer que estamos cerca de Dios.

Jesús, con su poder, tanto en el milagro del leproso como el que había hecho días atrás multiplicando los panes y los peces, no necesitaba ningún signo externo para que estos aconteciesen.

En acto de la multiplicación de los alimentos se trataba de saciar el hambre de cinco mil personas y Él lo podría haber hecho en silencio colmando esa necesidad en cada uno de los allí presentes. Pero ante nuestra torpeza hizo repartir unas pocas de piezas de alimento para que los apóstoles y los que allí acudieron pudieran ver que realmente estaban ante el Hijo de Dios.

Igualmente con el leproso. Lucas nos narra cómo Jesús “extendió su mano y lo tocó”. Hubiera bastado con pronunciar las palabras “quiero, queda limpio”. Pero de nuevo el Señor opta por mostrarnos el camino ante nuestra incredulidad.

La razón es el muro que nos separa de Dios. Necesitamos gestos. Hechos, actuaciones como la de Juan Pablo II durante su vida para convencernos.

Es una lástima que tenga que ser así, pero a los hombres nos cuesta convencernos de que Cristo está dentro de nosotros y desde sus primeros días de vida pública Él así lo entiende y de ahí gestos como el del leproso.

Sin embargo no busca más que nuestro cambio interior. Él quiere que sepamos que es a nosotros a quien se está dirigiendo.

Al leproso “le ordenó que no se lo dijera a nadie”. Cada vez que se disfraza de casualidad nos está diciendo algo a cada uno de nosotros para que no se lo digamos a nadie.

A través de Juan Pablo II, Dios ha dicho muchas cosas en el mundo en que tú y yo vivimos.

Ojalá nuestra incredulidad se transforme, por su Gracia, en un seguimiento confiado de su Palabra.

Que nos creamos de verdad todo aquello que decimos cuando afirmamos que Dios maneja nuestras vidas, que confiemos de verdad, que nos sintamos acompañados toda nuestra jornada por su presencia…

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Lázaro Hades.

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Un pensamiento en “CAMINO A LA SANTIDAD”

  1. No tengo palabras para expresar la especial devoción que siento por Juan Pablo II

    Para mi ha sido el mejor Papa de la historia.

    Un cariñoso saludo 🙂

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