EL RESENTIMIENTO

cuaresma2013-27

…viendo que todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Jesús para oírle, los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo:

«Este acoge a los pecadores y come con ellos». Lucas 15, 1-3

CUARESMA 2013: El Camino a la Vida.

DOMINGO IV DE CUARESMA

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¿Te quedas pensando una y otra vez en las ofensas recibidas?

¿Tratas de vengarte de las personas que te han herido?

¿Qué medios usas para perdonar al que te ofende?

¿Sientes resentimiento hacia alguien?

Quizá habría que detenerse a reflexionar sobre el sentimiento que encadenaba al hijo mayor de la parábola: el resentimiento.

Quizá habría que detenerse también cada vez que rezamos el Padrenuestro en esa frase: “Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden…”

El resentimiento es un indicador de que las expectativas que teniamos sobre cierta persona o situacion no se cumplen y lo consideramos injusto.

Se experimenta cuando pensamos que alguien nos ha traicionado o nos han hecho mal sin nosotros merecerlo.

Podemos dividirlo en dos tipos: el resentimiento pasivo y el resentimiento agresivo.

Cuando experimentamos el resentimiento pasivo nos sentimos víctimas y continuamente recordamos la ofensa, amargándonos interiormente pero no lo demostramos.  El dolor se lleva por dentro mientras nos mostramos indiferentes como si no nos afectara.

Motivados por este resentimiento podemos obstaculizar cualquier oportunidad de liberación porque estamos demasiado ocupados llorando la pena y auto compadeciéndonos.

En este caso, el modo de expresar el dolor es ignorando a la persona o dejando de hablarle.

El resentimiento pasivo nos hace ver el error, la falta de los demás, mientras nos mantenemos ciegos en reconocer nuestra parte  de culpa en el problema.

Esperamos más de los demás de los que nos podían ofrecer y por eso nos sentimos desilusionados y heridos cuando no cumplen nuestras expectativas.

Cuando experimentamos el resentimiento agresivo la manifestación de la emoción es diferente. Buscamos vengarnos y devolver tanto o más del dolor recibido.

Nuestras palabras, pensamientos y hechos están cargados de ataques hacia la persona que nos hirió, hacia otras personas, hacia la vida o hacia el sistema social.

Muchas veces, el resentimiento agresivo, se manifiesta a través de la rebeldía e impulsividad. Reprochamos, decimos frases que duelan a la otra persona, hacemos un uso de la violencia en sus diversas formas: físicas, verbal, sicológica, emocional.

Existen personas que se pasan la vida movidos por un resentimiento provocado por un hecho puntual ocurrido en su vida que les condenará para el resto de ella mientras no sean capaces de detectar y analizar su emoción.

El resentimiento consume a la persona que lo experimenta.

El mejor modo de liberarnos es dialogar la ofensa con alguien de confianza, aprender más de nosotros mismos preguntándonos qué de positivo podemos sacar de ese dolor y soltarlo, es decir, perdonar y continuar adelante.

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Jesús aconseja soltar esa emoción, perdonar, devolver bien por mal.

Él hablaba de amor a los enemigos. Decia: “Amen a sus enemigos y hagan el bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los maltratan. Al que te golpea en una mejilla, preséntale también la otra. Al que te arrebata el manto, entrégale también el vestido” (Lucas 6, 27-29)

Es probable que estés pensando que eso es muy fácil decirlo pero difícil ponerlo en práctica. Sin embargo cuando nos mantenemos aferrados al resentimiento, la única persona que sigue sufriendo y haciéndose daño es uno mismo.

La otra persona sigue haciendo su vida tranquilamente mientras nosotros nos revolvemos por dentro. El deseo de vengarnos o pasar al otro el dolor nos consume.

Soltar todo resentimiento es saludable física, mental, emocional y espiritualmente. El perdonar las ofensas que hacen otros nos libera, nos brinda paz interior.

Una de las más hermosas enseñanzas de Jesús con relación a perdonar en lugar de cultivar el resentimiento la encontramos en la parábola del Hijo Pródigo.

En esta parábola Jesús resumió el infinito amor de Padre que perdonó y quiso la conversión del hijo que estaba perdido.

No solamente fue padre comprensivo con el hijo menor que se alejó sino también con el hijo mayor que permaneció a su lado, pero lleno de resentimiento.

El Padre brindó un abrazo de acogida y de perdón antes de que el hijo menor hablara reconociendo su falta.

También salió al encuentro del hijo mayor sin reprocharle el que estuviera enfadado por la fiesta.

Jesús en la parábola, nos muestra que hay mayor dicha en el perdonar que en pasar juicio y mantener resentimiento.

En el lenguaje de Jesús no aparece lo que diríamos nosotros: “ya te lo dije”, porque solemos echar en cara al otro sus errores.

Él marca patrones diferentes, patrones de liberación: Jesús acoge y perdona.

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Es cierto que a veces algunas ofensas duelen mucho más que otras y cuesta mucho a nuestra condición humana perdonar, pero intentarlo y poner las condiciones ya es el primer paso.

En ocasiones el perdón solo es posible a través de la gracia y nuestra tarea entonces es pedir a Dios su ayuda para soltar la ofensa, para sacar lo positivo de esta situacion y convertirla en bendición.

Encontrarle un sentido positivo a lo ocurrido es a veces uno de los pasos más importantes en el camino de liberación.

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Lázaro Hades.

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Fuente: Aprendiendo de Jesús a expresar nuestras emociones. Yolanda Velázquez. Desclée.

 

 

 

 

2 pensamientos en “EL RESENTIMIENTO”

  1. “SI ME LEVANTARE… VOLVERE JUNTO A MI PADRE”

    QUINTA MI ANGUSTIA, QUITA MI PENA,
    DAME LA GRACIA DE TU PERDON…

    GRACIAS SR. LAZARO.

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