“¿PA QUE TE METES EN NÁ?”

20130130-103701.jpg

“Los sembrados en tierra buena son aquellos que oyen la Palabra, la acogen y dan fruto, unos treinta, otros sesenta, otros ciento” (Mc 4,1-20)

Hoy recurro al lenguaje de los andaluces para tratar de explicar este mensaje tan claro que Jesús nos ha dejado en nuestro Evangelio diario.
Conviene advertir que siempre, antes de leer estas entradas sobre el Evangelio, es necesario haberlo oído o repasado para entender un poco mejor el porqué de mis razonamientos que muchas veces hasta yo mismo me sorprendo de cómo los dicta Dios.

Desde pequeño, en la zona del sur de España donde vivo, cuando un familiar o un amigo venía a casa a traerme un regalo, había una frase mecanizada en boca de mi madre “¿pa qué te metes en ná, chiquilla?”. Esto traducido al castellano quiere de ir algo así como “¿porqué te has molestado en traer un regalo, mujer?, no era necesario…”.

Los andaluces, muy hábiles a la hora de juntar palabras lo habríamos pronunciado así: “¿paquetemetesná?”, todo seguido.

Esta mañana, el sacerdote que nos ha traído el Pan que cada mañana nos prepara Jesucristo en misa, era un hombre de estos curtidos en mil batallas eucarísticas, con miles de consagraciones a sus espaldas y con una rapidez para desarrollar la liturgia que bien podría, el buen hombre, presentarse a un concurso de lectura rápida.
Antes de la misa no sabía qué mensaje del texto sagrado tocaba hoy y tras oír la parábola del sembrador me quedé por unos instantes enganchado a la clara explicación que el Señor nos da hoy.
Cuando reaccioné ya estábamos cantando “el Santo“. A veces nos ocurre esto, desconectamos de la misa y Dios nos tiene que tirar de las orejas para que volvamos.
El caso es que al terminar la eucaristía, me senté en mi banco a terminar de digerir el Banquete y con mi pose andaluz, miré la imagen del Señor crucificado y le dije: “ ¿pa que te metes en ná, Señor“?
Para qué te pones a sembrarnos todos los días si no lo merecemos muchas veces. Si es que descuidamos la tierra que forma nuestro interior y cuando cae tu semilla no hay forma que dé fruto
Yo me pongo en la piel de Jesús (bueno, ya me gustaría poderlo hacer) y me veo con un saco de semillas cada mañana saliendo a sembrar a las personas y comprobando cómo nosotros las desaprovechamos tantas veces. Pero Él sigue cada día sembrando una y otra vez con generosidad desbordada.
Mi madre, cuando el regalo era un juguete añadía, ” si esto le va a durar dos días, si este niño lo rompe todo…“. Pues igual nosotros. Aunque la semilla dé fruto, nos dura muy poco en nuestras manos…

Estoy hecho de un terreno tan poco propicio a dar fruto que el incansable Dios tiene que estar continuamente sembrándome.

Aún sentado en mi banco, el mismo desde hace tres años que esa Iglesia y esas monjas son como mi casa y mi familia, seguía contemplando la imagen del Crucificado con las dos Marías llorándole a sus pies.
Viéndole sufrir en la cruz, volvía a meterme en su pellejo. Cuánto dolor tuvo que pasar. ¿Y para qué?, ¿Porqué sufrir tanto?
¿Por ?, ¿Por nosotros?
Pensé por un momento en las pequeñas y escasas mortificaciones que yo, consciente, he hecho por los demás. Qué poco nos gusta sufrir.

Es difícil encontrar sentido al sufrimiento, pero cuando ves a alguien que lo hizo por los demás de una forma tan desprendida te das cuenta de lo ridículas que son nuestras quejas ante el primer síntoma de dolor.
Ese sufrimiento del Hijo de Dios, muerto clavado en una madera, es la mayor semilla que pudo sembrar para nosotros. ¿Qué menos que nos sirva su ejemplo?
Me ha hecho pensar que mis pequeños episodios de dolor bien podían ser justificados si se los ofrezco en compensación por su generosidad.
He puesto los pies en el suelo, llegando a la conclusión que la mayoría de las veces sufrimos más por lo que imaginamos que puede pasar que por lo que realmente ocurre y que ese sufrimiento bien empleado está si es para corresponderle.

En la parábola del sembrador se tira una semilla y hay tres opciones:
1. Que caiga en terreno pedregoso y nunca pueda penetrar. Cuántas veces somos como piedras ante su Palabra, su consejo.
2. Que caiga en tierra buena, pero no críe la raíz suficiente. ¿En cuántas ocasiones ante la más mínima dificultad sucumbimos? No estamos bien arraigados.
3. Que caiga en tierra buena y el fruto de la semilla sea abundante. ¿Tenemos el terreno preparado, predispuesto siempre?

En las tres opciones nos hemos encontrado alguna vez. Para qué no se nos amontone el trabajo, cada día podíamos ir quitando las piedras de nuestro terreno, ahondando en nuestro interior para que la semilla eche raíces y abonando con oración generosa el alma para que el fruto sea abundante.

A pesar de las numerosas piedras que dificultan y desperdician las semillas que Dios reparte, Él insiste cada día con el regalo.

¿Pa que te metes en ná, Señor?

.
Lázaro Hades
.

4 pensamientos en ““¿PA QUE TE METES EN NÁ?””

  1. Aishs… Que me he “reio” pero entre risas, menuda lección me ha dado el que siempre se mete hasta cuando no le llamamos. Como ahora, que no estaba buscándole y me he dado de frente con Él en este espacio tuyo.
    Gracias, un abrazo.

  2. ES CIERTO, TODOS LOS DIAS, Y CADA MOMENTO, NOS ESTA SEMBRANDO, NOS ESTA CUIDANDO, NOS ESTA PODANDO, PERO SOMOS TIERRA SECA, Y CUESTA MUCHO TRABAJO ABONARLA. QUE PENA CONMIGO!,MI DIOS, NUNCA SE CANSA… GRACIAS. SR. LAZARO!

  3. Una parábola de mucha actualidad, que nos invita a reflexionar en qué camino andamos….
    El último libro de María Vallejo sobre Cielo e Infierno, tiene un capítulo donde la Virgen explica a una vidente como seguir la misa. A mi me ha ayudado mucho para no distraerme y para vivirla de otro modo.
    Gracias por tu humor.Un abrazo

Deja un comentario