HAZME DÓCIL A TU VOZ…

cuaresma2013-4

…el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la salvará.

Lucas, 9, 21-25 (pulsa aquí para leer completo el Evangelio de hoy)

CUARESMA 2013: EL CAMINO A LA VIDA.

JUEVES DESPUÉS DE CENIZA.

Afrontamos el segundo día de Cuaresma con instrucciones claras de parte del Señor:

“El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga”.

¡Toma ya!, ¡Ahí queda eso!

Podría haber dicho el Señor algo más facilito, algo así como “el que me quiera seguir, que me rece un poquito todos los días, que se de golpes en el pecho de vez en cuando, que cumpla todos los domingos acudiendo a misa y que se deje ver de vez en cuando por la Iglesia…”

Lo de cargar con mi cruz de cada día más o menos lo entiendo, pero vamos a ver, ¿qué es eso de renunciar a sí mismo?. ¿Tan complicado es esto de la fe?.

Pues no. No es nada complicado. 

En ocasiones la letra de los cantos que se recitan en misa son muy poéticos. Bonitos para oírlos, eso sí, pero con un texto tan bien enlazado como difícil de entender en algunos casos. Esta mañana, la monjas cantaban algo que se me ha quedado grabado en la mente. Será porque soy cortito de entendimiento y a mi me tienen que dar el pan partido.

El estribillo decía: “…hazme dócil a tu voz. Transforma mi vida entera…”

Puestos a pedir a Dios, que me ponga a mi una ración doble de estribillo.

Ya os decía yo ayer que en la Cuaresma nos van a poner las pilas, por eso hay que estar como el caballo que elegí como ícono de este camino a la vida. Con brío y energía para recibir los rayos de sol en forma de gracia con los que Dios nos va a broncear estos 40 días para estar “muy guapos” en la Pascua.

Me he puesto el firme propósito de despiezar los evangelios de estos 40 días para tratar de recibir bien las instrucciones de este tránsito que Jesús preparó hace mucho tiempo para mi, que no por estar escritos desde hace tanto, van a dejar de estar actualizados cada mañana con lo que necesito para el momento que vivo de mi existencia.

Y en el día de hoy me he quedado con la frase, quizá más difícil de interpretar del este capítulo del texto sagrado: “el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mi, la ganará”.

Este fragmento hay que leerlo despacio y no pasarlo por alto, que suele ser lo que hacemos cuando nos metemos en estos mensajes que hay que destripar para ver qué hay entre líneas.

Tendemos a pensar que nuestra vida es lo que nosotros hemos armado. Creemos que eso es vivir. Con nuestras comodidades, una religión moldeada a nuestro gusto, una felicidad basada en cosas temporales… Pero sabemos por experiencia que esto no es vida. Esa vida es muy volátil, efímera, siempre hay insatisfacción. 

No siempre es fácil poner nombre a ese malestar extraño que a veces sentimos en algún momento de nuestra vida. Cuando vivimos al antojo de las comodidades temporales somos conscientes que queremos algo más. En alguna ocasión alguien que no cree te habrá confesado que le gustaría ser como tú; cuando tú considerabas que él lo tenía todo por que era rico, resulta que era tan pobre que solo tenía dinero o simplemente un buen estatus profesional y social.

Ese tipo de personas que buscan “algo”, una luz, una experiencia que sea capaz de dar sentido de nuevo a su vivir diario, lo que sienten es algo que podemos llamar “vacío interior”. O lo que es lo mismo “aburrimiento”, cansancio de vivir siempre lo mismo, sensación de no acertar con el secreto de la vida. Notan que se están equivocando en algo esencial y no saben exactamente qué es.

Por aquí va la interpretación de esa frase del Evangelio: “el que quiera salvar su vida…” El que quiera salvar esa vida vacía, la tiene que perder. Dejarla a un lado, perderla a cambio de ganar la de Cristo. 

Puede que no te veas identificado en el caso anterior, porque piensas que tú ya dejaste tu vida por la de Cristo. Pero es que a veces también el cristiano tiene crisis de fe. 

Hay momentos en que nos hacemos muchas preguntas, no sabemos en qué creer, nada logra iluminarnos por dentro, hemos perdido la ingenuidad de otros tiempos, pero no la hemos sustituido por nada mejor. Es entonces cuando puede crecer en nosotros una sensación de culpabilidad: ahora ya no hemos quedado sin clave alguna para orientar nuestra vida.

Lo primero es no ceder a la tristeza. Esas inquietudes nos han de servir para madurar: para vivir. Piensa en cristiano si te ves en esa inquietud, no es otra cosa que tu deseo de vivir algo con más verdad.

En esos momentos es cuando perdida la vida cómoda, nos disponemos a cambiarla por la que propone Jesús. Solo fijándonos en Él como persona encontraremos respuestas a lo que verdaderamente es vivir: vivir como Él. Por eso Cristo termina diciendo: “quien la pierda por mí, la salvará”. 

Cuando pase un tiempo y mires hacia atrás en tu vida, verás esas etapas en las que la vida que estabas disfrutando no era realmente la vida tal y como la entendías, una vez que te entregaste a Él con todas las consecuencias, supiste lo que era vivir.

Quiero cambiar mi vida por la vida por la que me propone Jesús. Necesito ayuda, especialmente en este camino cuaresmal que quiero recorrer para llegar a la Pascua.

Dios está más predispuesto que nunca a prestarme su apoyo. De nuevo me acuerdo del estribillo que cantaban las monjas:

“…hazme dócil a tu voz. Transforma mi vida entera…”

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Lázaro Hades.

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PD.: La canción es “La oración del pobre”. Te dejo un vídeo para que puedas oírla completa.

 

 

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