DAR TESTIMONIO DE LO QUE VÍ

cuaresma2013-17

(…) te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no vengan también ellos a este lugar de tormento. (Lucas 16, 19-31)

CUARESMA 2013: El Camino a la Vida

JUEVES II DE CUARESMA

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos:

Había un hombre rico, llamado Epulón, que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas.

Y uno pobre, llamado LÁZARO, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico… pero hasta los perros venían y le lamían las llagas.

Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham.

Murió también el rico y fue sepultado.

Estando Epulón en el HADES, el infierno, entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno.

Y, gritando, dijo:

“Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama”.

Pero Abraham le dijo:

“Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado.

Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros”.

Replicó:

“Con todo, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no vengan también ellos a este lugar de tormento”.

Le dijo Abraham:

Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan”.

Él dijo:

“No, padre Abraham; sino que si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán“.

Le contestó:

Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite”.

Hoy he querido compartir al completo el Evangelio de este día por el significado tan importante que tiene esta lectura para el que escribe este blog. De hecho, esta bitácora existe gracias al mensaje que un servidor recibió ante la escucha de este capítulo del texto sagrado.

Cuando lo oí por primera vez, en una misa dominical, tras muchos años sin hacerlo, había encadenado varios domingos seguidos acudiendo a Misa y este marcó para siempre mi fe cristiana.

Hace muy poco supe que el significado del nombre de “Lázaro” es “protegido de Dios”, “Dios es mi ayuda”. Esa tarde Dios hizo que yo, que no me llamo así, me sintiera Lázaro para siempre.

Por muchísimas razones. Pasará el tiempo y cada vez que toque este Evangelio te iré contando un nuevo matiz del mismo. Hoy lo hago de nuevo.

(…) un pobre, llamado LÁZARO, echado junto al portal del rico, con el cuerpo cubierto de llagas, deseaba comer de lo que caía de la mesa del rico… y hasta los perros venían y le lamían las llagas.

Así estaba yo. Esperando solo recibir unas migajas de Alguien que no sabes muy bien quién es porque apenas lo había recibido con sentido en tantos años de vida; en ese tiempo andaba descubriendo que el Cuerpo de Cristo era un alimento que saciaba a cuantos se acercaban a Él.

Me acerqué con tan poco que tenía el cuerpo, el corazón y el alma, “lleno de llagas” que hacían que uno estuviese completamente vacío por dentro.

Me sentía sin fuerzas como le ocurría al pobre Lázaro que apenas podía moverse para poder ahuyentar a los perros que se le acercaban a lamer sus heridas.

Ha de morir algo, quizá eso que llaman el hombre viejo para que se desencadene en ti una historia como la de esta parábola.

La muerte llega repentinamente para ambos protagonistas de este relato y mientras a uno le prepararían un impresionante funeral al otro vinieron los ángeles a recogerle para llevarlo junto a Dios.

¿Por qué el rico condena su vida y el pobre Lázaro se salva?

¿Es que las riquezas condenan a las personas?

¿Es que hay que ser pobre y miserable para salvarse?

….

Yo, gracias a una dirección espiritual a la que nunca podré agradecer cuánto hizo para orientarme y a Dios que me dedicó horas extras hasta que pudo con mi tozudez, supe pronto la respuesta a tantas preguntas como estas que a lo largo de nuestro camino cristiano nos hacemos, o nos hace el incansable enemigo que siempre está al acecho.

Quien pone su confianza en el Señor es quien se salva. Quien confía en sí mismo, su poder, en sus cosas, se condena.

¿Para qué Dios?, se diría el rico Epulón. ¡Qué triste es pensar que uno es capaz de todo! El rico pensaba que con sus bienes sería capaz de todo, nunca creyó que había algo que necesitaba y que no lo tuviera.

Cuando ponemos el corazón en el orgullo, el prestigio o los bienes…¡qué pronto nos traiciona!

Yo quise ser el Lázaro de esta historia. El pobre que no tenía nada y lo tenía todo.

Cuando decides descentrar de ti mismo las necesidades, poner el centro en los demás y confiar en Dios, sabes que tu vida, como le ocurrió a Lázaro, es conducida por ángeles.

Pero lo cierto es que en la parte final de este Evangelio me puse rebelde. Me puse del lado del rico.

El rico se acuerda de sus familiares y amigos cuando está padeciendo la condenación y no quieren que vayan con él a ese lugar de tortura y pide a Abraham que les mande a Lázaro a avisarles.

Y Abraham, con razón, se negó, pues veía que no hacían caso, no solo a Moises y a los profetas, sino que hasta vieron como a otro Lázaro lo resucitó el mismo Jesús y ni aún así creyeron, es más, pocos días después lo crucificaron.

Pues yo, llevando la contraria a Abraham, me dispuse a cumplir el deseo de Epulón.

Me sentí llamado durante esa homilía. Desde aquella tarde me entró un cosquilleo que me interpelaba a ir a contar lo que estaba sintiendo y lo que estaba viendo durante este tiempo.

Tenía que contar lo que estaba ocurriendo. Quién le iba a decir a Epulón que yo me estaba tomando en serio su necesidad.

Por eso, desde entonces me presento cada mañana en esta ventana, prestando mis manos a Dios para contar lo que ocurre dentro de mí.

Para que supieran de dónde vengo y adonde voy, me tenía que identificar de alguna forma. Soy una mezcla de los dos personajes de esta historia, no soy tan bueno como Lazáro ni tan malo como Epulón, por eso cuando llego, digo que soy, Lázaro, el del Hades.

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Lázaro Hades.

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4 pensamientos en “DAR TESTIMONIO DE LO QUE VÍ”

  1. Que miserable y pobre me siento¡¡¡¡¡¡¡ Ojalá NUESTRO SEÑOR en el último momento se apiade de mí. SEÑOR QUE VEA esta es una canción que hace mucha mella en mí. Mientras más cerca estoy de EL más alejada me siento. GRACIAS LAZARO por tu testimonio, hacen mucho bien EN VERDAD eres su “protegido”

  2. DICHOSO SEA SR. LAZARO HADES!!! BENDITO SEA DIOS, YA QUE POR MEDIO DEL BLOG QUE UD. CREO, NOS ACERCAMOS A EL, Y CREEMOS, UD. NOS “RECUERDA” TODOS LOS DIAS, Y NOS “HACE VER”, CUAL ES EL CAMINO CORRECTO, PARA LLEGAR AL FIN. BENDICIONES!!

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