LO PEQUEÑOS QUE SOMOS

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Observo a los que me preceden a diario a la hora de comulgar, y teniendo en cuenta que casi todos los días somos los mismos, me he dado cuenta que a la hora de recibir al Señor está muy equilibrada la proporción entre los que reciben el Cuerpo de Cristo directamente en la boca y los que deciden convertir sus manos en la cama del Dios antes de recibirle.

Me encuentro entre los que habitualmente optan por tenerlo unos instantes entre las manos antes de darle cobijo en mi humilde cuerpo.
Además del verdadero significado que tiene acoger al Señor en nosotros me gusta recrearme en ese momento.
Cuando en casa vamos a cenar con alguien importante preparamos la mesa con mucho esmero, sólo basta volver la mirada a las recién pasadas Navidades para comprobar que así fue.
Llegada la hora del banquete del Señor, aunque podamos celebrarlo a diario, nunca se trata de un día más. Ese momento nunca dejará de ser especial.

Algunos sacerdotes, quizá porque ya son muchos años al servicio del Padre, sin darse cuenta, hacen de “la entrega” un trámite que parece tienen que cumplir rápidamente y cabizbajos o con la mirada perdida lo despersonalizan cuando tienen una larga fila delante de ellos y hacen el reparto como sí se tratase de algo rutinario.
Otros, sin embargo, lo hacen con un amor que contagia y que estremece, desde el momento de la Consagración hasta que nos hacen partícipes del preciado festín.

Qué maravilloso es disfrutar de esos diez segundos en los que te acercas al altar, miras a los ojos al privilegiado mensajero de Cristo que te va a entregar su Cuerpo recién hecho, dirigir después tu mirada a la Sagrada Forma y, en el caso de los que la recibimos en las manos, observar por unos segundos cuán grande es la Gracia de Dios que nos emociona cada vez que le recibimos haciéndose presente en la Forma Sagrada.
Luego, sin moverte del sitio, y delante del altar, tomas la Hostia delicadamente y te la llevas a la boca: Dios vuelve a estar en ti.
Que privilegio tenemos al poder recibirle cada mañana.

En muchas ocasiones cuando el sacerdote deja caer, unos con más delicadeza que otros, el pan transubstanciado en tu mano, ocurre que se separan unos diminutos trocitos de la Forma que se quedan en tu mano al llevarte la pieza principal a la boca.
Esos minúsculos restos jamás deben ser despreciados. Son muy importantes.

Cuando veo el Cuerpo de Cristo en mi mano, con un prefecto redondeado color blanco, y observo esos trocitos separados siempre pienso que representan a los hombres que nos separamos del Señor.
Primero me llevo a Dios a la boca, pero inmediatamente me mojo la punta de mi dedo y acudo al rescate de los que se han separado, sin quererlo, del Elemento principal. Los voy pescando como sí estuviesen gritando con las manos hacia arriba pidiendo un rescate.
Entre ellos estoy yo, que en muchas ocasiones a lo largo de mi vida me he separado y fueron otros los que acudieron en mi auxilo.
De esos trocitos separados del Cuerpo de Cristo nos encontramos muchos en nuestro día a día.

Precisamente a esos que andan perdidos en algún momento son a los que hay que acudir en nuestro día a día. Dios nos invita a ello cada jornada.

Ayer alguien me pidió “una oración para entender”. Sin duda se trata de un hermano que tiene ansias del Señor, pero en este caso no le voy a enviar ninguna oración.
No me gusta usar las oraciones como fórmulas. Siempre han de ser diálogos con Dios o con el Santo elegido para que interceda entre nosotros.
Creo que no hay mejor forma de entender que tratando de ver a Cristo detrás de todo.

Será muy difícil que lleguemos a percepciones tan claras como las que buscamos a la hora de interpretar nuestra fe porque la razón es para la fe como el agua y el aceite.
Nos gustaría que Dios nos de las respuestas por escrito, bien explicaditas. Además que fuesen más concretas. Pero eso no lo vamos a tener nunca, porque siempre tendemos a querer que las soluciones sean como a nosotros nos gusta.
Ante las dificultades tendemos a acudir al Señor en busca de respuestas inmediatas y Dios es muy buen estratega y no siempre paga en efectivo. Si le damos crédito cobraremos con creces lo que esperamos.

Viendo con mi hija una película de animación hace unas semanas vi una escena donde unos insectos equipados con uniformes de soldados atacaban a unos hombres indefensos (en las pelis de dibujos animados cabe de todo). Para defenderse, los humanos crearon un potente haz de luz vertical al que los mosquitos acudían sin remediarlo y quedaban fulminados.
“No vayas hacia la luz!!”, se decían unos a otros. Pero todos sucumbían ante tan atrayente e irremediable reclamo para insectos.

En ocasiones pienso que a los hombres nos pasa igual con los problemas. Aunque los hayamos superado, volvemos a esa luz sin remediarlo. Por fortuna, somos un poco más inteligentes que los mosquitos y deberíamos saber que si acudimos a la luz somos fulminados.
¿Por qué entonces tendemos a ir una y otra vez a la emboscada que nos tiende el enemigo en forma de preocupaciones?
Huye de lo que impide que entiendas. No acudas a la luz de aquel dolor que ya pasó y que hoy solo consigue atraerte hacia el desasosiego para regocijo del diablo.

No te separes del Cuerpo de Cristo. Por minúsculo que seas a su lado, déjate atrapar cuando acudan a tu rescate. Aunque no lo entiendas.

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Lázaro Hades
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7 pensamientos en “LO PEQUEÑOS QUE SOMOS”

  1. Comparto contigo, la forma reverencial con la que recibes a Jesús. Ojalá todos lo hiciéramos de la misma forma. Me encanta todo e simbolismo que encuentras en ello, pero como bien dices : “ocurre que se separan unos diminutos trocitos de la Forma que se quedan en tu mano al llevarte la pieza principal a la boca.” ocasión que tú sabes aprovechar para reverenciar al máximo a Cristo presente en cada una de esas pequeñas partículas. Lamentablemente muchos no perciben esas partículas que van a parar al suelo…
    Un abrazo

  2. Casi nuca lo hago, creo que se me caerá, pero como dice también el Sr. Angelo, le pueden quedar pedacitos a uno en la mano y uno no se de cuenta y se vaya al suelo y ahí si lo pueden pisotear hasta uno mismo cuando vaya a salir de la misa.
    Por eso prefiero tomarlo en la boca. No sé usted dirá tiene mi email. Me podría dar un consejo aunque si reflexión está muy bien. Gracias. Dios lo siga bendiciendo para que cada día nos de más y más y nosotros podamos leerlos todos los días para nuestra salvacion. Todos los días lo colocó también en Facebook y mis amigos lo han comentado. Gracias Señor, que que nos amas mucho.

    1. Candi, haces bien en recibir el Cuerpo de Cristo en la boca. Es lo que recomienda la Iglesia.
      En esta entrada relataba mi forma de vivirlo, pero no por ello insto a seguir mi ejemplo.
      Ante tan inmenso regalo que es el poderlo recibir a diario, no hemos de detenernos en cómo lo recibimos, más si cabe en cuánto recibimos.
      Muchas gracias por tus palabras y por seguir el blog.
      Que Dios te bendiga.
      Un abrazo!!

  3. GRACIAS SR. LAZARO!! HOY HA SIDO UD. MUY EXPLICITO, O QUIZAS MI ALMA ESTABA DISPUESTA, MI RAZON LO ENTENDIO PERFECTAMENTE, Y QUEDO JUSTO PARA MI!! DIOS LO BENDIGA.

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