¿QUIÉN MANDA EN TU VIDA?

el jefe

Nadie echa un remiendo de paño sin remojar antes a un manto viejo; porque la pieza tira del manto,  lo nuevo, de lo viejo, y deja un roto peor. 

Nadie echa tampoco vino nuevo en odres viejos; porque revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos.  

“En mi casa mando yo, pero la que toma las decisiones es mi mujer”.

Hace un par de días oí esta frase en un anuncio de radio.

Me llamó mucho la atención porque la primera parte de ese texto sería la bravuconada que exclamaría un señor como el de la imagen de hoy.

La segunda parte de la frase sería la que añadiría un señor como yo…

El caso es que me la anoté porque enseguida me dio una idea para escribir un post. Solo faltaba que el Evangelio de alguno de los días siguientes me diera las piezas necesarias para armar una nueva reflexión.

De hecho, enseguida me vino a la cabeza cambiar algunos de los términos de la frase y preguntarme sobre en cuál de ellos me posicionaba.

Primero la monté así:

En mi vida mando yo, pero es Dios quien toma las decisiones.

Luego invertí el orden:

En mi vida manda Dios, pero soy yo quien toma las decisiones.

¿Cuál de las dos firmarías tú?

Yo he estado pensando unos días hasta que esta mañana tras oír el Evangelio ya lo tuve claro. Me quedo con la segunda:

En mi vida manda Dios, pero soy yo quien toma las decisiones.

Me bastó leer otra frase para reafirmarme en que estaba en lo cierto:

Cuando se cometen dos veces el mismo error, la primera vez puede ser una equivocación, la segunda es una decisión.

Entonces fue cuando me acordé de cuántas veces he repetido errores…

En el Evangelio de hoy Jesús me dice que “nadie echa un remiendo de paño a un manto viejo sin remojarlo antes ; porque la pieza tiraría del manto,  lo nuevo, de lo viejo, y deja un roto peor”

¿Qué quiere decir esto?

Nuestra vida, la que Dios nos ha brindado, es ese viejo manto con el que nos cubre y hoy nos habla.

Él nos da la Vida a través del Bautismo y nosotros debemos ser los encargados de ir tomando las decisiones que nos acercan o no alejan de su presencia, necesaria para completar este tránsito por la tierra, que es solo la antesala de lo que será la plenitud eterna cuando nos volvamos a encontrar con Él.

Muchos optan por caminar por otro lado. Si su vida presenta un roto, no les importa resolverlo con la inmediatez de un bien temporal, les da igual que la pieza que están incorporando rompa ese manto viejo que es su vida.

Ante este primer ejemplo que me da el Señor, tengo claro que Dios manda en mi vida, pero las decisiones las tomo yo, pues aunque me advierta que antes de enmendar el roto hay que remojar la pieza a coser, soy yo quien decido si lo hago o no. Soy yo quien se equivoca una y otra vez si no sigo sus instrucciones.

En segundo lugar me explica Jesús, que a nadie se le ocurre echar vino nuevo en odres viejos, porque reventaría los pellejos (que es la traducción que le dan a la palabra “odres” en algunas versiones de este término del texto sagrado).

Yo entiendo lo mismo de remiendos y de zurcidos, que de vinos nuevos, viejos y de pellejos y odres. Osea, nada.

Si Dios me está diciendo qué no debo hacer para estropear algo, al no le hacerle caso ya sé lo que me voy a encontrar.

Sé muy poco de esta vida, será mejor que deje que también las decisiones las tome Él.

Tengo claro que Dios manda en mi vida. Él es quien me escribe el guión, quien a través de los acontecimientos me lo dicta y yo quien tomo la decisión de interpretarlo o de mirar para otro lado.

Resulta facilísimo dejarse vencer por las tentaciones de lo inmediato. Son numerosas las oportunidades que tenemos para decidir optar por otra opción que no sea Cristo. El enemigo tiene suficientes artimañas para una y otra vez ofrecernos un atajo a una felicidad que desaparece más rápido que un caramelo en la puerta de un colegio.

¿O es que acaso a lo largo de tu vida no has tenido esas tentaciones?. Optar por la salida de emergencia porque no te parecía bien la vida que te planteó el Señor.

Hemos tener altura de miras, elevar nuestra mirada y observar un horizonte que dibuje nuestra vida junto a Dios para que en nuestro día a día sea también Él quien tome las decisiones.

Dios nos pide que los domingos no ayunemos. Porque el novio, como también dice en este Evangelio, está con nosotros ese día. Nos espera.

¿Por qué vas a Misa los domingos? ¿Por obligación o por necesidad vital?

Ir a Misa un domingo es una obligación, es un precepto cristiano. Sin embargo somos nosotros los que decidimos asistir o no. Me gusta afirmar que la religión cristiana deja mucha libertad al hombre. Pero es este quien opta por vivir plenamente en manos de Dios o simplemente acudir a Él en casos de emergencia.

SI optas por vivir en sus manos, esa obligación se acaba convirtiendo en una necesidad vital.

Esa visita dominical al Sagrario, ha de convertirse de forma natural, en una parte más del descanso de ese día: Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, que yo os aliviare.

En definitiva, a mi me ha quedado bastante claro quién manda en mi vida. Lo que he decidido es que también sea Él quién tome las decisiones… aunque a veces yo no lo entienda.

No llego a ser tan místico. Soy realista. Quiero vivir esta vida con las armas que toca jugarla mientras esté aquí. Sé que los bienes temporales son una buena ayuda para seguir completando este tránsito.

Pero nunca pierdo el horizonte. Por eso termino hoy con la misma Antifonía con la que cerró la Eucaristía hace unos días un viejo sacerdote de voz temblorosa:

Que tu pueblo, Señor, dirigido por tu ayuda continua, reciba los auxilios presentes y futuros que le envías, y sostenido, pues lo necesita, por el consuelo de las cosas temporales, ayúdale a aspirar con más confianza a los bienes eternos.

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Lázaro Hades

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3 pensamientos sobre “¿QUIÉN MANDA EN TU VIDA?”

  1. Si cabe,cada día te superas más Lázaro y yo siempre me marcho de este Santo blog,con una sensación maravillosa.

    Dios te bendiga.

    Un cariñoso saludo :)

  2. Yo diría más bien que Dios nos ofrece su plan para que seamos felices. Dios deja que mandemos nosotros, No veas tú, lo que me cuesta entenderlo. Nos ha dejado toda la libertad para aceptar o rechazar su “plan” . Creo que Él va arreglando en cada momento los desperfectos que nos causamos al no seguirlos. Cada vez que me pongo a reflexionar sobre ello, me asombro ante un Dios que decide someterse a la libertad y voluntad de una de sus criaturas. Entido lo que quieres decir con “En mi vida manda Dios, pero soy yo quien toma las decisiones“. Mi libertad hace que yo acepte a Dios, y en esa aceptación reconozco todo su Omnipotencia, donde el alma reconoce a su dueño y señor, tal como hizo sin dudarlo Santo Tomás : “Mi Señor y mi Dios”
    Mi gratitud por compartir cada día tus reflexiones. Un abrazo

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