LA CULPA

cuaresma2013-25

…el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos. (Mt 5,17-19)

CUARESMA 2013: El Camino a la Vida

MARTES III de Cuaresma

Conozco a una persona que arde en deseos de llegar a Dios. Pero continuamente se lamenta de no conseguirlo.

Delante suya, en el camino que la conduce al Señor, tiene un sinfín de obstáculos que una y otra vez consiguen detener su trayectoria. De manera que lo que debería ser un motivo de alegría, que es buscar a Dios con pasión, para ella esto se convierte en un camino tortuoso con continuos reproches y frustraciones.

¿Cuáles son esos obstáculos?

Culpa, miedo, soledad, resentimiento, ambición, envidia, celos, ansiedad, desconfianza…

Alguna de esas actitudes o quizá una buena mezcla de ellas, hacen que muchas personas se alejen definitivamente de Dios o entre en un bucle de desánimo continuo debido a estar sumidos en un “quiero y no puedo”.

Hoy voy a comenzar por la culpa.

Hay personas instaladas en la culpabilidad y esto le genera un desánimo que les lleva a la tristeza continua y miran a Dios preguntando que cómo es posible que Él no les eche una mano a salir de ahí.

Se trata de soltar el control sobre lo que no podemos cambiar. Que esas cosas que ocurren en torno a nuestra vida no se apoderen de nosotros.

El Evangelio de hoy nos dice que para llegar a Él es importante comenzar con lo pequeño, advirtiendo que quien no siga sus preceptos desde abajo será muy poca cosa cuando esté en el Reino de los Cielos.

Me imagino a estas personas que andan culpándose de todo diciendo que ellos no serán nadie allá arriba porque son muchas cosas en las que fallan.

Hay tres tipos de culpables.

En primer lugar los que se les puede denominar auto verdugos que se pasan recordando el más mínimo error que cometen y se atormentan una y otra vez sin esperanza de un futuro diferente.

No se perdonan sus debilidades y el pasado es una carga pesadísima que les impide seguir hacia delante.

Tienden a ser muy rígidos, exigentes e implacables consigo mismos. Sienten que lo que hicieron no tiene perdón, lo ven como una ofensa inmensa que tienen que purgar por largo tiempo.

Una etapa, un momento de su vida, puede convertirse en una condena que le quite su paz por muchos años ya que no quieren soltar la carga de su culpa.

No se sienten merecedores de la paz que produce el perdón, por eso les cuesta soltar la culpa.

Entre este tipo de culpables se encuentran personas que piensan que no tienen derecho a ser felices por las cosas que han hecho o por lo que ocurrió y ellos se auto proclaman culpables. Son personas que piden una y otra vez perdón por algo que pasó hace mucho tiempo y por lo cual ya han sido perdonados.

Al este tipo de culpables Jesús les anima cuando presenta el Evangelio con la mujer pecadora.

Jesús estaba comiendo en casa de un fariseo cuando una prostituta entró al ligar y derramó un frasco de perfume en los pies de Jesús. Ella no dejó de besarle los pies, lavándolos con sus lágrimas y secándolos con su pelo.

Él no la acusó ni la rechazó aumentándole su dolor, al contrario reconoció la inmensa capacidad de amar que tenía.

Le dijo: “Tus pecados quedan perdonados”. “Tu fe te ha salvado. Vete en paz” (Lucas 7, 48-50)

Vete en paz significa no detenerse culpándose por lo que pasó, soltar culpas y continuar con serenidad, sin auto-reproches.

Jesús quiere que nos arrepintamos de nuestros pecados y que no nos quedemos atormentándonos por lo que hicimos como hace el auto verdugo. Quiere que sigamos hacia adelante en paz.

En segundo lugar están los culpables voluntarios que asumen la culpa ajena porque se sienten responsables de las acciones de los demás o de situaciones externas.

Estas personas se sienten siempre en deuda con los otros, responsables de lo que ocurre. En cierto modo hay un sentido de inferioridad, ellos con frecuencia sobre protegen a sus familias y amigos, y cumplen su deber en forma excesiva, se preocupan mucho por resolver situaciones que no dependen de ellos.

Aún cuando se les trate de hacer razonar, diciéndoles que no son culpables, ellos creen que sí lo son y buscan el modo de justificarlo y mantener su idea.

Se atormentan por algo sobre el cual ellos no tienen ningún control, como la esposa abnegada que sufre por las decisiones erradas del marido pensando que ha sido una mala compañera.

A los culpables voluntarios Jesús les da una enseñanza a través del encuentro con una mujer que sufre hemorragias.

Hacía muchos años que estaba enferma y tenía fe de que con sólo tocarle el borde del manto se curaría. Ocurrió tal como lo había pensado, pero al verse descubierta, tuvo miedo, se sintió culpable de su enfermedad (culpa ajena). 

Estaba condicionada por su cultura, la gente de su tiempo, quienes pensaban que la enfermedad era consecuencia de pecado.

Temblando la mujer se echó a los pies de Jesús y contó lo que le había ocurrido. Jesús también la anima a soltar cualquier sentimiento de culpa diciéndole:

“Hija, tu fe te ha salvado, vete en paz” (Lucas 8,48)

Ella no tenía ningún control sobre su enfermedad, sin embargo había vivido muchos años a la sombra, escondiéndose porque se sentía impura y culpable.

Por último, están los perpetuos inocentes porque siempre piensan que son víctimas de los demás. Estos en vez de experimentar culpa, carecen de ella. Su concepto de límite es tan relajado que todo para ellos es permitido.

Estos suelen estar siempre muy cerca de los culpables voluntarios.

Nunca asumen la responsabilidad de sus actos  y siempre buscan echarle la culpa a otro para justificar sus errores. Andan por la vida pensando que no hacen nada malo y son los demás los que están en contra de ellos, no los entienden, no los ayudan.

Estas personas sufren mucho, porque con frecuencia son egocéntricas, creen que el mundo gira en torno a ellas y reciben grandes desilusiones cuando la gente no responde a sus expectativas.

Esperan que los demás les ayuden, les resuelvan los problemas que se han buscado sin al menos poner algún esfuerzo de su parte. Les resulta difícil ver la realidad porque se han acostumbrado a alterarla y verla a su manera. Como consecuencia es muy difícil para ellos descubrir el origen de su descontento y reconocer su problema.

Ejemplo de este tipo de personas es el esposo que se queja de la esposa por la indisciplina de los hijos mientras él evade ejercer activamente el rol de padre. También lo son aquellas madres que culpan a la profesora de las notas del hijo sin dedicar tiempo a revisar las tareas escolares diarias.

A los que viven echándole la culpa a otros de sus decisiones equivocadas Jesús les habla a través de la parábola de los talentos y del tercer servidor.

Narra la parábola que un noble que, antes de partir a un lugar lejano para convertirse en rey, llamó a diez de sus siervos y les repartió a cada uno un talento de oro para que lo pusieran a producir durante su ausencia. Al regresar de su viaje cada siervo fue presentándole la ganancia que había obtenido hasta que llegó ante el rey un siervo que había guardado el talento en vez de ponerlo a producir más.

El siervo culpó al rey de su negligencia y de no haber producido nada con la moneda que había recibido. Él se justificó diciendo que el rey era demasiado exigente y reclamaba lo que no había sembrado.

Sin embargo, el rey le dio alternativas de cómo había podido multiplicar lo recibido y le da una lección quitándole lo poco que le había dado. (Lucas 19. 12-27)

A través de esta parábola, Jesús invita a los perpetuos inocentes a asumir la responsabilidad por sus propias decisiones y acciones sin culpar a otros. Él señala que nuestras acciones tienen consecuencias y parte de la madurez es asumirlas. 

Jesús invita a soltar esa actitud puritana en la cual siempre los demás tienen la culpa de nuestros errores.

Es de personas maduras aceptar cuando nos equivocamos. Sólo así aprenderemos de las experiencias vividas y no repetiremos continuamente las mismas equivocaciones.

….

Bueno, imagino que mientras has estado leyendo estos párrafos habrás ido poniendo cuerpo a cada uno de los tres tipos de culpables que he descrito porque casi siempre tenemos a alguien a quien echar la culpa.

Pero no resolvemos las situaciones buscando culpables, de esta forma nos envolvemos en un círculo que nos aleja de la realidad. Nos vamos de un lado a otro dando vueltas a los problemas sin resolverlos y nos sumergimos cada vez más en sentimientos de impotencia y desconsuelo.

Jesús en cada una de las tres situaciones nos acoge y nos invita vivir la culpa desde un saludable reconocimiento de nuestros límites que nos permite autoevaluarnos y cambiar aquello que nos obstaculiza el vivir con armonía con los demás.

Hoy ha sido una entrada más larga de lo habitual, pero quise traer todas estas situaciones porque puede que te sientas identificado con alguna de ellas. Si es así, puede ser hoy un buen momento para reflexionar sobre los efectos negativos que tiene en nuestra vida este tipo de actitud.

Señor, danos la serenidad de aceptar que a veces nos hemos dejado envolver por patrones negativos al sentir culpa, permítenos reconocer de manera saludable nuestros límites personales a fin de que podamos relacionarnos mejor con nosotros mismos y con los demás.

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Lázaro Hades.

Gracias, Dios mío, por tu amor infinito.

Toda la vida me resulta pequeña para agradecerte el favor que me has hecho al elegirme para ser tu discípulo.

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Fuente: Aprendiendo de Jesús a expresar nuestras emociones. Yolanda Velázquez. Descleé De Brouwer.

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6 pensamientos en “LA CULPA”

  1. CULPA, que palabra más corta, de tan solo 5 letras, pero puede ser un sello que te marque el corazón… Gracias por la luz que me traes hoy. No puedo quedarme con este sello. Tengo que grabarme las palabras del Señor en mi corazón y ponerme manos a la obra para ir borrándo esta palabra de él:
    -“Tus pecados quedan perdonados”. “Tu fe te ha salvado. Vete en paz”.
    -“Hija, tu fe te ha salvado, vete en paz”.
    – Aceptar mis equivocaciones.
    Un millón de gracias.
    Un saludo.

  2. MUCHAS GRACIAS SR. LAZARO! POR UN MOMENTO, CREI QUE DE MI HABLABA…. DIOS LE BENDIGA. HOY HE LEIDO SU MENSAJE A TODA MI FAMILIA, Y CADA QUIEN SE HA IDENTIFICADO CON EL CADA CUAL. GRACIAS!!

    1. Lulu, me alegra mucho que sean de utilidad para tu familia estos escritos. Esta es la vida misma.
      Me he acordado estos días de tu comentario de hace una semana.
      El sol de Dios sale para todos. A veces nos duele cierto comportamiento de las personas que nos rodean. Es ahí donde tenemos que pensar, “que haría Jesús en mi lugar?, como se sentiría?”
      Con la misma seguridad que Él actuó debes hacerlo tú, sobre todo en los momentos difíciles.
      Pero no olvides el Evangelio de hoy Viernes III de Cuaresma y de la exhortación que nos hace: amar al prójimo más que a nosotros.
      Es una tarea complicada llevarla a todos los extremos de nuestra vida, pero con Él como Maestro nuestro caminar será más asequible.
      Gracias.
      Un abrazo!!

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