ARROZ CON CALABACÍN

20130128-105622.jpg

ARROZ CON CALABACÍN

Ingredientes:
Arroz
Cebolla
Pimientos rojos y verdes
Tomate
Aceite de oliva
Comino
Sal
Calabacín
Pollo troceado

Modo de preparación:
Se vierte el aceite. Cuando esté caliente se añaden los trozos de pollo troceado hasta dorarlo.
Se rehogan en el mismo aceite la cebolla junto a los pimientos. Seguidamente se añade el tomate troceado.
A continuación se pone el arroz y se sazona todo, añadiendo una pizca de colorante alimentario.
Pasado un minuto se añade agua y se pone a hervir.
Cuando lleve hirviendo 10 minutos se incorporan los trocitos de calabacín y un poco de comino molido. Se rectifica de sal y se mantiene 10 minutos más hirviendo a fuego medio.
Pasados los 20 minutos hirviendo se apaga el fuego y se deja reposar unos minutos antes de servir.

No, no, espera. No te vayas, que no te has equivocado. No ha cambiado la temática del blog…seguimos hablando de fe.

Seguimos hablando de fe, pero de la fe de nuestro día a día. Por eso hoy nos vamos a poner a cocinar.

El otro día, en un restaurante me ofrecieron probar un Arroz con Calabacín. Realmente estaba exquisito. Tanto, que probablemente vuelva a ir a ese restaurante más de una vez, aunque sólo sea para volver a probar ese arroz que dicen que ponen los fines de semana.

Tanto me gustó que pedí hablar con el cocinero para que me explicara cómo se podía hacer.
Amablemente me lo explicó y le pregunté: “¿Lo podré hacer yo en casa?”
“Claro -contestó él-, lo importante es contar con todos los ingredientes”. Seguidamente me detalló el modo de elaboración que os he copiado.

Al día siguiente asumí el mando de las operaciones de esa habitación desconocida de mi casa: la cocina. Apenas sabía moverme por ella más allá de la estantería de la nevera donde se guardan las cervezas, pero suponía que por allí debería estar todo lo que el cocinero me había dicho que necesitaba.
Confiado porque el profesional me había dicho que cualquiera lo podía hacer, emplacé a mi familia a esperarme a la hora del almuerzo sentados en el comedor. Allí estarían ellos como los polluelos que esperan en el nido mirando ansiosos hacia arriba con el pico abierto, graznando hasta que llega la mamá con las viandas.

¡Manos a la obra!
Vamos a ver… Los ingredientes: arroz, hay; aceite, hay; pollo, no hay; sal, hay; comino, no hay; cebolla, hay; pimientos, no hay…
Bueno faltan algunas cosas, pero podré otras, a ver qué sale…
Hice lo que pude.
Lo que salió se parecía a lo del restaurante en que había unos granos amarillos pegados unos a otros que se podrían llamar arroz en el origen, pero que nada tenían que ver con aquellos que el día anterior bailaban en el meloso caldo de arroz coqueteando con el calabacín.

¿Y qué tiene que ver esto con nuestra relación con Dios? Pues que es lo mismo.

En la sobremesa del mencionado almuerzo conversé con un amigo que se niega a seguir a Dios porque no entra en su razón creer en lo que no ve. A pesar que compartí con él los años de educación cristiana de nuestra adolescencia, hoy estamos a mucha distancia en nuestras creencias, según él. Yo creo que no es así.

A los dos nos dio Dios la misma receta, incluso pudimos degustar más de una vez cómo se disfrutaba de su Banquete, pero hoy no tenemos en la mesa el mismo plato.

No hace falta irme tan lejos, comparándome con alguien que niega a Dios. Basta que nos comparemos tú y yo. Dos personas que seguimos a Dios con fidelidad.
¿Por qué nuestro “arroz con calabacín” no nos sale de la misma forma?.
¿Por qué unos que siguen a Dios son tan felices y otros que igualmente lo siguen parecen tan desgraciados?. ¿Acaso Dios nos ha dado recetas diferentes?
No. A todos nos comparte la misma Palabra.

Tiene que ser entonces el contenido. Ahora recuerdo que cocinero me dijo que “lo importante era contar con todos los ingredientes…”.
Es cierto. Dios nos dispone a todos para seguirle. A practicar su máxima de amor al prójimo con el único “modo de preparación” que es seguir su modelo.
Pero claro está, si nos ha indicado con su ejemplo que los ingredientes son, entre otros, amor, perdón, comprensión, misericordia y caridad, , no podemos usar nosotros rencor porque nos falta perdón, o ira porque se nos ha acabado la comprensión.
A muchos cocineros les ocurre que nos les salen los platos igual que a otros porque les gusta innovar, darles “su toque”.
Con las cosas de Dios hay poco que inventar. “El toque” nos los da Él con su gracia. Estando abiertos a recibirle siempre podremos cuadrar la receta como a Él le gusta.
Si queremos alcanzar esa felicidad que Él nos ha prometido hemos de elaborar la receta con todos su ingredientes.
Todos los ingredientes paran una receta perfecta están a nuestro alcance. Pero eso sí, a Dios le gusta que nos dispongamos a cocinar a diario, con lo que tengamos, pero sin sucedáneos del amor.
Y Cristo está ahí todos los días para hacernos la lista de la compra. Y nos lo entrega en mano. Si algo se te olvida, sólo basta con que te pases por el Sagrario y mirarle en la Cruz para recordar que hasta el sufrimiento es importante para el resultado final.
Demos gracias a Dios porque nos da todos los ingredientes. Pidámosle luz para que nos ayude a cocinarlos.
Por todo esto pienso que ese amigo que niega a Dios le pasa como a mí en mi casa, que ha perdido de vista la cocina
.
Lázaro Hades
.

8 pensamientos en “ARROZ CON CALABACÍN”

  1. Ya lo decía Santa Teresa: “Hasta en los pucheros anda el Señor”. Ya veo que contigo se luce, inspirando todas las acciones de tu jornada, y todos los acontecimientos que vives. Eso es tener visión sobrentural y caridad al compartirla con los demás. Al igual que Belén opino que tu entrada de hoy es genial. Originalidad en la bella fotografía, originalidad en la receta que me apunto y brillantez en la exposición. Cada día me alegro más de haberte encontrado. Un abrazo

  2. Es la primera ocasión que respondo a tus impresionantes entradas pero creo que esta lo merece. El título que has elegido es muy acertado, de hecho, si en Google buscas “arroz con calabacín”, tu entrada se encuentra en los primeros lugares. Te felicito por esta magnífica idea para llegar a Él. Pues en esas andamos…gracias por tu enorme ayuda.

    1. iDescubre, gracias por animarte a comentar. La mayor recompensa es sentirse canal de transmisión entre Dios y vosotros a través de mis insignificantes palabras.
      Me alegra que te gusten. A veces soy el primero que se sorprende de lo que escribo. Esta entrada me produjo esa sensación.
      Gracias por seguir el blog.

Deja un comentario