¿REZAR SIRVE PARA ALGO?

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¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? Marcos 6,1-6

No, rezar no sirve para nada.

Al leer esta primera línea me temo que hoy se da de baja más de un suscriptor. Suele ocurrir cuando escribo algún texto de estos que ponen pimienta en esta ensalada de la fe que todos los días compartimos.

Vamos a ver:

¿Para qué sirve un martillo?. Para golpear.

¿Para qué sirve una plancha?. Para planchar.

¿Para qué sirve un lápiz?. Para pintar.

Desde un punto de vista de utilidad está bien claro para qué sirven estos objetos.

Desde el mismo punto de vista, rezar no sirve para nada.

Mal que les pese a algunos oírlo, rezar no es una fórmula. Cuántas veces has oído soluciones  que proponen cosas como “rezar 20 padresnuestros durante 4 semanas seguidas y luego si repartes 80 fotocopias de la oración y publicas el favor concedido lograrás el próximo que pidas…” 

Esto no funciona así. Este tipo de fórmulas, cuando las recibimos no nos atrevemos a rechazarlas por miedo. Porque creemos que nos puede traer mala suerte no hacerlo o nos puede “castigar el Señor” si las despreciamos.

Si realmente crees en Dios, lo primero que no tienes que tener es miedo. Si crees en Él solo has de pensar que cualquier cosa que hagas solo sea para servirle, para honrarle, para darle gloria, pero nunca por miedo a Dios. Dios no castiga.

Entonces, ¿para qué sirve rezar?

Debemos madurar el sentido de nuestra oración. Si te das cuenta, es el único lenguaje interior para comunicarte con Dios. Pero a veces recitamos los textos de las oraciones de memoria, sin pensar lo que estamos diciendo.

En ese sentido soy muy tajante conmigo mismo. Si en algún momento en el que me dispongo a rezar no puedo concentrarme lo suficiente o noto que estoy más pendiente de lo que ocurre a mi alrededor que de mi diálogo con Dios, lo dejo y me pongo a otra cosa. Seguro que habrá otro momento de oración de calidad. Pero no la hago por cantidad.

Es mejor así. Es como si Dios está ahí escuchando a ver qué le decimos y nosotros estuviésemos jugueteando con el móvil o mirando para otro lado… ¿cuántas veces nos ocurre eso con nuestros hijos?. Pues igual le pasa al Padre con los suyos.

La oración ha de ser siempre un tributo al Señor y nuestra mejor muestra de servicio. Si lo entendemos así nos será más fácil comprender porque la Iglesia le llama a la oración oficio divino, porque realmente es como una tarea a la que nos encomendamos para honrarle.

Para rezar (en el sentido que estamos hablando) es más necesaria la fe que nunca. Me refiero a la fe sin ambages, sin excusas, la del otro lado del muro que es la razón que tantas veces nos separa de Dios.

Hoy, en el Evangelio, sus vecinos daban motivos a Jesús para que nos dejara una afirmación que pese al paso de los siglos podemos constatar cada día en nuestras vidas: Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa”. Nadie es profeta en su tierra.

Cuando lo veían hablar como lo hacía, realizar los milagros y sanaciones e incluso predicar en sábado, sus viciadas consciencias le impedían aceptar que el hijo del carpintero estuviera capacitado para obrar de esa manera.

Es justo lo mismo que nos pasa ahora. Cuando vemos a alguien que triunfa cerca de nosotros nos cuesta aceptarlo. Con mucha frecuencia recurrimos a despreciar el progreso de los más cercanos dejándolos en inferioridad a cualquiera con aptitudes similares que sea foráneo. Esto ocurre en todos los ámbitos de la vida.

Pero volviendo al Evangelio de hoy y sacando la enseñanza que hoy nos regala Jesús quiero hacer hincapié en la relación de este pasaje con el sentido de la oración.

Cuando digo que hemos de rezar con fe quiero insistir en la necesidad que tenemos dirigirnos a Dios con más inteligencia que lo hicieron sus contemporáneos.

Aquellos tuvieron la suerte de tener a Jesús aquí abajo, pisando el mismo barro que ellos, pero no se dieron cuenta que Él es de allí arriba. Por eso nunca lo entendieron. Lo veían como al hijo del carpintero y su fe quedaba cercenada con ello.

Nosotros somos conscientes que lo tenemos allí arriba, solo nos falta no confundirnos con lo que tenemos aquí abajo. Con la oración nos lo traemos a nuestro lado, nos acercamos a Él con la seguridad que nos da sabernos oídos, con la tranquilidad que supone sentirlo dentro, haciendo de la oración un diálogo para con Él.

Cuando estemos rezando ante la imagen del Señor que preside nuestra oración, no nos quedemos en la pintura o en la talla, vayamos más allá, que no nos pase como a sus vecinos y no sepamos reconocer quién es verdaderamente nuestro Dios.

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Lázaro Hades.

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4 pensamientos en “¿REZAR SIRVE PARA ALGO?”

  1. En mi caso,no es tanto la oración como el tiempo que paso hablando con ÉL…a cada rato le hablo,siempre está en mi pensamiento,en cada cosa que hago y le canto mucho,pero mucho Lázaro…así llueve lo que llueve en Bilbao 🙂

    Yo ya no se vivir de otra forma.

    Un cariñoso saludo 🙂

    1. Pues claro que si Candi!! Claro que esta muy bien que cantemos a nuestro Señor.
      A lo que hoy me quiero referir con la entrada es a hacerlo todo con el corazón, para honrarle. Por Él y para Él.
      Solo con leer tus palabras me consta que es así.
      Gracias.

  2. HOLA: YO SI LE HABLO, PERO NO LE CANTO, HACE MUCHO QUE NO CANTO… ANTES SOLIA HACERLO SEGUIDO, NO SE EN QUE MOMENTO DEJE DE HACERLO, PERO ESO SI, LE HABLO MUCHO. SALUDOS.

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